Artículos sobre UN CURSO DE MILAGROS

July 5, 2016 | Author: Héctor Valenzuela Maestre | Category: N/A
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1 Artículos sobre UN CURSO DE MILAGROS La Práctica De La Vigilancia Mental Allen Watson The Practice of Me...

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Artículos sobre UN CURSO DE MILAGROS La Práctica De La Vigilancia Mental Allen Watson The Practice of Mental Vigilance Traducido por Rosa Hernández Mula, con la autorización de The Circle of Atonement Un Estudio sobre el Texto de UCDM, Capítulo 4 Sinopsis: UCDM presenta una técnica o práctica espiritual muy clara, a la que me refiero en este artículo como "vigilancia mental". La vigilancia mental puede ser definida como observar en nuestras mentes cualquier pensamiento que se oponga a nuestro conocimiento de Dios y elegir cambiar nuestra mente cuando detectemos dichos pensamientos. El Curso recomienda una implicación activa, consciente, en nuestro propio proceso mental, en contraste con la casi pasiva separación de nuestras propias mentes, que la mayoría de nosotros aceptamos como normal.

Nota Personal del Autor Este es mi cuarto intento de escribir este artículo. En una primera ocasión lo escribí como notas sueltas para un grupo de estudio. Luego hice una re-escritura rápida para un artículo en nuestro último boletín, pero no teníamos sitio para él. De modo que lo envié a Tom Gossett por si él podía utilizarlo en su boletín canadiense, Insight. Después de leer el artículo, Tom lo rechazó educadamente por sonar demasiado a sermón, como si yo estuviese amonestando a mis lectores, o regañándoles. Para entonces teníamos casi listo un nuevo boletín, de manera que le di el artículo a Robert para que lo leyera. Para mi sorpresa, tuvo la misma reacción que Tom: el artículo se parecía demasiado a un sermón. Con dos opiniones independientes diciendo lo mismo, ambas de personas cuyos puntos de vista respeto, pensé que debería mirar las cosas de una nueva forma. Creo que hay al menos dos razones por las que mis primeros intentos sonaron demasiado como algo proclamado desde un púlpito. Una de ellas es que el propio Curso es un poco "sermoneador" en este tema. Jesús insiste en que somos responsables de nuestros pensamientos y de nuestro miedo; tenemos que lidiar con estos temas nosotros mismos. él dice que somos demasiado tolerantes con nuestras mentes deambulantes. Una y otra vez él parece estar diciendo: "Empezad con el programa, chicos. Si no lo hacéis, nadie lo va a hacer por vosotros". Pienso, por lo tanto, que cualquier artículo que trate de este tema contendrá, necesariamente, algo del tono "Esto es lo que necesitas hacer".

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Otro factor, sin embargo, fue culpable en mayor medida: mi juicio sobre mi propia práctica imperfecta de la vigilancia mental. Me estaba sermoneando, y regañando, a mí mismo, y esto dio la impresión de que estaba regañando a mis lectores. ¡Necesitaba practicar exactamente sobre lo que estaba escribiendo, observando mis propios pensamientos, para conseguir escribir adecuadamente lo que estaba escribiendo! He hecho una re-escritura de la mayor parte del artículo, y esta vez espero que salga con un tono más cálido, gentil y humano. El mensaje del Curso que trato de comunicar puede hacer aparecer reacciones de culpa, tal y como me ocurrió a mí. De manera que si empiezas a sentir como si te estuviéramos sermoneando, el Curso o yo, por favor dale una segunda ojeada al artículo. La vigilancia mental es un asunto conmovedor porque el Curso te está pidiendo realmente que hagas algo al respecto (¡Glup!). Y más que eso: está haciendo que nuestro despertar espiritual dependa de que lo hagamos. Si sientes alguna resistencia a lo que dice este artículo, te sugeriría que observes tus pensamientos y te preguntes qué es lo que estás pensando que está desencadenando tu resistencia. Mira si, por ejemplo, hay algunos pensamientos que quieres cambiar. Y si, aún así, todavía estoy proyectando mi propia culpa sobre tí, sólo puedo pedirte que me perdones.

Introducción A La Vigilancia Mental La primera parte del Capítulo 4 trata de la práctica de la vigilancia mental. La Sección IV, "Esto no tiene por qué ser así", presenta la práctica detalladamente, y este artículo se concentrará en esa sección. La Introducción y las tres primeras secciones del Capítulo 4 llevan a esta sección; por lo tanto, me gustaría resumir algunos pensamientos de esta primera parte del capítulo. Para un máximo entendimiento, mira por favor las referencias y léelas; he tenido que abstenerme de copiar literalmente todas para poder mantener este artículo de una longitud manejable. La elección fundamental que nos confronta a todos es : ¿Qué voz escucharemos? ¿La voz del ego o la voz del Espíritu Santo? (Texto, p. 57; T-4.Int.2:1) La vigilancia mental consiste en reconocer esta voz como nuestra responsabilidad fundamental. Hasta que no desechemos el ego de nuestras mentes, mediante la elección consciente, sencillamente nosotros re-elaboramos la separación en cada momento de nuestras vidas. El ego sólo puede ser expulsado voluntariamente (Texto, p. 57; T-Int.3:4-6). Enseñar y aprender nos capacita para cambiar nuestras mentes, lo que las hace enormemente fuertes. Pero sin la voluntad de cambiar no podemos aprender nada. El sistema de pensamiento de nuestro ego nos metió en este lío y, a menos que estemos dispuestos a cambiar esta forma de pensamiento, permaneceremos en él (Texto, pág. 59; T-4.I.4:1,2). Hemos sido llamados a participar activamente en la transformación de nuestros pensamientos. Jesús nos dice, "Si estás dispuesto a renunciar al papel de guardián de tu sistema de pensamiento y lo abres a mí, yo lo corregiré gentilmente y te dirigiré de vuelta a Dios" (ver Texto, p. 51; T-4.I.4:4-7). Lo que yo he estado descubriendo es que mis primeros pasos en la vigilancia mental han destapado no algunos profundos y oscuros secretos del ego, sino simplemente cuán frenéticamente actúo como guardián de mi sistema de pensamiento. ¡Mis primeros esfuerzos en la vigilancia han puesto al descubierto nada más que mi resistencia a la vigilancia! Si me hubieras dicho que yo estaba evitando cuidadosamente echar una ojeada a mis pensamientos, te hubiera

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contestado que estabas equivocado. Ahora sé que es así, lo cual es, al menos, un comienzo. Cuántas veces, mientras practicaba el Libro de Ejercicios, he traído la lección a mi mente sólo para decir "No ahora; pensaré en ello dentro de un minuto". "Dentro de un minuto" nunca llega. Es desestabilizante comprender cómo hemos tratado de acordonar nuestras propias mentes del despertar consciente. Escuchando al ego tenemos muchos pensamientos que deseamos retener en nuestras mentes para apoyar al ego; sin embargo, no nos atrevemos a ser conscientes de esos pensamientos. Si nos hiciésemos conscientes de ellos, o nos sentiríamos demasiado culpables o reconoceríamos su locura y los dejaríamos ir. De modo que los pensamos mientras, simultáneamente, nos negamos a mirarlos. La lección 136 del Libro de Ejercicios (párrafos 3¹ al 5¹) aclara cómo lo hacemos. {Las defensas del ego} parecen ser inconscientes pero (o sea, sólo) a causa de la rapidez con la que eliges utilizarlas. En ese segundo, incluso menos, en el que se hace la elección, reconoces exactamente qué intentas hacer, y procedes a pensar que ya está hecho (Libro de Ejercicios, p. 274; LE-l.136.3:3,4). El ego no puede establecer defensas inconscientemente (LE, p. 274; LE-l,136.4:1,2). "Más una vez que lo has hecho, tu plan requiere que te olvides de que fuiste tú quien lo hizo, de manera que parezca ser algo ajeno a tu propia intención..." (Libro de Ejercicios, p. 274; LE-l.136.4:3). Yo creo que lo que llamamos mente inconsciente consiste en nada más que pensamientos que fueron una vez conscientes pero que hemos olvidado deliberadamente. Programamos la computadora de nuestro inconsciente y luego olvidamos, convenientemente, que nosotros escribimos el programa. Según se cuenta en Absence From Felicity, en guía personal a Helen y Bill, Jesús dio las razones por las que debemos observar nuestras mentes muy claramente. Dijo: Persistes en creer que cuando no vigilas conscientemente tu mente, es inconsciente. Es hora de considerar la totalidad del mundo del inconsciente, o de la mente no vigilada. Esto te atemorizará porque es la fuente del miedo.... La mente no vigilada es responsable de la totalidad del contenido del inconsciente... (Absence, pp. 256, 257) El Curso responde a nuestras preguntas acerca de cómo la mente pudo elaborar el ego hace mucho tiempo diciéndonos que vigilemos nuestras mentes ahora. Nos pide mirar nuestras mentes en el presente para ver cómo elaboramos el ego en el presente. Si podemos contestar a esa pregunta, el pasado dejará de tener importancia (ver T-4.II.1:1-3). Estamos "elaborando" el ego ahora, y es en el momento presente cuando necesitamos dejar al descubierto la elaboración del ego y elegir dejarlo marchar. Esto es de lo que se trata la vigilancia mental. Cuando pillamos a nuestra mente "elaborando" el ego en el presente, el paso siguiente es comprender que "la mente no necesita trabajar de ese modo" (T, p. 51; T-4.II.3:6). Tenemos el poder de elegir de forma diferente. Aquí es donde, usualmente, yo me quedo atascado. Muy a menudo parece que soy impotente para liberarme de las creencias del ego en el miedo, la culpa y el ataque. Aquí es donde el Curso parece enfurecerte más. El Curso insiste en que mi creencia en la impotencia es sólo otra trampa del ego para capacitarme para negar mi responsabilidad por mis pensamientos. Todas las defensas del ego se desencadenan para mantenerme alejado de tomar esa responsabilidad. Quizás, simplemente, niego que los pensamientos ego están ahí o, incluso, que son molestos. O quizás me

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culpo por tenerlos. Hasta que no esté preparado para ser responsable de esos pensamientos, para perdonarme por tenerlos y para reconocer el poder de mi mente para cambiarlos, parecerá que esos pensamientos tienen un poder propio más allá de mi control. La perspectiva de cambiar todos esos pensamientos ego parece tan intimidante que, sencillamente, consentimos esos pensamientos. Nunca ha penetrado realmente en tu mente el rechazar cada idea que hayas tenido que se oponga al conocimiento. Retienes miles de pequeños retazos de miedo que impiden la entrada del Santo. La luz no puede atravesar las paredes que levantas para bloquearla, y nunca desea destruir lo que tú has hecho. Nadie puede ver a través de un muro, pero yo puedo rodearlo. Vigila en tu mente los retazos de miedo, o serás incapaz de pedirme que rodee ese muro (T, p.56; T-4.III.7:15). Jesús está diciéndonos que no hemos intentado en serio con anterioridad hacer lo que nos está pidiendo, que es "rechazar cada idea que hayas tenido que se oponga al conocimiento". Nos está pidiendo que hagamos un intento serio ahora. Dice que hay "miles de pequeños retazos de miedo" en nuestras mentes, y nos pide que "vigilemos en nuestras mentes esos retazos de miedo". Vigilar nuestra mente. Esto es de lo que se trata, de vigilar nuestra mente. Me he encontrado con que mi problema es haberme tomado todo esto de forma demasiado casual. Dejo que mi mente vague bajo la influencia del ego sin vigilarla ni cuestionarla. El Libro de Ejercicios nos entrena para desarrollar un hábito de vigilancia activa, consciente. Nos entrena para volver nuestros pensamientos a Dios cada mañana y noche, cada hora durante el día, cinco o seis veces entre horas, y en respuesta a cada pensamiento ego que detectemos. He descubierto que cuando "intento realmente" hacer lo que el Libro de Ejercicios dice, ¡veo cuán adepta es mi mente a evitar ser vigilada! Luego, Jesús dice: "si intentas hacerlo realmente, has dado el primer paso en preparar tu mente para la entrada del Santo" (T, p. 56; T-4.III.8:3). ¡Oh, cómo nos conoce! "Si intentas realmente hacerlo", dice. Leemos acerca de ello, podemos leerlo cientos de veces en el Curso, pero ¿intentamos realmente hacerlo?¿O hacemos un esfuerzo simbólico y luego lo olvidamos? Si "realmente lo intentamos" hemos dado "el primer paso". Cuando realmente intentamos hacerlo, estamos alerta a cualquier pensamiento ego que llegue a nuestra mente, y lo captamos al momento con la comprensión de que "ya lo estoy haciendo otra vez, y no necesito hacerlo.. Puedo elegir una forma diferente de pensar. No tengo que permitir a estos pensamientos que corran por mi mente". Comprendemos que, parafraseando al anuncio del V-8, "Guau! Podría haber tenido un milagro!" La intención de este anuncio es conseguir que la gente abandone viejos hábitos y pense en algo nuevo. En lugar de limitarse a decir "Tomaré una Coca-cola", se para y piensa: Podría en cambio tomar V-8. La intención del Curso es la misma. En lugar de dejar que ese pensamiento ego corra descontrolado, párate y piensa: "Hey!, podría haberme ocurrido un milagro!"

Cómo Practicar La Vigilancia Mental La Sección IV, "Esto no es necesario", da una muy clara descripción de la vigilancia mental. La primera frase es lo que no queremos reconocer: "Si no puedes oír la voz de Dios, es porque no eliges oírla". Esta elección de no oír es lo que estamos intentando descubrir. Y "que tú escuchas la

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voz de tu ego queda demostrado por tus actitudes, tus sentimientos y tu comportamiento" (T, p. 57; T-4.IV.1:2). Para ver esto, también, es para lo que estamos observando. Estamos vigilando nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y nuestro comportamiento para darnos cuenta de las formas en que escuchamos al ego. Más adelante, en la misma Sección IV de este capítulo, Jesús dice que ha hablado del ego como si fuera real porque "era necesario persuadirte de que no puedes desecharlo un poco, y debes comprender en qué gran medida de tu sistema de pensamiento está dirigido por el ego" (T, p. 61; T-4.VI.1:3,4). Esto es lo que Jesús nos está pidiendo que observemos: hasta qué punto nuestro pensamiento está dirigido por el ego. No comprendemos lo que hemos estado haciendo porque el ego es hábil en ocultarse a sí mismo. "¿Cómo puede mantener la trampa de su existencia excepto con espejos?" -(T, p.57; T-4.IV.1:7). El ego tiene que engañar, distraer y desenfocar nuestra atención para mantener su existencia. Esto es exactamente por lo que tenemos que observar nuestras mentes, vigilarlas cuidadosamente, ser dolorosamente honestos con nosotros mismos, y hacer un esfuerzo serio para ello. ¡No es fácil! En el párrafo 2, el Curso especifica qué es lo que se nos está pidiendo, lo que estoy denominando "vigilancia mental". Comienza recordándonos que no se nos está pidiendo cambiar nuestra mente. Es nuestra mente la que está escuchando al ego y eligiendo no escuchar al Espíritu Santo. Podemos cambiar esto, aunque podemos pensar que no podemos. Aquí el Curso traza un proceso que vamos a seguir, un proceso en el que veo cinco pasos. (Los cinco puntos están sacados del T-4.IV.2:1-9 o de la página 57 de la primera edición original en inglés; en lo que sigue, utilizo únicamente los números de frase como referencias). 1. Sé consciente de tu estado de ánimo. "Cuando tu estado de ánimo te diga que has elegido de forma equivocada, y esto es así siempre que no estés alegre..." (2). El Curso nos pide empezar por ser conscientes de nuestro humor y sentimientos. En el momento en que notemos una falta de alegría, algo falta. Hemos hecho una elección equivocada en nuestras mentes, y el resultado es un estado de falta de alegría. Nuestros ánimos y sentimientos nos sirven de "sistemas de alarma inmediata". Son una alarma que se dispara diciéndonos que hemos hecho una elección equivocada. Un sentimiento de escasa alegría es un indicador de que necesitamos prestar atención a nuestras mentes y cambiarlas. 2. Sabe que esto no es necesario. El segundo paso, una vez que nos hemos hecho conscientes de nuestros sentimientos y dado la alarma, es reconocer o saber que "esto no es necesario" (2). La alegría siempre es posible. Estos estados de ánimo de depresión, ansiedad, o cualquier otro por el estilo, no son inevitables. No nos asaltan misteriosamente por accidente. No se imponen a nuestra mente por algún poder externo. "En cada caso" -fíjate en esto: en cada caso; no hay excepciones- "tú has pensado de forma errónea acerca de algún hermano que Dios creó y estás percibiendo imágenes que tu ego elabora en un cristal oscuro" (3). ¿Qué es lo que hemos hecho? Hemos pensado de forma equivocada. Algo falta en nuestra mente. No es algo fuera de nosotros; es algo que está en nuestra mente. Concretamente, hemos pensado erróneamente acerca de un hermano que Dios creó. Puede ser que estemos pensando erróneamente acerca de otra persona; o de nosotros mismos. Pero en cada caso estamos

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teniendo pensamientos equivocados acerca de alguna creación de Dios. Estamos viendo esa creación como algo menos de lo que Dios hizo que fuera. Esto, y sólo esto, es la fuente de nuestra falta de alegría! Cuanto más practico el Curso, más encuentro que puedo detenerme antes de que las cosas se pongan realmente feas. Solía necesitar algo como una importante depresión o el pánico total para despertar al hecho de que algo iba mal. Ahora, estoy empezando a reconocer pistas mucho menos elocuentes y a responder a ellas. Cada vez que mi dicha no es completa (como ocurre aún la mayor parte del tiempo), puedo hacer algo al respecto si lo deseo. Puesto que son nuestros pensamientos incorrectos los que están causando nuestra falta de alegría, la buena noticia es que podemos cambiar esos pensamientos. "Esto no es necesario". Si el problema es reaccionar con una falta de amor, la respuesta es simplemente elegir dar el amor que falta. Hay algo que podemos hacer acerca de la situación: podemos cambiar nuestros pensamientos. 3. Piensa acerca de tus pensamientos. El tercer paso comienza con la acción correctiva: Piensa honestamente qué has pensado que Dios no hubiera pensado, y qué no has pensado que Dios hubiera pensado (T, p.57; T-4.IV.2:4) En otras palabras, pensar acerca de nuestros pensamientos. Pensar erróneamente fue la causa de nuestra pérdida de alegría, por lo tanto, piensa acerca de qué pensamientos equivocados pueden haber sido. Hay dos formas en que nuestros pensamientos pueden desviarse del blanco : positiva y negativamente. Positivamente, podemos aceptar algunos pensamientos ego como nuestros. Podríamos estar teniendo un pensamiento de ataque, o meditando sobre un agravio. Podríamos estar pensando en nosotros mismos como indignos. De alguna manera, nos estamos percibiendo a nosotros mismos o a un hermano como algo menos que una perfecta creación de Dios. O nuestro error puede ser negativo, uno de omisión más que de comisión. Podemos estar reteniendo el amor, fracasando en responder amorosamente a nuestra propia necesidad de un hermano. Me estoy encontrando con que tengo una gran resistencia a hacer esto. No es difícil entender qué nos está pidiendo el Curso, pero a veces parece difícil hacerlo. No quiero admitir que mis pensamientos pueden ser la causa de mi infelicidad, más que las causas externas a las que les he estado echando la culpa. No obstante, estoy empezando a aprender que, cuando lo admito, encuentro más paz. 4. En busca de lo que hemos hecho. Este paso es, en un sentido, la lógica continuación del paso anterior. Después de pensar acerca de cuáles han sido nuestros pensamientos equivocados, podemos buscar en nuestra mente qué es lo que hemos hecho o dejado sin hacer como resultado de esos pensamientos. A mí esto me parece diseñado para reforzar mi conocimiento de los efectos de mis pensamientos, para hacerme consciente de cómo han afectado mis pensamientos a la situación.

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Este paso, bajo la guía del Espíritu Santo, puede facilitarme algunas pistas acerca de qué puedo hacer en el siguiente paso cuando he cambiado mi mente. 5. Cambia tu mente para pensar con la Mente de Dios. El siguiente paso queda establecido de forma muy sencilla: cambia tu mente para pensar con la Mente de Dios. La idea de cambiar nuestra mente, o elegir de nuevo, es uno de los principales temas del Curso. La última sección del Texto se titula "Elige de nuevo". Dice: "Siempre eliges entre tu debilidad y la fuerza de Cristo en ti" (T, p. 620; T-31.VIII.2:3). "En cada dificultad, en toda angustia, y en cada duda, Cristo te llama y de dice gentilmente, 'Hermano mío, elige de nuevo'" (T, p.620; T-31.VIII.3:2). Cuando oye esto, la mayoría de la gente se encuentra preguntándose: "Pero, ¿cómo lo hago?". La respuesta más común del Curso es que no tenemos que preocuparnos con el cómo, sólo tenemos que desear hacerlo. Esto nos dice que cuando elegimos cambiar nuestras mentes, con el mínimo esfuerzo, el Espíritu Santo añade Su fuerza a la nuestra y hace que nos sea posible llevarlo a cabo. Para mí, lo que siempre parece funcionar, finalmente, es sencillamente hablarle a Jesús (o al Espíritu Santo). Le digo exactamente qué me está ocurriendo; qué estoy pensando; cómo me siento; lo imposible que parece todo el asunto; y que no sé qué hacer al respecto. Para cuando he terminado de hablar, mi mente, de alguna manera, ha cambiado. No puedo decirte cómo funciona, pero funciona. Jesús sabe perfectamente lo difícil que nos parece el cambio de mentalidad. él nos dice inmediatamente, aquí en el capítulo 4, "Puede parecer duro, pero es mucho más fácil que tratar de pensar en contra de ello" (T, p.57; T-4.IV.2:6); es decir, más fácil que tratar de pensar en contra de la Mente de dios. Y lo explica algo más ampliamente: Tu mente es una con la Mente de Dios. Negar esto y pensar de otra manera ha mantenido tu ego intacto, pero ha escindido, literalmente, tu mente (7, 8). Para pensar en contra de Dios tenemos que ir contra nuestra propia naturaleza. El Curso nos dice, frecuentemente, que seguir la verdad o vivir en el amor es mucho, mucho más fácil que vivir en el ego porque amor es lo que nosotros somos. No puede ser duro ser lo que somos; ¡lo puede haber nada más duro que ser lo que no somos! Jesús, como hermano amoroso nuestro, dice que está profundamente interesado en nuestras mentes. Quiere que compartamos su interés porque él sabe que únicamente la vigilancia mental nos liberará de los errores de nuestro ego. Estos son los pasos del proceso de la Vigilancia Mental: Sé consciente... Sabe... Piensa... Busca... Cambia...

No Necesitamos La Ausencia De Vigilancia Guarda tu mente de las tentaciones del ego, y no te dejes engañar por él. No te ofrece nada (T, p.57f; T-4.IV.6:1, 2)

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El Curso nos está pidiendo abandonar la elección activa a favor del ego, elecciones que hemos pedido esconder a nuestra memoria. Dice que la mente es capaz de centrarse, elevándose por encima de nuestra fatiga, y sanarse a sí misma y a otros. Dice que lo sabremos con respecto a nuestras mentes cuando dejemos de prestar atención al ego. Jesús dice: "no estás lo suficientemente en guardia contra las demandas del ego como para desapegarte por ti mismo" (T, p.58; T-4.IV.6:4). Y repite de nuevo: "Esto no es necesario". En este caso, él no está hablando acerca de una manifestación concreta del ego, como tristeza, culpa o ansiedad. Está hablando acerca de todo el asunto de nuestra falta de vigilancia. Nuestra falta de vigilancia no es necesaria. Es algo que podemos cambiar, y es algo que se nos va a pedir que cambiemos. Si tengo un buen propósito de Año Nuevo es ser más vigilante mentalmente. He decidido repetir el Libro de Ejercicios de nuevo, utilizando su apoyo para desarrollar este hábito decisivo. Mientras trabajo en el desarrollo de este hábito, estoy también aprendiendo a no "culparme" por no tener el hábito aún. Aprender a cooperar en deshacer mi ego es para lo que estoy aquí. Puedo felicitarme por haberme enrolado en el plan de estudios del Espíritu Santo y él tiene un índice de éxito garantizado del 100%. ¡Todo el que se inscribe en Su curso aprueba! él es muy hábil en trabajar con estudiantes atrasados; no necesito el temor de no ser capaz de aprender.

Debemos Inscribirnos En El Curso T-4.IV.7:1 nos dice que "El hábito de comprometernos con Dios y Sus creaciones se hace fácilmente". Aunque no nos parece fácil, ciertamente. ¿Por qué no? El hábito se forja fácilmente, dice Jesús, "... si tú, de forma activa, te niegas a que tu mente se escabulla". "De forma activa" implica que debemos hacer un esfuerzo consciente; debemos actuar. Demasiado a menudo somos pasivos en vez de activos; permitimos que nuestra mente "se escabulla". El desarrollo de un hábito de "compromiso con Dios y con Sus creaciones" es lo que perseguimos, y desarrollar un hábito requiere práctica regular, consciente. Estamos acostumbrados a ser pasivos. Para desarrollar un hábito de "compromiso con Dios" debemos llegar a estar activamente implicados en nuestro proceso mental. Debemos inscribirnos en el curso. Puede que pensemos que no podemos concentrarnos, pero Jesús nos dice: El problema no es de concentración; es la creencia de que nadie, incluido tú, es consecuente con ese esfuerzo. Acompáñame constantemente contra esta decepción, y no permitas que esa vieja creencia te eche para atrás. Los descorazonados son inútiles para sí mismos y para mí, pero únicamente el ego puede estar descorazonado (2, 4). Cuando permanecemos pasivos, ni siquiera participamos en la carrera; tropezamos en la puerta de salida. Tropezamos con la idea de que el esfuerzo no vale la pena. Toma nota de que no requiere esfuerzo. Probablemente tenemos alguna idea del gran esfuerzo que conllevaría controlar con nuestro sistema de pensamiento de esa manera, y el triste hecho es que no creemos que valgamos ese esfuerzo. Tenemos tan pobre opinión de nosotros mismos que pensamos que no seremos capaces de llevarlo a cabo, o que no pensamos que nuestro Ser merezca esa molestia. ¡Qué pensamiento tan "raído"! Si estamos descorazonados al principio somos inútiles para nosotros mismos. Jesús dice que esto es un "engaño", obviamente un engaño del ego para

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impedirnos siquiera intentarlo. Jesús nos urge a que no permitamos que el desánimo nos haga dar marcha atrás, y a que tomemos partido por él en contra de ese desánimo. Cuando me sorprendo yendo a la deriva por unas horas o unos días, sin prestar atención o sintiéndome vagamente desanimado, he llegado a reconocer que en alguna parte, por alguna razón, he debido decidir que no valgo el esfuerzo. Lo que me devuelve a la práctica es la comprensión de que ¡realmente sí merezco el esfuerzo! Yo merezco vivir en la alegría, y la Voluntad de Dios para mí es la perfecta felicidad. No aceptes nada que sea menos que esto, y rechaza como meta cualquier cosa que no sea esto. Vigila estrechamente en tu mente cualesquiera creencias que impida su realización, y apártate de ellas. Juzga lo bien que lo has hecho según tus sentimientos, porque ése es el único uso correcto del juicio (T, p.58; T-4.IV.8:4-6). Jesús me dice que controle mis sentimientos. Puedo preguntarme a mí mismo, "¿Soy dichoso?" Si no lo soy, puedo comprometerme activamente en el proceso que se ofrece aquí. Sé que esto no es necesario; pienso acerca de mis pensamientos; busco mis acciones; y cambio mi mente. Así es como yo juzgo en contra del ego; así es como llego a identificarme con mi Ser tal y como Dios me creó. En el decimoprimer párrafo, Jesús nos asegura que podemos y que lo haremos. él dice: No estoy equivocado. Tu mente elegirá unirse a la mía, y juntos somos invencibles (T, p.59; T4.IV.11:4,5) La vigilancia mental es una lección que podemos aprender. Si Jesús nos pide que la aprendamos, eso significa que podemos aprenderla. Si Jesús nos pide que la aprendamos, él nos mostrará cómo hacerlo. ¡Nosotros valemos el esfuerzo! Y las recompensas son tales experiencias de paz y dicha que nunca querremos volver a ocultarnos tras nuestro ego de nuevo.

Recibir El Instante Santo por Allen Watson Receiving the Holy Instant, traducido por Rosa Hernández Mula, con la autorización de The Circle of Atonement Qué hacemos para impedir el instante santo, y cómo evitar hacerlo El instante santo es una experiencia de gracia, un instante en el que dejamos de lado parte o toda nuestra identificación con el ego y nuestra creencia en la realidad del mundo que el ego ha proyectado, y permitimos que brille la realidad de nuestra verdadera identidad. Por un instante suspendemos nuestra fe en la ilusión, permitiéndonos experimentar la eterna realidad. Ya que es eterno, el instante santo es tanto un anuncio como un recuerdo: es un preludio del Cielo, un sorbo de eternidad, experimentada aquí en el mundo y en el tiempo (LE, p. 347; LE-l.169.12:3), y también es un recuerdo de nuestro estado original, tal como Dios nos creó (Texto, p. 388; T16.VII.8:7). Un Curso de Milagros nos urge a practicar el instante santo y a buscarlo (T-15.II.5:4; T-15.II.6:1; T-16.VII.11:1). ¿Por qué, para la mayoría de nosotros, el instante santo parece tan esquivo?¿Por

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qué esos momentos de gracia parecen tan escasos y distanciados? En la sección titulada La Pequeña Dosis de Buena Voluntad(1) (Texto, p. 424; T-18.IV), el Curso repasa una lista de al menos una docena de cosas, en nuestro interior, que bloquean nuestra experiencia del instante santo. (Todas las referencias, de aquí en adelante, son a ésta sección, a menos que se indique otra cosa). Obstáculos al Instante Santo y Cómo Evitarlos Los obstáculos al instante santo entran en una categoría muy amplia: todos ellos consisten en esfuerzos nuestros por hacer algo por nosotros mismos para conseguir lo que sólo el instante santo puede darnos. Pensamos que los obstáculos son las cosas negativas acerca de nosotros mismos, lo que esta sección denomina sombras. Cosas que parecen hacernos indignos del instante santo, cosas de las que intentamos deshacernos para hacernos más merecedores de él. De hecho, esto no son obstáculos en absoluto! El único obstáculo real es nuestra creencia de que tenemos que hacer algo más que desear recibir el instante santo como un regalo. Pensar Que Necesitamos Hacer Más El obstáculo que hay en nuestro camino de la experiencia del instante santo es nuestra creencia de que la simple buena voluntad no es suficiente, y que tenemos que hacer algo más que estar dispuestos con objeto de experimentarlo. Todo lo que se nos pide para experimentar el instante santo es que lo deseemos por encima de todo lo demás y estemos dispuestos a recibirlo; absolutamente nada más que eso (1:1-5). Pero si añadimos algo más, si pensamos que necesitamos hacer algo más, aparte de desear y estar dispuestos a recibir el instante santo, estamos en realidad -lo comprendamos o no- anulando nuestra buena voluntad y bloqueando el instante santo. Recibir el instante santo es fácil y natural (7:1). El instante santo es un atisbo de nuestro estado mental natural, tal como Dios nos creó, una vez eliminada toda interferencia. No puede ser difícil experimental nuestra propia naturaleza! Lo hacemos parecer difícil, sin embargo, porque insistimos en que debe de haber algo más que tenemos que hacer (7:2). Erróneamente pensamos que tener que hacer tan poca cosa es personalmente insultante (7:4). Tan sutilmente que ni siquiera nos percatamos de que lo estamos haciendo, estamos afirmando que no podemos aceptarnos simplemente a nosotros mismos tal y como Dios nos creó, pero tenemos que tomar parte en determinar qué somos y cómo convertirnos en nosotros mismos. Estamos insistiendo en tomar parte en nuestra propia creación. Estamos tratando de darnos lo que Dios nos ha dado ya, intentando producir por nuestros propios medios lo que sólo podemos aceptar de las manos de Dios en el instante santo. Este es el principio general que abarca nuestros bloqueos al instante santo: estamos tratando de darnos a nosotros mismos lo que sólo puede darnos el instante santo. El antídoto a nuestro error de querer hacer más es nuestra comprensión de que hacer más ni siquiera es posible: es necesario que comprendas que no puedes hacer más (1:5). Es tu comprensión de lo poco que tienes que hacer lo que le permite a él darte tanto (1:10). Nuestra insistencia en hacer más es la consecuencia de nuestra creencia fundamental de que podemos cambiarnos a nosotros mismos y que ya lo hemos hecho, lo cual es la base de nuestra creencia en la separación. A causa de que pensamos que ya hemos hecho algo que alteró la creación de Dios, creemos que ahora es necesario que hagamos algo para remediar eso. Por lo tanto, reconocer que no podemos hacer más es la corrección a ambos errores: el error de pensar que hemos cambiado la creación de Dios, y el error de pensar que tenemos que volver a cambiarla. La creación de Dios

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no puede cambiarse. Permanecemos tal como Dios nos creó. Por lo tanto, no necesitamos hacer nada excepto estar dispuestos a aceptar Su creación de nosotros. Para aquellos de vosotros que estéis familiarizados con el Nuevo Testamento, la distinción hecha aquí es muy similar al debate teológico cristiano de fe vs trabajo, o la doctrina de la salvación por la gracia, a través de la fe exclusivamente. La doctrina bíblica establece: Pues de gracia habéis sido salvados por la fe, y esto no os viene de vosotros, es don de Dios; no viene de las obras, para que nadie se gloríe (Efesios 2:8,9). Hablando de los judíos de su época, el Apóstol Pablo dice que, aunque ellos sentían entusiasmo por Dios, éste estaba mal emplazado; ellos buscaban afirmar su propia justicia (Romanos 10:3), en lugar de aceptar simplemente el regalo de la justicia proveniente de Dios. Al igual que nosotros, estudiantes del Curso, ellos intentaban hacerse santos para acceder a la Presencia de Dios en lugar de aceptar el regalo de santidad que nos otorga el instante santo. Cualquier creencia de que debemos hacer algo más allá de estar dispuestos a aceptarnos a nosotros mismos como Dios nos creó, es el error original de separación disfrazado. Es la forma en que el ego mantiene la ilusión de separación intacta mientras aparenta ayudarnos a corregirla. Confiar En Nuestras Buenas Intenciones Una de las maneras en que reforzamos nuestra creencia en hacer más es decirnos a nosotros mismos que, puesto que nuestras intenciones son buenas, lo que estamos haciendo debe de estar bien. Nuestras buenas intenciones son lo máximo que estamos tratando de hacer. Tratamos de hacernos santos a nosotros mismos. La intención es buena; ¿no es también suficiente hacer lo bueno que estamos haciendo? Nuestras buenas intenciones no bastan porque son bondad falsificada, nada más que ego intentando elevarse a sí mismo para igualar la magnitud de Dios. Son un intento de darnos a nosotros mismos la santidad que sólo el instante santo puede brindar. Pensamos que nuestros esfuerzos de hacer más tienen que funcionar porque estamos dedicados a ellos por una buena razón: experimentar el instante santo, para conocernos como hijos de Dios. A menudo subestimamos enormemente el poder de este argumento. Religiones enteras se han basado en él. En el nombre de Dios, hombres y mujeres han luchado durante siglos, incluso milenios, esforzándose por ser merecedores de Dios. Plegarias, sacrificios, castigos, autoflagelación y guerras santas han sido disculpados, e incluso honrados, en base únicamente a lo que parecían buenas intenciones ¡Luchar por la santidad tiene que ser bueno!¡Sólo tienes que ver la santa intención que hay detrás de ello! Las buenas intenciones no son suficientes (2:1-2). Todos nuestros esfuerzos para cambiarnos a nosotros mismos con objeto de complacer a Dios están construidos sobre una base en desmoronamiento porque están fundamentados en la creencia de que podemos cambiarnos a nosotros mismos, lo que es la verdadera raíz de todo el problema. Son un esfuerzo velado para reemplazar la creación de Dios por la nuestra propia. El antídoto a nuestra confianza en nuestras buenas intenciones es confiar completamente en nuestra buena voluntad (2:3). Completamente significa sin dudas o reservas en absoluto. Aquí la idea es la total confianza en nuestra disposición, sin añadidos. Significa no buscar alrededor algo con lo que reforzar nuestra confianza. Significa saber que sólo la buena voluntad (disposición) es suficiente, sin necesidad de nada más para hacerla digna de confianza.

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A menudo oímos a la gente amonestándonos por confiar en nuestras buenas intenciones sin ninguna aclaración sobre en lo que sí podemos confiar. Dicha amonestación nos deja sintiéndonos muy despistados, ya que nada de lo que podamos hacer es digno de confianza. Nos preguntamos: Si no puedo confiar en mis buenas intenciones, en mis esfuerzos por ser santo, ¿en qué puedo entonces confiar? La respuesta es: podemos confiar en nuestra buena voluntad. Nuestra disposición es completamente digna de confianza, y podemos confiar absolutamente en ella, con total seguridad. En la búsqueda del instante santo, es esencial comprender ésto. La buena voluntad es, sencillamente, receptividad. Estamos dispuestos a reconocer y aceptar lo que Dios nos ha dado en creación. Las buenas intenciones implican algo que debemos hacer; de alguna manera tenemos que trabajar para ganarnos el instante santo. La buena voluntad, sencillamente, deja que suceda. Es fácil confiar en nuestra buena voluntad cuando comprendemos que en lo que estamos confiando es en el regalo de Dios más que en nuestros propios esfuerzos. La buena voluntad, o disposición, puede llevarnos al instante santo, pero puede hacerlo sólo si confiamos en ella sola, sin añadidos. Añadamos a la confianza algo más y habremos negado el poder de la buena voluntad. Cuando abandonamos nuestra fe en nuestras buenas intenciones, debemos trasladar esa fe en su totalidad a nuestra buena voluntad, y apoyarnos en ella como nuestra firme base. Angustiados Por Las Sombras La otra cara de nuestras buenas intenciones son nuestras intenciones no santas. No importa cuán puras podamos sentir que son nuestras intenciones, siempre estamos conscientes de una contracorriente en nuestras mentes, el lado oscuro de la fuerza, tomando prestada la frase de la serie de películas Star Wars (La Guerra de las Galaxias). Sentimos que, de alguna manera, tenemos que tratar con todas esas sombras (2:4) en nuestras mentes antes de que podamos recibir el instante santo, porque son claramente incompatibles con la santidad, pero lo contrario es cierto. Únicamente el instante santo puede sanar esas intenciones no santas; para sanarlas es por lo que llegamos a él. ¿Qué significa sombras? Puedo pensar en varios significados guiándome por mi propia experiencia. En primer lugar, están las sombras de la duda. Miro mi escasa buena voluntad y dudo de su poder; ¿cómo puede la simple buena voluntad ser suficiente para curar todas las enfermedades y problemas de mi vida? Creo que de alguna manera necesito llegar a la absoluta certeza antes de poder experimentar un instante santo. En mi mente, mi duda es lo que me está reteniendo y, de alguna manera, tengo que contrarrestar esta duda antes de poder recibir la gracia de Dios. Pero llevarme de la incertidumbre a la certeza es asunto del Espíritu Santo no mío (T-7.III.5:5; Texto, p. 130). Uno de los propósitos del instante santo es eliminar mis dudas y darme certeza (MM-15.2:6,7, Manual, p. 43 y T-18.VI.13:6; Texto, p. 431). No necesito certeza para llegar al instante santo; necesito el instante santo para llegar a la certeza. Otra sombra es mi temor de que mi buena voluntad sea imperfecta. Cuanto más avanzo en la comprensión espiritual, más consciente me vuelvo de la resistencia que hay dentro de mí. Quiero ir a Dios, pero también me siento aterrado de él. Te diriges hacia el amor odiándolo todavía, y terriblemente atemorizado del juicio que pueda tener de tí (T-18.III.3:5, Texto p. 421). Cuanto más honrado soy conmigo mismo, más comprendo que no estoy aún completamente dispuesto a recibir a Dios en mi vida, de que estoy fuertemente volcado en asirme al mundo y al

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cuerpo. ¿Cómo puedo confiar implícitamente en mi buena voluntad cuando está plagada de reservas? Esta sección responde a mis preocupaciones muy claramente: No necesitas que la fuerza de la buena voluntad provenga de tí, sino únicamente de Su Voluntad. El instante santo no proviene de tu pequeña disposición solamente. Siempre es el resultado de tu pequeña buena voluntad combinada con el ilimitado poder de la Voluntad de Dios (3:7-4:2) Es {el Espíritu Santo} Quien añade la grandeza y el poder (1:8) La fuerza de nuestra buena voluntad n proviene de nosotros; proviene de Dios, a través del Espíritu Santo. Cuando alineamos nuestra voluntad en el grado más insignificante con la Voluntad de Dios, penetramos en el poder que creó el universo, exactamente como cuando impulsamos una piragua; cuando tomamos la dirección de la corriente del río, la fuerza total del río se suma a nuestro pequeño impulso. Somos transportados por Dios. ¡No tenemos que estar completamente dispuestos! Esta es la buena noticia. Un leve giro en Su dirección, una disposición minúscula, un ligero asentimiento a Dios, como dice el Texto (T24.VI.12:4; Texto, p. 577) es todo lo que necesita. El Espíritu Santo compensa todo lo que nos falta de buena voluntad, y nos brinda la Suya propia. él solo necesita tu disposición a compartir Su perspectiva para dártela completamente. Y tu buena voluntad no necesita ser completa porque la Suya es perfecta. Su tarea es expiar tu renuencia mediante Su perfecta fe, y es Su fe lo que tú compartes con él en el instante santo. Como resultado de reconocer que no estás dispuesto a ser liberado, se te ofrece la perfecta buena voluntad de que él goza (T-16.VI.12:2-5; Texto, p. 385). ¡Toma nota de estas últimas líneas!¿Qué es lo que capacita al Espíritu Santo para darnos Su disposición? Tu reconocimiento de no estar dispuesto. En el momento en el que, honestamente, admito mi no disposición, Su disposición es liberada hacia mí. cuando me enfrento sin miedo a mi poca disposición, favorezco mi buena disposición. Esto es todo lo que se requiere. Una tercera sombra, quizás la más oscura de todas, es la culpa. Cuando pienso en llegar al instante santo, lo que parece más efectivo para alejarme de él es mi culpa acerca de todo lo que he hecho o dejado sin hacer. Soy consciente de lo pensamientos odiosos, mezquinos, que hay en mi mente; ¿cómo puedo esperar el experimentar un instante santo en este momento? Con toda esta oscuridad en mi mente, ¿cómo puedo experimentar la luz? La culpa no es algo que pueda o deba alejarme del instante santo. Al contrario, la culpa, como todas esas sombras, es la auténtica razón de que vuelva al instante santo. En el instante santo, el Espíritu Santo elimina la culpa; es para lo que está. Tratar de pasar por alto o ignorar mi culpa antes de experimentar el instante santo es una completa locura, porque eliminar la culpa es la función del instante santo (Texto, pág. 426; T-18.V.2:3,4). Mantenerme alejado del instante santo porque me siento culpable es como negarme a ir al médico porque estoy enfermo. Más que una razón para alejarse del instante santo, la culpa es una razón para embarcarse en él. El miedo y el odio son otras sombras que pueden aparecer en nuestras mentes, pareciendo nublar nuestra disposición al instante santo. Creemos, erróneamente, que el miedo y el odio en nuestra mente pueden bloquear en nosotros el instante santo; no pueden. La función del instante

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santo es eliminar nuestro miedo y nuestro odio (T-18.V.2:1,2; Texto, p. 426). Tratar de eliminarlos por nuestros propios medios no funciona, y es sólo otra manera que el ego utiliza para impedir que nos acerquemos al instante santo, una forma de mantener vivos el miedo y el odio en vez de eliminarlos. Podemos llegar al instante santo con el homicidio en nuestros corazones. En realidad, ésta es exactamente la forma en que debemos traer nuestros pensamientos de asesinato si queremos que sean sanados. Querer que sean sanados es la clave. Si queremos que nuestros pensamientos sanen, los conduciremos al instante santo; sólo si queremos mantenerlos permaneceremos apartados de él. Duda, buena voluntad imperfecta, culpa, miedo y odio; cada una de estas sombras que parecen una razón para vacilar son en realidad una razón para llegar a el instante santo. Despejar esas sombras es para lo que está el instante santo. No te sientas angustiado por el hecho de que las sombras rodeen {tu buena voluntad}. Esa es la razón por la que viniste. Si hubieses podido venir sin ellas, no tendrías necesidad del instante santo. La condición necesaria para que el instante santo tenga lugar no requiere que no abrigues pensamientos impuros. Pero sí requiere que no abrigues ninguno que desees conservar (T15.IV.9:1,2; Texto, p. 345). No nos es necesario desembarazarnos de los pensamientos oscuros antes de llegar al instante santo. Es necesario que estemos dispuestos a que sean eliminados. No tenemos que cambiar nada para experimentar el instante santo, pero tenemos que estar deseosos de que todo cambie para nosotros. Pensar Que Primero Tenemos Que Ser Santos Tratar de hacer más, tratar de deshacernos primero de las sombras... ¿qué estamos tratando de conseguir con ello? Estamos intentando ser santos, antes de llegar al instante santo. El instante santo, después de todo, es santo. Por lo que pensamos que necesitamos ser santos para experimentarlo. Antes de que ese trocito de Cielo pueda llegar, pensamos que nos tenemos que preparar para él. Esto, obviamente, es una negación de que estamos preparados en este momento, que es lo que el Curso trata de decirnos. Cuando pensamos que primero tenemos que ser santos, estamos insistiendo en que hemos convertido la santa creación de Dios en no santa, y que tenemos que arreglar todo el lío antes de atrevernos a presentarnos ante Dios. Querer hacernos santos a nosotros mismos, ¡suena tan bien! Pero, en realidad, es solamente el ego tratando de nuevo de usurpar el lugar de Dios. Dios nos creó santos; no hay necesidad de hacernos nada a nosotros mismos (5:4,5). El antídoto aquí es no trata de hacer algo acerca de nuestra imaginaria no-santidad, sino aceptarnos simplemente como si lo fuéramos (2:8,9). Estar Satisfechos Con La Pequeñez Otra forma que tiene el ego de tratar de convencernos para que nos mantengamos alejados del instante santo es engañarnos para que convengamos en aceptar una especie de falsa humildad (3:1,2). A veces la gloria del instante santo parece algo tan elevado que llegamos a convencernos de que, en total humildad, no deberíamos esperar obtenerlo. Aceptamos nuestra pequeñez. Pequeñez es un término que utiliza el Curso para la identificación con el ego. Estar satisfecho con la pequeñez significa, simplemente, que aceptamos nuestras vidas tal y como están. No esperamos instantes santos; mucho menos esperamos vivir una vida que sea un instante santo

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continuo. Nos decimos a nosotros mismos: No soy santo. Este tipo de experiencia no es para mí. Según el Curso, esto no es humildad, sino arrogancia. Es decirle a Dios que está equivocado con respecto a nosotros. él dice que somos dignos del instante santo, y nosotros lo negamos. él dice que estamos preparados para él; nosotros decimos que no lo estamos. A menudo, nos ocultamos del instante santo porque pensamos que no lo merecemos. Esto no es un acontecimiento poco común; es una condición arraigada en nuestras mentes (3:3-5). El Curso anima a una cierta insatisfacción santa. Más que animar a la insatisfacción dice que es necesaria: {La humildad} requiere que no te sientas satisfecho con algo menor a la grandeza que no proviene de tí (3:2). Nuestro deseo de experimentar el instante santo es lo que lo precede y nos prepara para él (1:1-3). Se nos pide que no estemos satisfechos con algo menos que nuestro total potencial como seres espirituales, como Hijos de Dios. Si Dios nos creó, debió de crearnos dignos de ser Su morada. Nos creó dignos del instante santo. Por lo tanto, insistir en que no somos dignos es sólo una expresión del deseo del ego de ser algo que no somos. Somos dignos no a causa de algo que hayamos hecho; tampoco somos indignos a causa de algo que hicimos. Lo que hayamos hecho o dejado de hacer no tiene nada que ver con ello. Somos dignos del instante santo porque Dios nos creó dignos. Y punto. Podemos olvidarnos de esos sentimientos de indignidad y, sencillamente, ir al instante santo. Porque él nos invita. Porque él dice que, junto con él, somos del instante santo. Pensar Que Necesitamos Prepararnos Aquí está de nuevo la idea de convertirnos en santos, pero en palabras ligeramente diferentes. Todavía estamos pensando que necesitamos hacer algo más que estar dispuestos, pero en lugar de pensar que necesitamos primeros hacernos santos, disfrazamos la idea como algo más vago o más sutil. Nos decimos a nosotros mismos que necesitamos algo para prepararnos para el instante santo. Yo a menudo caigo en este tipo de error. A veces mi estado mental parece tan poco santo, tan apagado, o tan frenético, que pienso que tengo que pasar por algún tipo de preparación para estar listo para el instante santo. He llegado a alejarme tanto de Dios que seguramente tardaré mucho tiempo en estar de vuelta. Pienso que estoy demasiado cansado, o demasiado deprimido, o demasiado agitado, para buscar el instante santo. Estoy presuponiendo algún enfermizo tipo de preparación o modificación necesario para poder hallar el instante santo. El antídoto a este pensamiento (¡o falta del mismo!) es que deshacer los estados mentales ilusorios es precisamente para lo que está el instante santo, y no hay mejor lugar al que pueda ir cuando mi mente está así. No necesito prepararme (4:3-10). Invitarme a la necesidad de prepararme a mí mismo es otra trampa del ego. Está basada en la idea de que conseguir la paz está en mis manos. Esta es otra manera de usurpar la función de Dios. Dios ha establecido las condiciones para la paz; yo no tengo que hacer nada a excepción de estar dispuesto a recibirla. No necesito convertirme en alguien diferente, en ningún sentido, para experimentar la paz de Dios. No tengo que esperar a nada. No tengo necesidad de calmarme antes. No tengo que contribuir al proceso en ningún sentido. Esto es lo que el ego no puede aceptar.

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Convertirme en algo diferente, prepararme de algún modo, necesitaría de un milagro. Cuando insisto en que no estoy preparado y en que tengo que cambiar antes, lo que estoy diciendo es que quiero hacer yo mismo ese milagro. El instante santo es la fuente de los milagros. Cuando necesito un milagro, el instante santo es el lugar en el que hay que estar. Esperar el milagro antes de ir allí es realmente una terca resistencia y aferrarse al ego; es rechazar la eliminación del problema evitando la solución. Según examinamos estos ejemplos específicos uno por uno, el significado de comprender que no podemos hacer más que estar dispuestos se convierte en algo obvio. Cualquier intento por nuestra parte de hacer algo para prepararnos a nosotros mismos para el instante santo es realmente una forma de evitarlo. La preparación para el instante santo le corresponde a Aquél que lo da. Entrégate a Aquél Cuya función es la liberación. No usurpes Su función. Dale sólo lo que él te pide, para que puedas aprender cuán ínfimo es tu papel, y cuán grande el Suyo (6:5-8). Pensar Que Debemos Expiar Nuestros Pecados Esta es sólo otra forma de culpa, o de sentirse indigno, o tratar de prepararnos a nosotros mismos. Intentamos expiar de muchas maneras: dando cumplida satisfacción a las personas que hemos agraviado; llorando de remordimiento; meditando durante una hora; castigándonos con enfermedades o sacrificios; o flagelando nuestras mentes. Nada de esto es necesario para el instante santo. Dar cumplida satisfacción, enmendarse, quizás puede ser el resultado del instante santo, pero no es necesario expiar nuestros pecados antes del instante santo, y tratar de hacerlo sólo nos mantendrá alejados de él (5:6,7). Creer Que Primero Tenemos Que Entender Este es un pensamiento muy sutil. Creemos que nuestro entendimiento es una poderosa contribución a la verdad (7:5-7). Estamos convencidos de que tenemos que entender qué es el instante santo y cómo funciona antes de poder experimentarlo. Estamos equivocados. ¡No tenemos que entender nada! El instante santo trae la paz, y entendimiento sin paz es imposible (T14.XI.12:4; Texto, p. 329). No podemos entender verdaderamente antes de haber experimentado la paz del instante santo. Esperar a entender es, de nuevo, otra forma que el ego tiene de mantenernos apartados del instante santo, otro intento de darnos a nosotros mismos lo que nos da el instante santo. Entramos en el instante santo cuando aceptamos que no entendemos nada, y pedimos que se nos enseñe. Tratar de entender por nuestra cuenta es tanto arrogante como frustrante. Nos sentimos cerrados a la paz porque no entendemos cómo conseguirla. Luchamos, rezamos, agonizamos, tratando de entender de forma que podamos conseguir el instante santo. No podemos entender sin el Espíritu Santo. Nos estamos pidiendo a nosotros mismos lo imposible. Pero el instante santo no requiere nada que no puedas dar en este momento (7:7). En este mismo momento cualquiera de nosotros puede reconocer que no entendemos y pedir el entendimiento. En este mismo momento cualquiera de nosotros puede decir: Estoy dispuesto a que mis pensamientos sombríos sean disueltos, aunque no entiendo cómo puede ocurrir ésto. Y esto es todo lo que se nos pide: deseo y disposición, e incluso éstos no tienen que ser firmes o perfectos. Pensar Que El Instante Santo Es Difícil

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El instante santo es un gran asunto, cierto. No es el territorio de los santos avanzados de Dios. Es para todo el mundo. Es accesible desde los niveles inferiores; no hay escalones que subir. Todo lo que se necesita para el instante santo es que dejemos de tratar de alcanzarlo y nos limitemos a aceptarlo, dejando de intentar hacer algo para que ocurra y, simplemente, abandonarnos en las manos del Espíritu Santo. El instante santo es así de sencillo y natural (7:1). Si pensamos que es difícil, eso nos habremos enseñado a nosotros mismos (8:1). Hemos elegido verlo como algo difícil porque no queremos cederle al Espíritu Santo el control (imaginario) de nuestras vidas (8:2). s una manifestación de nuestra creencia central en los grados de dificultad, la primer ley del caos ((T-23.II.2; Texto, p. 547).Ver el instante santo como algo difícil -ver cualquier cosa como difícil- es un signo de que estamos escuchando al ego. Nos hemos identificado con el deseo del ego de ser el árbitro de lo que es posible y de lo que no lo es (8:2). Todo lo que se requiere para el instante santo ya ha ocurrido (8:4). Por lo tanto, no puede ser difícil. No queda nada más que nuestra aceptación de él, permitir que ocurra, abrirnos a él; únicamente nuestra disposición para recibirlo. ¡Vemos tantas barreras! Pensamos que han ocurrido demasiadas cosas en el camino, pero en realidad nunca ocurrieron. Sólo en tu mente, que pensó que ocurrió, está su necesidad de deshacer (8:7). Y esto es exactamente lo que el instante santo hace: deshace nuestra creencia en las barreras. Deshace el pasado en el presente. Nos pone en libertad. Pensa Que Necesitamos Distinguir La Verdad De La Ilusión Nuestra mente está llena de preguntas del estilo de: ¿Cómo puedo distinguir el Espíritu Santo del ego?, ¿Cómo puedo saber si realmente tuve un instante santo?. Pienso que tenemos que saber cómo distinguir verdad de ilusión antes de poder reconocer el instante santo. De nuevo, una táctica dilatoria del ego. La respuesta del Curso a este inconveniente es muy clara: Si ya entendiese la diferencia que existe entre la verdad y las ilusiones, la Expiación no tendría objeto. El instante santo, la relación santa, las enseñanzas del Espíritu Santo y todos los medios por los que se alcanza la salvación no tendrían ningún propósito (T-18.V.1:2,3; Texto, p. 426). En otras palabras, enseñarte la diferencia entre verdad e ilusión es para lo que está el instante santo. Si ya conocieses la diferencia, no necesitarías el instante santo. Ser incapaz de distinguir entre verdad e ilusión, por lo tanto, no es algo que pueda mantenerte apartado del instante santo. Ello sólo muestra tu necesidad de él. Una vez más estamos tratando de hacer por nuestra cuenta lo que únicamente el instante santo puede hacer por nosotros. Nuestra razón para permanecer afuera es una razón para llegar adentro. Tratar De Evaluar Nuestro Progreso El deseo de saber ¿cómo lo estoy haciendo? es otra forma engañosa del ego para que entremos en su sistema de pensamiento. Está basada, claramente, en el pensamiento de que tengo que hacer algo, de que hay una escalera de ascenso hasta el instante santo, que alcanzar el instante santo depende de mi acumulación de éxitos o créditos en el plan de estudios santo. No hay grados de dificultad, ni escalones que ascender. Si no hay escala de progreso, ¿cómo puedo estimar en qué punto de esa escala me encuentro? No podemos distinguir la diferencia entre progreso y receso. Has considerado algunos de tus mayores avances como fracasos, y has evaluado algunos de tus peores retrocesos como grandes

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triunfos (T-18.V.1:5,6; Texto, p. 426). El mensaje es claro. Paremos de intentar evaluar nuestro desarrollo. Limitémonos a seguir yendo al instante santo, y dejemos que sea el Espíritu Santo el juez de nuestro avance o retroceso. Dejemos de querer estar a cargo de nuestra clase y nuestro nivel; dejemos que el Maestro haga Su trabajo. El Único Requisito Las afirmaciones en cursiva en 5:8-13 representan la esencia de esta lección: Yo que soy anfitrión de Dios, soy digno de él. Aquel que estableció Su morada en mí la creó como él quiso que fuese. No es necesario que yo la prepare para él, sino tan sólo que no interfiera en Su plan para reinstaurar en mí la conciencia de que estoy listo, estado éste que es eterno. No tengo que añadir nada a Su plan. Mas para aceptarlo, tengo que estar dispuesto a no substituirlo por el mío. Reconociendo que nuestra dignidad proviene de Dios, no nos esforzamos en prepararnos para el instante santo. Aceptamos que Dios nos creó ya preparados para él. Dejamos ir cualquier forma de hacer nada; aceptamos que no tenemos que hacer ninguna contribución excepto nuestra disposición a recibir. Le abrimos nuestros corazones y decimos Sí. Y esto es todo. Añade algo más y habrás echado por la borda lo poco que se te pide (6:1,2). El instante santo es para todo el mundo. Está disponible en este momento. Todo lo que tengo que hacer es desearlo, y estar dispuesto a que venga a mí, estar dispuesto para la sanación de mi mente que traerá consigo. Parar todo lo demás por un momento, aquietar mi interior y decir: Ven. Puede ser así contigo. Puede ser así conmigo.

Mi salvación procede de mí Por Allen Watson Este artículo, basado en la lección 70 del Libro de Ejercicios para estudiantes, está tomado de las series en difusión de los comentarios diarios que Allen ha escrito para las lecciones del Libro de Ejercicios. El mensaje de esta lección es en verdad una de las enseñanzas centrales del Curso. La culpa y la salvación están en mi propia mente y en ningún otro lado. "...la culpabilidad es sólo una invención de tu mente..." (1:5). Es extremadamente tentador trasladar la culpa de mis problemas a algún lugar afuera de mí. Yo instintivamente rehuyo asumir la responsabilidad por cualquiera de mis problemas, y la idea que todos ellos están en mi mente y en ningún otro lado, parece devastadora. Sin embargo, consideremos las consecuencias de la alternativa vista: que la fuente de todos mis problemas y la fuente de toda culpa se encuentra fuera de mí. Si este fuera el caso, yo soy la víctima sin remedio

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de estas fuerzas exteriores. No puedo hacer nada respecto de ellas excepto vociferar y rabiar, arrojando improperios de culpa y pidiéndoles misericordia a poderes insensibles. Sin embargo, si el problema se encuentra únicamente en mi propia mente, entonces soy capaz de hacer algo al respecto. En realidad, solamente yo puedo hacer algo acerca de ellos, y nada externo a mí puede evitar que lo haga. "No hay nada externo a mí que me pueda detener" (10:7). Estoy en control total; mi salvación procede de mí y sólo de mí. No dependo de nada externo a mí, y por lo tanto ya soy libre. El "costo" de reconocer que mi salvación procede de mí y de ningún otro lado es que yo tengo que renunciar a cualquier idea acerca de que la "caballería" va a aparecer para rescatarme. Nada externo a ti puede salvarte ni nada externo a ti puede brindarte paz" (2:1). Nada ni nadie puede hacerlo por mí. Depende de mí. Mi enamorado no va a hacerlo por mí. Mi riqueza o posición no va a hacerlo por mí. Mi analista no va a hacerlo por mí, ni tampoco mi gurú. Ni siquiera Jesús lo va a hacer por mí. El Curso no lo va a hacer por mí. Cualquiera de ellos, o todos, me van a apoyar, ayudar, estimular; sin embargo, al final, mi salvación procederá de mí mismo, de lo que elija mi propia mente. "La idea de hoy te pone a cargo del universo, donde te corresponde estar por razón de lo que eres" (2:3). Impresionante y un poco aterrador. No quiero creer que yo tengo tanto poder, pero para empezar el no creerlo es lo que me causó este lío. Allí se origina mi enfermedad. ¡Buenas noticias! Dios quiere que estemos sanos y felices; y nosotros también. Por lo tanto, nuestra voluntad es una con la de Dios. Hemos estado eligiendo esta enfermedad pero en realidad no la queremos, porque nos hace infelices. Por ende, podemos estar de acuerdo con Dios y volver a elegir, elegir estar bien en lugar de enfermos. En este ejercicio, nos imaginamos a nosotros mismos atravesando las nubes nuevamente hacia la luz. En la lección 69 las nubes representaban nuestros agravios; en la lección 70 ellas representan las cosas en las que hemos buscado salvación. "No puedes encontrarla (la salvación) en las nubes que rodean la luz, y es ahí donde la has estado buscando" (8:2). Curiosamente, los objetos de salvación y los agravios no son en realidad tan diferentes, un agravio contra un hermano es también una afirmación de que algo en ese hermano me está haciendo infeliz, lo cual también hace de él una fuente potencial de salvación: si él cambiara, yo sería feliz. Ver la salvación como externa a mí, o ver un agravio, son ambos medios a través de los cuales cedo mi poder y niego mi exclusiva responsabilidad por ese universo de mi mente. En el ejercicio de atravesar las nubes, se nos dice "Si te resulta útil, piensa que te estoy llevando de la mano, y que te estoy guiando. Y te aseguro que esto no será una vana fantasía" (9:3). Para algunos de nosotros, será de ayuda imaginarnos que Jesús nos toma de la mano y que nos guía a través de las nubes. Para otros, la representación será más desconcertante que útil; quizás, haga falta una sanación en nuestra relación con él antes de que esa imagen nos sea atractiva . En mi caso encuentro que me es sumamente útil visualizar a alguien que ya ha estado allí y haya vuelto, y que esté deseoso de guiarme. No puede hacerlo por mí, pero sin duda puede ayudar. Algunas veces pienso que Jesús es simplemente la parte de mi mente que ya se ha despertado. Y que él es parte mía, al igual que lo es de ti, y de todos. Él no es un ser divino impresionante al cual no puedo esperar parecerme. Él es yo, recordando. Él es yo, despierto. Tomar su mano es identificarme con el Cristo en mi. ¡Hoy ve en busca de la luz!

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Enamorándonos de Todos por Allen Watson Cualquiera que haya tenido el placer de enamorarse coincide en que la experiencia es muy placentera. Sin embargo, desde que soy un estudiante de Un Curso de Milagros, que insiste en que la relación de amor especial es una de las armas más importantes del ego para excluirnos del Cielo; me he tornado cauteloso de cualquier cosa que pareciera a enamorarse. Me quedaba claro que enamorarse no era garantía de una relación exitosa; mi propia experiencia y la de tantos otros ciertamente dan testimonio de este hecho. Llegué a ver que enamorarse puede ser una clase de negación. El viejo adagio "el amor es ciego", explica la habilidad de la persona enamorada para pasar totalmente por alto los defectos de su amado, en general encegueciéndose tontamente ante defectos obvios en la otra persona que con el tiempo saldrán a la superficie y contribuirán a la destrucción de la relación. Cuando estoy enamorado, suelo no estar enamorado de la otra persona tal cual es, sino de la persona que yo quiero que sea. Por lo tanto, empecé a sospechar de "ese amoroso sentimiento" en mí mismo y en otros. Era demasiado propenso a la auto-decepción. Últimamente, sin embargo, he estado reconsiderando mis opiniones. Al estar trabajando con el Curso, me encontré experimentado algo muy parecido al enamoramiento que brinda exactamente la misma experiencia de claridad, apertura de corazón y perfecta confianza en la otra persona, pero sin la ceguera. Podía ver sus defectos obvios, pero los amaba de todas formas. Los defectos simplemente no importaban. Lo que es más, estaba experimentando este extraño sentimiento con más de una persona, de hecho; con muchas personas de ambos sexos. Encontré que estaba contemplando a alguien y deleitándome nomás en ellos al pensar "Ella es realmente bonita" o "Él es muy atractivo". Al experimentar esto con una mujer, mis viejos hábitos mentales me golpeaban diciéndome "Aja, quizás ella sea la elegida". Luego alguna otra parte racional de mi mente me recordaría "Allen, es casada", o quizás me diría "Tiene la mitad de tu edad". Luego me encontraba reflexionando que los sentimientos hacia esta mujer no estaban bien. Y si de un hombre se trataba tener esos sentimientos, la señal de que “no estaba bien” llegaba mucho más rápido. Luego, y de algún modo, comencé a darme cuenta de que si lo que yo sentía era amor genuino, nunca podía ser malo. Empecé a permitir sólo que me sintiera así hacia esa persona sin agregarle ningún significado particular, como ser "Esto significa que debo convivir con esta persona" o "Debo pasar más tiempo con esta persona” Daba miedo permanecer en ese estado, y no "haciendo algo al respecto”. ¡Esto era soberanamente extraño!. ¡Y también era maravilloso!. Al continuar estudiando el Curso, llegué a comprender que no hay otro amor excepto el de Dios.

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Pude entender cuando nos dice que el Amor de Dios se da a todos por igual. Y comencé a entender esto, en mis propios términos, de esta manera: se supone que debemos estar enamorados de todos. Un día me encontré pensando, "¿Cómo se sentirá ser como Jesús?” Lo más cerca que estuve de describir esto para mí mismo fue "Si yo fuera Jesús, estaría enamorado de todos todo el tiempo". ¡Sólo piénsalo! Si alguna vez experimentaste lo que es estar enamorado, imagínate como sería sentirlo con cada persona que conoces, todos los días. Ese sentimiento de falta de barreras, de apertura, de ver solamente lo bueno en cada uno, de tener la sensación de total igualdad, sabiendo que el otro es tan igual a mí, como yo - ese sentimiento, el cual tratamos tan insanamente de restringir a una sola persona, es el sentimiento que se supone que debemos tener para cada una de las personas sobre la tierra, cualquiera sea el grado de relación que tengamos con ellos. No tiene nada que ver con ningún tipo de forma, es una actitud del corazón. Y esa actitud no puede restringirse a una sola persona; matamos ese sentimiento al tratar de hacerlo, al tratar de hacerlo especial. Su naturaleza es universal, no especial, y el especialismo lo mata. Fuimos hemos para relacionarnos con cada persona sobre la tierra como parte de nosotros mismos, como parte de un Ser muy grande que incluye a todos los miles de millones que ahora están sobre la tierra, aquellos que ya han venido y aquellos que aun han de venir. Imagínate estar enamorado de todos por igual. ¡Wow! Esto sería parecido a vivir en el mundo real. No se ve nada literalmente nada excepto amor real en todos, ni experimentas ninguna reacción excepto amor dentro de ti mismo. De esto se trata ser un Maestro de Dios. De esto se trata saber que tu función es darte a ti mismo, y que todo lo que das lo estás recibiendo. Piensa cuánto placer te ha dado estar con "esa persona especial" de la que te enamoraste, e imagínate disfrutando con todos de la misma manera. Estarías constantemente rodeado de amor, consciente de la belleza interior de la gente todo el tiempo, sintiéndote seguro y totalmente en paz ante su presencia, sabiendo que no tienes nada que temer de ellos porque son amor al igual que tú. Como estudiante de Un Curso de Milagros, ¿no te suena familiar todo esto? ¿No suena parecido a lo que el Curso llama "viviendo en el mundo real" He comenzado a percatarme de que el mayor problema que experimentamos con enamorarnos, es que pensamos inmediatamente que es algo especial. Sólo sucede con esta única persona, y nos hace singulares; tengo que alejar a esta persona inmediatamente de todos los demás, vulgarmente copar la parada, para asegurarme que no le da a nadie más su amor, sólo a mí. Hacerlo especial es lo que causa todos los problemas. El punto central del Curso no es que "enamorarse" sea malo, sino que no es especial. Así debería ser con todos, todo el tiempo. A medida que comencé a permitirme enamorarme con más y más gente, mi vida ha comenzado a sentirse muy rica y plena. En vez de sentirme insatisfecho porque la persona de la que me he enamorado no está disponible para una relación especial conmigo, sólo estoy disfrutando de mi relación de amor con esa persona cualquiera sea la forma que tome. Y tengo más de una relación de amor, sin ningún sentimiento de culpa agregado al hecho de que estoy compartiendo mi amor con muchas personas.

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A veces, es todavía un poco alarmante, debo admitir. Siento que si no voy por ahí buscando esa persona especial, sino que acepto las relaciones en cualquier nivel que estén sucediendo, con cualquier grado de compromiso que sea apropiado, que quizás no vaya a encontrar a esa persona especial. Por otro lado, hay una parte de mí que ya no le importa mucho si encuentro o no a "la elegida", porque siempre puedo tener a "los elegidos". El Curso sirve como un recordatorio constante de que mi salvación ya no depende de encontrar al elegido y que en realidad nunca dependio de ello. Existe tal libertad en permitirme a mí mismo estar enamorado de cualquiera que yo quiera, sin ninguna restricción artificial - en realidad, sin ninguna restricción - que yo me pregunto por qué alguna vez pensé que tenía que controlar mi amor. Estoy descubriendo estas cosas acerca de mi Ser. Estoy descubriendo que tengo una ilimitada capacidad de amar. Estoy descubriendo que me siento mucho más íntegro, mucho más parecido a mí mismo, y de alguna manera eso convalida lo que el Curso enseña cuando dice "Enseña sólo amor, pues eso es lo que eres". Estoy descubriendo que amar es lo mismo que ser feliz. (El amor no me hace feliz, el amor es la elección de ser feliz con alguien). Para mí, el camino espiritual se está convirtiendo en la forma en la que aprendo a enamorarme de todos, de enamorarme de todo el mundo.

Consejos sobre la práctica Lectura en voz alta y Oraciones ampliadas Por Allen Watson

Lectura en voz alta Una técnica de práctica que encuentro muy simple y efectiva de vez en cuando, es leer la lección en voz alta. Es difícil de explicar qué es lo que hace que sea diferente de la simple lectura silenciosa, pero definitivamente es distinta. Hace unos pocos días, estaba haciendo el repaso nocturno de la lección diaria con una amiga, y lo hizo en voz alta; después de esto, ella comentó que el simple hecho de la lectura en voz alta había hecho que la lección fuera mucho más significativa que al leerla por la mañana. Quizás, lo que la hace diferente es que, con el objeto de leer con adecuada expresión; se requiere que la mente se serene un poco y preste más atención a lo que se está diciendo. Al leer en voz alta, podemos notar distintos matices de significación y conexiones entre las oraciones que podrían pasar desapercibidos durante una lectura silenciosa. Dado que he leído las lecciones del Libro de Ejercicios cientos de veces en voz alta para los grupos de estudio y para los talleres, puedo asegurar que con frecuencia sucede que mientras leo, comprendo mejor la lección, y muchas veces me moviliza emocionalmente de una forma que no logra la lectura silenciosa. Quizás, la lectura en voz alta le da vida a la lección ya que, al darle voz a las palabras de la lección, tratamos de leer con sentimiento. Para poder leer con sentimiento, en realidad tienes que

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comprometerte con tus sentimientos, lo cual es algo muy fácil de pasar por alto al leer silenciosamente. Una variación en la lectura en voz alta, es leer la misma oración varias veces con diferentes énfasis, presentando distintos tintes en el significado cada vez. Por ejemplo, existe una pequeña diferencia en el significado de la oración “Yo soy tal cual Dios me creó” si la leemos con el énfasis puesto en diferentes palabras. Tratemos de leer lo siguiente, con énfasis en la palabra escrita en negritas. Yo soy tal cual Dios me creó. Yo soy tal cual Dios me creó. Yo soy tal cual Dios me creó. Yo soy tal cual Dios me creó. Resulta muy beneficioso hacer esto con el pensamiento principal de cada lección, nos ayuda a fijar el pensamiento del día en nuestra mente, resultando más fácil recordarlo durante el día.

Plegarias Expandidas Otra variación de la lectura en voz alta es la de transformar lo que estás leyendo en una plegaria hablada. Esto es particularmente aplicable a las 140 lecciones de la segunda parte del Libro de Ejercicios, dado que cada lección ya contiene una plegaria. En lugar de leer la plegaria en voz alta, ora la plegaria. Tómate una par de segundos para recordar que en realidad te estás dirigiendo a Dios, a través del Espíritu Santo. Estas son plegarias que Dios nos ha entregado para orar. Parece muy sutil la diferencia mental entre la simple lectura de la plegaria en voz alta, y leerla como una plegaria, pero esa pequeña diferencia mental significa una gran diferencia en el impacto que la lectura tiene en tu mente. Tomemos la plegaria de la lección 252 por ejemplo, la cual es muy corta. La primera línea es “Padre, Tú conoces mi verdadera Identidad”. Trata de decir esa línea en voz alta mientras retienes el pensamiento de que le estás hablando a Dios; hay muchísima diferencia en cómo esa línea te afecta. Cuando lo hago, lo primero que noto es un sentimiento de profunda gratitud y agradecimiento que crece dentro de mí. Nos da tanta seguridad, tanta certeza, saber que hay algo que Dios sabe.

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La siguiente línea es “Revélamela ahora a mí que soy Tu Hijo” (L-pII.252.2:2). Al rezar esa frase, me hago consciente de lo que en realidad estoy pidiendo. Me pongo en contacto con un anhelo en mi interior de conocer mi verdadera Identidad como Hijo de Dios. Se puede ampliar aún más la lectura de las plegarias como plegarias. Podemos tomar las palabras escritas como punto de partida, y utilizarlas para desarrollar nuevas palabras de oración que sean más personales, o más específicas para las propias necesidades y entendimiento, agregándole pensamientos que recordemos de otras partes del Curso, o simplemente desde la propia mente, guiada por el Espíritu Santo. Por ejemplo, esa palabra “Revélamela”. Podríamos usar algunos de los pensamientos del primer párrafo de la lección para hacer la plegaria más específica, por ejemplo: “Padre, revélame la santidad del Ser que soy; déjame atisbar una más completa visión de esa santidad. Ayúdame a ver más allá de las concepciones limitadas de santidad que tengo ahora. Revélame la brillante y perfecta pureza que mi Ser posee. Revélame el ilimitado amor de mi Ser; déjame ver ese amor que sostiene todas las cosas en Él. Padre, quiero conocer la calma que da la serena certeza de este amor. Quiero conocer su fortaleza. Abro mi corazón y mi mente a Ti, Padre. Revélamela ahora”. En realidad, no hace falta limitar esta técnica de transformar las palabras del Curso en plegarias a las plegarias del Libro de Ejercicios. Se puede aplicar a cualquier parte del Curso. Las palabras del Texto pueden transformarse en plegarias muy fácilmente. Como ejemplo, podríamos leer la línea: “Si recorres el camino de la bondad, no tendrás miedo del mal ni de las sombras de la noche” (T-27 I 1:3) y transformarla en una plegaria: “Padre, deseo caminar con bondad. Espíritu Santo, sé mi Guía; enséñame el camino de la bondad en esta situación (quizás nombrando una situación específica en la que te encuentras). Ayúdame a caminar sin temor a la maldad o a las sombras de la noche” El simplemente leer en voz alta, agregará nuevas capas de significado a lo que lees. Transformar las palabras en plegarias, las personaliza, y las aplica a los sucesos de tu vida. Sólo al utilizarla la técnica de transformar las palabras del Curso en plegarias, puedes transformar cada parte del Curso en una fuente de práctica espiritual. Estas técnicas pueden parecer muy simples, sin embargo son poderosas. Sólo al utilizarlas te darás cuenta cuán poderosas pueden ser; entonces, ¿porqué no lo intentas? Además, avísanos cómo funcionan para ti.

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¿Cuál es la visión del Curso acerca del sexo? por Greg Mackie Respuesta corta: Como toda otra forma en el mundo, el sexo lo fabricó el ego con el propósito de mantener la separación, pero también puede usarlo el Espíritu Santo con el propósito de comunicar la unión. Lo que el sexo sea para nosotros depende del propósito que le demos. ••• El Curso dice muy poco acerca del sexo en sí, pero sí dice mucho acerca del cuerpo y del modo que lo usamos. El sexo, por supuesto es un fenómeno centrado en el cuerpo. Por lo tanto, en la siguiente contestación (que expande la respuesta corta más arriba), tomaré lo que el Curso dice en forma más general acerca del cuerpo, y lo aplicaré al tema específico del sexo. Comenzaré con las "malas noticias" acerca del sexo (esto se pone bastante pesado, pero no abandonen), y luego pasaremos a las buenas noticias. Finalmente, compartiré algunos de mis propios pensamientos acerca de cómo manejar nuestra sexualidad desde la perspectiva del Curso. Pero antes de entrar en las "malas" noticias, quiero subrayar que ellas son sólo la mitad de la historia -- la mitad que le corresponde al ego. El Curso no está en contra del sexo, sino en contra del uso que el ego hace del sexo. El sexo, como el cuerpo, no es ni bueno ni malo; no es nada, es neutro en sí. En las manos del ego, el sexo es una decepción no santa empecinada en mantenernos separados: pero en las manos del Espíritu Santo, el sexo es una expresión santa de unión. Mantengamos esto en mente a medida que descendemos ahora a la oscuridad del uso que hace el ego del sexo.

El ego fabricó al sexo con el propósito de mantener la separación. Esta es una idea que sobresalta, ya que tendemos a asociar al sexo con la unión, pero el Curso nos dice que el cuerpo "es a todas luces un mecanismo de separación" (T-6.V[4]2:3) hecho por el ego. Si esto es así, entonces todo lo que esté asociado con el cuerpo, incluyendo el sexo, es un mecanismo de separación, por lo menos mientras continuemos identificándonos con el ego. Las siguientes son algunas de las formas en que el ego usa el cuerpo (y a las relaciones especiales enraizadas en el cuerpo) para mantener la separación. Los deseos físicos, incluyendo el deseo sexual, surgen de la necesidad del ego de confirmar su realidad. Los impulsos físicos son impulsos milagrosos distorsionados por el ego. El Curso nos dice que todos los apetitos corporales, incluyendo el deseo sexual, vienen no sólo del cuerpo, sino más bien del ego: Los apetitos son mecanismos para "obtener" que representan la necesidad del ego de ratificarse a sí mismo. Esto es cierto tanto en el caso de los apetitos corporales como en el de las llamadas "necesidades más elevadas del ego". El origen de los apetitos corporales no es físico. El ego considera al cuerpo como su hogar, y trata de satisfacerse a sí mismo a través de él. (T4.11.7:5-8) ¡Qué idea endiablada! Es un dato conocido que los apetitos corporales como el deseo sexual son impulsados por instintos corporales profundos (por ejemplo, el impulso de procreación) y que

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nos sucede a pesar de nuestra voluntad. Pero según el Curso, los apetitos corporales son la expresión de una decisión hecha por la mente, una decisión de identificarse con el ego y reforzar la realidad del ego. Es cierto que no nos damos cuenta de esta decisión, no obstante es una decisión. Nuestra decisión de experimentar el deseo sexual es la decisión de creer que somos seres limitados, carentes, que debemos buscar fuera de nosotros mismos, a través de fantasías sexuales o encuentros sexuales con otras personas, para completar nuestra carencia. Por lo tanto, esta decisión refuerza la creencia que estamos separados. Pero los impulsos físicos son más que simplemente de origen no físico. El Curso también nos dice que en realidad son impulsos milagrosos encubiertos: Tus percepciones distorsionadas producen una densa envoltura alrededor de los impulsos milagrosos, dificultándoles el que lleguen a tu conciencia. La confusión de los impulsos milagrosos con los impulsos físicos es una de las distorsiones básicas de la percepción Los impulsos físicos son impulsos milagrosos mal canalizados. Todo placer real procede de hacer la Voluntad de Dios. (T-1VII.1:1-4) En el dictado original a Helen Schucman, en realidad las palabras "impulsos físicos" aparecen como "impulsos sexuales" (ver Ausencia de Felicidad, libro no traducido al castellano), y la cita trata las fantasías personales de Helen. La idea aquí es que todos tenemos impulsos milagrosos en lo profundo de nuestras mentes, impulsos que vienen del Espíritu Santo (y Jesús). Cuando esos impulsos surgen a nuestra conciencia son distorsionadas por el ego, que por supuesto no quiere saber nada de milagros, y entonces se convierten en impulsos físicos. El verdadero placer de hacer la Voluntad de Dios se convierte en el seudo placer de la estimulación corporal. De esta manera el ego toma impulsos milagrosos, que pondrían fin al ego si se expresaran en su forma pura, y los retuerce hasta convertirlo en un medio para reforzarse a sí mismo y mantener la separación. Un par de párrafos más adelante (T-1.VII.3), Jesús habla del tema de la fantasía, y dado el contexto original del dictado, yo creo que las fantasías sexuales eran el blanco aquí. Se nos dice que "las fantasías son una forma distorsionada de visión" ( T-1.VII.3:1) que es otra forma de decir que los impulsos físicos (como aquellos asociados con la fantasía sexual) son impulsos milagrosos distorsionados (que surgen de una visión espiritual). "Las fantasías son un intento de controlar la realidad de acuerdo con necesidades falsas" (T-1.VII.3:4): en el caso de la fantasía sexual, se refiere a nuestra falsa necesidad de gratificación física. "Las fantasías son un medio para hacer asociaciones falsas y tratar de derivar placer de ellas." (T-1.VII.3:6) Esto es exactamente lo que hacemos en la fantasía sexual: elaboramos escenarios intrincados en nuestras mentes que tienen poca probabilidad de suceder en nuestras vidas (es decir, hacemos "falsas asociaciones") con el propósito del placer físico. Al hacerlo, disfrutamos de una actividad solitaria en la cual no existe ninguna unión real. De este modo rechazamos el milagro, que pondría fin a la necesidad de la fantasía al mostrarnos "la naturaleza completamente satisfactoria de la realidad" (T-1.VII.3:11): es decir, la realidad de nuestro Ser no físico, sin ego y de nuestra verdadera unión con otros en ese Ser. De esta manera el ego toma impulsos milagrosos -- impulsos para extender y unirse con otros en verdadera visión -- y los convierte en fantasías sexuales como manera de reforzar y mantener la separación. Las relaciones especiales, incluyendo las relaciones sexuales, son el sustituto que ofrece el ego para la verdadera unión, que es la unión de las mentes. Esforzarse por lograr la unión física a través de las relaciones especiales es el medio que usa el ego para evitar la verdadera unión.

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"La relación de amor especial es el regalo más ostentoso del ego" (T-16.V.3:1). Sobre la base de mi observación del arte del mundo: música, literatura y los medios, yo diría que la forma romántica de la relación especial de amor es la versión más buscada de ese regalo, es más, el aspecto sexual de la relación romántica es la joya en la corona de los regalos del ego. (Extrañamente, el día antes de comenzar este artículo, escuché un aviso por radio de un joyero local que les exhortaba a los hombres que les den diamantes a sus parejas románticas "para celebrar el fuego y destello de su relación especial".) La mayoría de nosotros cree que las relaciones románticas turbulentas con sexo maravilloso nos salvará de las adversidades del mundo. Ellos son nuestro "refugio en medio de la tormenta de la culpabilidad" (T-16.IV.3.1), "una unión bendecida en el Cielo" (T-16.V.8:3). Sobre todo vemos a las relaciones románticas y la unión sexual que las acompaña como la experiencia más profunda de unión con otro ser humano que ofrece el mundo. Hasta la mayoría de nuestras religiones considera el amor sexual como algo dado por Dios, cosa santa, o una hermosa expresión de la Naturaleza divina, fortalecedora de la vida: por lo menos en cuanto lo mantengamos dentro de ciertos parámetros morales. Pero ¿podemos realmente unirnos unos con otros con la unión de nuestros cuerpos de modo romántico y sexual? Según el Curso, no podemos. Las relaciones especiales las inventó el ego como medio de engañarnos para que pensemos que estamos uniéndonos cuando en realidad estamos cimentando la separación aún más. Son "un tipo de unión en que la unión está excluida, pues la exclusión es la base de dicho intento de unión" (T-16.V.6:4) Y esto sin duda es aplicable a la unión sexual, una forma en que intentamos "unir los cuerpos": Pues [aquellos que tienen miedo de comunicarse verdaderamente] creen que sus mentes son privadas, o, de lo contrario, las perderían, pero que si son únicamente sus cuerpos los que están juntos sus mentes siguen siendo suyas. La unión de los cuerpos se convierte, por lo tanto, en la forma de mantener la separación de las mentes." (T-15.VII.11:5-6) La verdadera unión ocurre entre mentes, no entre cuerpos. Pero el ego le teme a la verdadera unión, porque eso significaría el fin de la separación, y por lo tanto el fin del ego. Ya que el ego necesita nuestra lealtad a fin de sobrevivir, y ya que todos nosotros tenemos un ansia genuina de unirnos, el ego debe darnos algo que se le parezca, pero que no lo es en realidad. Por lo tanto, nos ofrece "la unión de cuerpos", que por supuesto es lo que intentamos hacer a través del sexo. El sexo dirigido por el ego nos hace creer que realmente nos hemos unido con otra persona, pero en verdad nos mantiene aparte, porque en realidad no incluye la unión de mentes. La unión de nuestros cuerpos es así la forma del ego de asegurarse que nuestras mentes permanezcan tranquilamente aparte. Unir nuestros cuerpos mantiene la separación de nuestras mentes. El sexo promete la unión, pero termina por separar. Creo que es obvio que la mayoría de nosotros consideramos al sexo como una de las grandes formas de unión, tal vez la mayor de todas. Prácticamente adoramos el sexo. Se celebra y exalta al amor romántico, sexual en nuestras canciones, poemas, cuentos, y hasta en nuestra literatura religiosa (como el Cantar de los Cantares en la Biblia, y el Kama Sutra.) Pero en realidad, los impulsos sexuales, tal como los fabrica y dirige el ego, son una distorsión del impulso de unión. Distorsiona los impulsos milagrosos, que son la única forma de verdadera unión. Promete la unión con otro, pero en realidad termina excluyendo la mente del otro, que es su única realidad. Resumiendo, mientras el sexo promete la unión, en realidad termina por separar. Confirma que estamos separados y solos. Y este era el propósito del ego todo el tiempo: mantener la separación.

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Estas ideas pueden parecer exageradas, pero creo que podemos ver su verdad en nuestra propia experiencia, si es que realmente miramos. Hoy la gente es más sexualmente activa que nunca, y sin embargo también están más solos que nunca. Tal vez estas ideas no sean tan exageradas después de todo. Tal vez sea cierto que, aunque todos buscamos la unión con Dios y unos con otros, "la proximidad física no puede proporcionarla." (T-1.11.1:3) Tal vez el sexo, bajo la dirección del ego, de veras nos hace sentir más separados.

El Espíritu Santo puede usar el sexo con el propósito de comunicar la verdadera unión. Es posible que el panorama lúgubre del sexo que se describe arriba nos envíe a todos disparados hacia el monasterio o al convento. Pero hay una contraparte acerca del sexo: no hay nada demasiado sucio para el Espíritu Santo. El mismo cuerpo que el ego usa para mantenernos separados, el Espíritu Santo lo usa como medio de comunicar la verdadera unión: Recuerda que para el Espíritu Santo el cuerpo es únicamente un medio de comunicación. Al ser el nexo de comunicación entre Dios y Sus Hijos separados, el Espíritu Santo interpreta todo lo que has hecho a la luz de lo que Õl es. El ego separa mediante el cuerpo. El Espíritu Santo llega a otros a través de él. (T-8.VII.2:1-4) Por lo tanto el sexo y el romance, en manos del Espíritu Santo puede usarse para comunicar una unión de mentes genuina. Esto es similar a la creencia de muchas religiones que el sexo es santo cuando se usa en una forma amorosa que está de acuerdo con la Voluntad de Dios, o los ritmos de la Naturaleza. Pero hay una distorsión: la religión tradicional generalmente ve al sexo como cosa dada por Dios (o natural) que puede ser corrompido a través de un uso impropio, pero el Curso ve al sexo como cosa dada por el ego (o antinatural) que puede hacerse santo a través de un uso correcto. ¿Hay algo en el Curso que específicamente describa el uso que el Espíritu Santo hace del sexo? Yo no encuentro nada, pero creo que la visión del Curso acerca del uso que hace el Espíritu Santo del cuerpo puede, por lo general, ser aplicado al sexo. Por ejemplo, he aquí dos citas que se pueden interpretar como el uso que le da el Espíritu Santo al sexo: El Amor de Dios, por un breve período de tiempo, todavía tiene que expresarse de un cuerpo a otro, ya que la visión es aún muy tenue. (T-1.VII.2:3) Cuando se usa [el cuerpo] con el propósito de unir, se convierte en una hermosa lección de comunión, que tiene valor hasta que la comunión se consuma. (T-8.VII.3:4) La idea de que el sexo pueda usarse para comunicar la unión puede parecer una contradicción a la idea presentada arriba de que el sexo no puede lograr la unión. Yo creo que la resolución está en el hecho de que el Espíritu Santo usa el cuerpo para comunicar una unión que de verdad ha sucedido mente-a-mente, mientras que el ego antes que nada usa el cuerpo para evitar que suceda la unión mente-a-mente. El ego trata de convencernos que podemos usar el sexo para lograr la unión; el Espíritu Santo usa el sexo para celebrar la unión. El ego considera a los cuerpos como medios de separar las mentes, pero Jesús nos dice que el Espíritu Santo considera a los cuerpos "únicamente medios para unir mentes, y para unirlas con la tuya y con la mía" (T8.VII.2:5). Así el sexo puede evitar la unión o facilitar la unión, dependiendo de quién (o Quién) lo está usando.

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¿Cómo, entonces, debemos lidiar con nuestros deseos sexuales? Esta es la pregunta que todos nosotros queremos que se conteste, ¿no es así? En pocas palabras, mi respuesta es que no debemos tratar de suprimir deseos sexuales ni sentirnos culpables de ellos pero sí debemos ser tan honestos como podamos acerca del propósito que tienen. Debemos tratar (a través de la práctica del Curso) de darle la espalda a los usos que el ego da a los impulsos sexuales, y en su lugar permitir que el Espíritu Santo los use. Como dice el Curso "el Espíritu Santo no quiere privarte de tus relaciones especiales, sino transformarlas." (T17.IV.2:3) Podemos permitirle redirigir nuestros impulsos sexuales y transformarlos otra vez en impulsos milagrosos. Las siguientes son algunas de mis observaciones personales acerca del sexo desde la perspectiva del Curso: Dado que el Curso no le parece nada bien el impulso sexual (por lo menos cuando ese impulso está dirigido por el ego), ¿deberemos practicar el celibato? En sí, el Curso no nos conmina a comportamientos específicos acerca del sexo, de modo que creo que nuestras elecciones sexuales conciernen sólo a uno mismo y al Espíritu Santo. Estoy seguro que hay gente (como monjes y monjas) que han sido verdaderamente llamados a practicar el celibato, y por supuesto deben honrar su vocación. Pero yo sospecho que el resto, tal vez la mayoría, no ha sido llamado a hacer esto. Para la mayoría, el camino se compondrá de la transformación de nuestra expresión sexual en una expresión más amorosa, más que en su eliminación por completo. Si no optamos por el celibato, ¿por lo menos debemos adoptar normas de comportamiento acerca del sexo? Nuevamente, el Curso en sí no habla de ellos. Pero no creo que eso signifique que se nos prohíba adoptar tales normas por nosotros mismos si resultan de ayuda. Personalmente creo que adoptar normas de comportamiento sexuales, y enseñárselas a nuestros hijos, es sabio y probablemente necesario, dada la naturaleza volátil e impulsiva de la sexualidad, y las consecuencias trágicas (embarazos no deseados, enfermedades de transmisión sexual, etc.) que son el resultado de comportamientos sexuales irrestrictos. Aprender a escuchar al Espíritu Santo lleva práctica, disciplina mental, y cierto nivel de madurez; muchos de nosotros, especialmente la gente más joven, todavía no hemos desarrollado la habilidad de escucharlo claramente y, mientras esto sea así, la mayoría de nuestras respuestas sexuales provendrán del ego. La adopción de normas de comportamiento sexuales nos pueden proteger de las consecuencias negativas de la sexualidad impulsada por el ego a medida que trabajamos en la sanación de nuestras mentes. Adoptar tales normas estaría en línea con el Curso siempre que no los usemos como sustituto para la curación de la mente, que según nos dice el Curso es la única manera de lograr la salvación. Sinceramente, yo mismo soy medianamente tradicional en mi visión de las costumbres sexuales (aunque ratificar las relaciones homosexuales como lo hago, tal vez no sea demasiado tradicional). Personalmente creo en la abstinencia para adolescentes, y que los adultos limiten (voluntariamente, no por ley) sus relaciones sexuales a uniones serias, comprometidas. Hablo sólo por mí y no para el Curso, pero es mi opinión que la práctica de la autodisciplina sexual es, lejos, lo más amoroso. Cuanto más nuestro comportamiento sexual sea expresión de verdadero amor por otra persona en vez de simplemente un ejercicio de gratificación corporal, tanto más reflejará el propósito que le da el Espíritu Santo al sexo. Dicho esto, creo que también debiéramos reconocer que el deseo sexual está muy profundamente enraizado, y que no será transformada por el Espíritu Santo de la noche a la

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mañana. La gran mayoría de nosotros probablemente continuará siendo impulsada por nuestros deseos sexuales del ego durante bastante tiempo; debido a esto, creo que mientras debamos practicar autodisciplina, también debiéramos tenernos compasión. La mayoría, aunque no seamos promiscuos, continuaremos dando rienda suelta a fantasías sexuales y buscaremos gratificarnos a través de ellas en alguna medida. Y si elegimos hacer esto a veces, yo creo que lo peor que podemos hacer es hacer de ello un gran tema y atormentarnos con la culpa. En esas ocasiones cuando doy rienda suelta a deseos sexuales del ego, me es de ayuda simplemente recordar que aquí no está en juego la salvación. Trato de darle al deseo sexual el mismo tratamiento que el Curso quisiera que le diéramos a la medicina física: recuerdo que la salvación no está en ello, pero que no es pecado hacer uso de él si no estoy listo para trascenderlo. La liberación sexual ocasional no necesita ser distinta de tomar una píldora, un útil recurso temporario a medida que trabajamos en la sanación de nuestra mente. Simplemente reconocer que el sexo no es la salvación es un paso positivo hacia la sanación de nuestra mente. Creo que es honesto y sano reconocer que seguramente vamos a estar lidiando con deseos sexuales basados en el ego por mucho tiempo. Aunque nuestras mentes comiencen a sanar, nuestra expresión sexual seguramente será una mezcla de Espíritu Santo y ego. Necesitamos que eso se acepte, aún cuando trabajemos para cambiarlo. Sobre todo, no deberemos permitirnos sentir culpa, ya que la culpa claro está, sólo refuerza al ego.

Conclusión Finalmente, creo que siempre deberemos recordar que nuestro único deseo real es Dios. Nuestros deseos sexuales son sólo un tenue reflejo del ardiente deseo que tenemos por nuestro Padre. Nuestros deseos sexuales, dirigidos por el ego, nos tironea en dirección contraria de nuestro verdadero Amor. Hagamos entonces lo que podamos para darle la espalda a los "regalos" ajados del ego y busquemos nuestro verdadero Amor, Quien es el único que satisfará nuestros anhelos más profundos: ¿Qué puedo buscar, Padre, sino Tu Amor? Tal vez crea que lo que busco es otra cosa; algo a lo que le he dado muchos nombres. Mas lo único que busco, o jamás busqué, es Tu Amor. Pues no hay nada más que jamás quisiera realmente encontrar. Quiero recordarte. ¿Qué otra cosa podría desear sino la verdad acerca de mí mismo? (L-pII.231.1:1-6) •••

Transformando nuestros deseos sexuales: Un ejercicio He aquí un ejercicio específico que uso algunas veces cuando me enfrento con el deseo sexual. Primero, me pregunto, "'¿Para qué es?'" (T-17.VI.2:1) ¿Cuál es el propósito de este deseo. Qué voz promueve este sentimiento en mí?" Si siento que es el Espíritu Santo que lo promueve, como podría ser el caso, especialmente en el contexto de mi matrimonio, sigo adelante y lo expreso de alguna forma que sea consistente con mi compromiso con mis votos matrimoniales. (Para aquellos que no estén en relaciones comprometidas, esto se traduce expresándolo en alguna forma que sea consistente con su propia ética sexual, una forma guiada por el Espíritu Santo.) Si siento que es del ego, sigo con el segundo paso. Pregunto, "¿Cuál es el impulso milagroso que se esconde tras este impulso sexual?" Recuerdo que "Todo placer real procede de hacer la

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Voluntad de Dios". (T-1.VII.1:4) Trato de encontrar el impulso milagroso y lo expreso en vez del impulso sexual. En términos de la vida diaria significa que, por ejemplo, si me fijo en una mujer atractiva, tal vez le envíe una bendición silenciosa o seré cortés con ella de alguna forma, en vez de jugar mentalmente con fantasías sexuales con ella. Encuentro que esto es poderoso y efectivo, porque en vez de tratar de suprimir mi deseo, que nunca funciona, lo desvío buscando el deseo puro inspirado por el Espíritu Santo que lo subyace. Aunque no siempre tengo éxito haciendo esto, he tenido suficiente éxito como para saber que los deseos sexuales sí pueden transformarse en milagros, y que cuando eso sucede, me siento mucho más feliz que si le hubiera hecho caso al deseo sexual. Yo recomiendo esta práctica. Ha funcionado de maravillas para mí, y otros que lo han probado han tenido resultados positivos también. ¿Por qué no lo pruebas la próxima vez que estés lidiando con deseos sexuales?

La Piedra Removida de la Entrada de al Tumba de Jesús by Greg Mackie ¿Cómo Interpreta El Curso La Imagen Bíblica De La Piedra Removida De La Entrada De La Tumba De Jesús? Respuesta Respuesta corta: En el material del Curso, la imagen bíblica de "quitar la piedra" representa el deshacimiento de los obstáculos ilusorios que parecen estar entre nosotros y Dios. Deshacemos estos obstáculos aparentes reconociéndolos como ilusiones. "Quitando" las piedras "ilusorias" que parecen encerrarnos en la oscura tumba del mundo, revela la vida eterna y el Amor de Dios que yace más allá de las ilusiones. El formato de esta Pregunta y Respuesta, va a ser un poco distinto del usual. En lugar de ir línea a línea analizando mi "respuesta corta", voy a presentar en primer lugar la imagen Bíblica de "quitando la piedra", luego abordaré los dos pasajes dentro del material del Curso que utilizan esta imagen, presentaré un ejercicio de visualización con el objeto de darle vida a esta imagen, y por último reuniré todas estas cosas en una breve conclusión. La Imagen Bíblica De "Quitar La Piedra" Esta imagen es familiar para cualquiera que alguna vez haya leído los Evangelios o haya ido a misa para Pascuas. Sin embargo, no quiero suponer que todos están familiarizados, así es que me gustaría comenzar dando una breve explicación de su origen. Esta imagen deviene del relato de la tumba vacía de Jesús, que aparece en los cuatro evangelios (Mateos 28:1-8; Marcos 16:1-8; Lucas 24:1-9; Juan 20:1-10). Aunque los detalles varían según el evangelio, la historia básicamente es la siguiente:

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Después de que Jesús murió en la cruz, su cuerpo fue bajado y entregado a José de Arimatea, quien lo envolvió en un manto y lo colocó en un sepulcro que había hecho cavar en una roca. Hizo rodar una piedra grande a la puerta del sepulcro para sellarlo. Pero cuando algunas mujeres fieles visitaron la tumba el domingo por la mañana, (que ahora llamamos Domingo de Pascua), ellas descubrieron, para su sorpresa que la piedra grande se había quitado y que la tumba estaba vacía. Luego supieron a través de mensajeros celestiales que Jesús había resucitado y que pronto aparecería ante sus discípulos, tal como él lo había prometido. Los estudiantes modernos de la vida de Jesús, están algo inseguros acerca de la exactitud histórica de este relato, pero en todo caso, esta es la historia básica de la imagen de "la piedra que fue movida". Volvamos ahora a la pregunta inicial de cómo Jesús interpreta esas imágenes en el Curso. ”Hacer mover la piedra” significa deshacer el obstáculo ilusorio del cuerpo, de forma tal que aquello que se encuentra más allá del cuerpo se revele. Sé de dos referencias en el Curso que se corresponden con la imagen de "la piedra movida". La primera sobre la que hablaré es en realidad la segunda en orden cronológico; proviene de la guía personal que Jesús le entregó a Helen después que el Curso fue publicado. Según Ken Wapnick relata, él y Helen estaban intercambiando opiniones sobre si Jesús había resucitado físicamente o no. En un momento dado, Ken le sugirió a Helen que le pidiera a Jesús una respuesta, así que ella preguntó "¿Existió una resurrección física?" Y ésta es parte de la respuesta que Él le dio: "Mi cuerpo desapareció porque no tenía ilusiones sobre él. La última ilusión ya se había ido. Yacía en la tumba, pero no quedaba nada que enterrar. No se desintegró ya que lo irreal no puede morir. Simplemente se transformó en lo que siempre fue. Y esto es lo que significa "rodar la piedra". El cuerpo desaparece, y deja de ocultar lo que se extiende más allá de él. Meramente deja de interferir con la visión. Hacer rodar la piedra significa ver más allá de la tumba, más allá de la muerte y comprender la nadería del cuerpo. Aquello que se entiende como nada debe desaparecer" (Ausencia de felicidad, 398-399) Creo que lo que significa "rodar una piedra" en este contexto es bastante claro. Aquí, la "piedra" es el cuerpo (y la muerte, simbolizada por el cuerpo; más adelante en este pasaje, la piedra es llamada la "piedra de la muerte"). Mientras sigamos creyendo en la realidad del cuerpo, será un obstáculo para la visión espiritual. Pero podemos cambiar esa creencia, al igual que lo hizo Jesús totalmente en los últimos momentos de su vida. "Haciendo rodar la piedra" entonces, significa deshacer los obstáculos del cuerpo reconociendo que es una ilusión absoluta. Una vez que esto se logra, la visión espiritual revela aquello que se extiende más allá del cuerpo: realidad, espíritu, vida eterna, las puertas del Cielo, Dios. (A propósito, Jesús prosiguió hablando más específicamente sobre la pregunta de Helen acerca de que si él resucitó físicamente o no. Básicamente su repuesta fue sí: Después que dejó ir a su cuerpo en la manera descripta más arriba, él manifestó otro cuerpo humano para aparecérsele a sus discípulos) "Hacer rodar la piedra" significa entonces deshacer el obstáculo ilusorio de la creencia de que nosotros no podemos llegar a nuestro hogar en Dios, por lo tanto aquello que está más allá de esa creencia se revela.

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La segunda referencia a esta imagen se encuentra en el Curso mismo, en el Epílogo de la Clarificación de Términos. En este Epílogo, Jesús nos entrega algunas estimulantes palabras finales al terminar el Curso. En particular, él alude a un tema con el cual luchamos, creo yo, todos aquellos que nos encontramos en un camino espiritual: nuestras dudas acerca de si alguna vez encontraremos nuestro camino a casa en Dios, y nuestra desesperanza ante esas dudas. ¿Qué deberíamos hacer cuando estamos empantanados en la duda y en la desesperanza sobre nuestro viaje espiritual? Aquí está la respuesta de Jesús: Cuantas veces estemos convencidos de que nunca lo vamos a lograr, deberíamos recordarnos a nosotros mismos que el resultado es seguro, porque es la Voluntad de Dios que así sea y Él está con nosotros en cada paso del camino. Sin embargo, habrá veces en las que nos descorazonemos con ilusiones de desesperanza, y estas ilusiones son los obstáculos que impedirán nuestro progreso si no aprendemos cómo hacerlas a un lado. ¿Cómo podemos apartar estas ilusiones de desesperanza? Para nosotros mismos, sería sumamente difícil si no imposible de hacer, pero afortunadamente, tenemos ayuda. Dios mismo quiere que nuestras dudas y desesperanzas sean deshechas, y Jesús, nuestro amoroso hermano mayor nos ayudará a lograrlo: "Sólo con que me pidas que te ayude a hacer rodar la piedra, ello se hará conforme a Su Voluntad" (C-Ep-2:3) Al igual que con el pasaje anterior, creo que el significado dado a este pasaje de "hacer rodar la piedra" es bastante claro. En este pasaje, la "piedra" representa nuestras ilusiones. Creo que se podría referir a cualquier ilusión que aparentemente nos atrapara en la oscuridad del mundo y bloqueara nuestro camino a Dios ( al igual que con el cuerpo, como vimos antes), pero en este pasaje se refiere en particular a la desesperanza ilusoria generada por nuestras dudas sobre si lograremos volver a Dios por fin. La metáfora de la "piedra" es apropiada, de las dudas y desesperanzas en el camino, ya que, podrían convertirse en aparentes obstáculos enormes para encontrar a Dios. Felizmente, sin embargo, son solamente obstáculos ilusorios, y deshacer los obstáculos reconociendo su naturaleza ilusoria es lo que "hacer rodar la piedra" significa aquí. Esto es lo que Jesús, quien dejó ir todas las ilusiones en su vida terrena, puede ayudarnos a ver. De la misma manera en que él hizo rodar la piedra de la ilusión hace dos mil años, él puede ayudarnos a hacer lo mismo hoy. Y cuando lo logremos, la realidad del Eterno Amor de Dios se revelará. Haciendo Rodar La Piedra: Una Visualización Para conseguir un impacto pleno de esta imagen vívida y estremecedora, sería útil que la visualizáramos. Vamos a hacerlo ahora. Imagínate que estás atrapado en una tumba cavada en la roca, completamente sellada, sin ningún tipo de contacto con nada o nadie. Estás absolutamente solo. Está todo negro, no puedes ver nada. No puedes oír nada. El aire está frío y enmohecido y un olor a descomposición inunda el lugar. Te das cuenta de que esta tumba es tu vida: una vida encajonada en un cuerpo separado, aislado de todos y todo, atormentado con problemas y dolor... (Piensa en algún problema y dolor específico que estés atravesando ahora) marchando inevitablemente hacia la muerte. Estás atrapado en la tumba de tu vida, y no parece haber salida. Ahora ves una luz tenue acercándose. La luz crece al acercarse, hasta que al final puedes reconocer su fuente. Es Jesús, quien trae consigo un farol. Le preguntas cómo hizo para entrar en esta tumba y porqué vino, pero no te contesta al principio. Simplemente sonríe y levanta el farol hacia la pared que está enfrente de ti. A la luz, podes ver la entrada a la tumba de tu vida y que esa entrada esta sellada por una enorme

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piedra, de impenetrable granito, la piedra que te ha atrapado en esta tumba oscura y miserable durante años. Finalmente, Jesús se vuelve a ti y dice: " He venido a ayudarte a hacer rodar la piedra". Te cuesta creer que sólo ustedes dos puedan mover semejante piedra. Has intentado escaparte de esta tumba infinidad de veces en el pasado, pero el fracaso fue tan rotundo, que te rendiste a la desesperanza hace mucho tiempo atrás. Pero ahora lo miras a Jesús a los ojos, notas su sonrisa y su suave risa y te llenas de nueva esperanza. Lo tomas de la mano, y los dos avanzan hacia la entrada. Colocan sus manos sobre la piedra y juntos comienzan a empujar. ¡Para sorpresa tuya, la piedra era tan liviana como una pluma! Los dos hacen rodar la piedra sin ningún esfuerzo, y lentamente el sello de la tumba se abre. Entra una bocanada de aire fresco, con aroma a flores de primavera. Hay pájaros cantando, y se escucha una música serenamente hermosa. Un rayo de luz de sol cálido inunda desde afuera a la tumba, e ilumina todo. Ahora te paras de la mano de Jesús, en la entrada de la tumba, mirando hacia fuera. Por un instante te das vuelta y miras hacia atrás, a la tumba, y en la luz te das cuenta que está vacía. La piedra que la había sellado desapareció. Vuelves a mirar hacia fuera otra vez ni ves nada que no sea luz, una vasta, ilimitada luz que te envuelve en un cálido resplandor de amor. En esta luz, sabes que no estás solo; puedes sentir la presencia de amados compañeros que te envuelven con su esplendor. Te vuelves a Jesús y te dice: "Nuestro Padre y nuestros hermanos y hermanas están aquí. Es hora de volver a casa". Y así caminan juntos, alejándose de la tumba; Jesús te conduce hacia la luz del Amor de Dios. Al dar tu primer paso fuera de la tumba, la tumba se desvanece completamente, y ambos se funden juntos en la amorosa luz del amor de Dios Padre y Su santo Hijo. Conclusión Los dos pasajes que hemos examinado están expresando la misma idea básica, una idea que encuentro profundamente hermosa y reconfortante. Ambos pasajes entienden que "hacer rodar la piedra" es deshacer nuestros obstáculos aparentes hacia Dios y que logramos esto reconociendo su naturaleza ilusoria. ¡Es realmente un alivio que nos digan que esa enorme piedra que parece sellarnos en la oscura tumba del mundo de la muerte es en realidad nada! Puede ser que no reconozcamos esto ahora, pero Jesús nos asegura que así lo haremos, y que cuando lo logremos, esa piedra será puesta a rodar! Desaparecerá en la nada desde donde provino. Cuando esto suceda, la luz de Dios hará desaparecer la oscuridad de la tumba, mostrándola vacía, y revelará la vida eterna y el Amor de Dios que yace más allá. Una vez que esto sea revelado, Jesús nos promete: "Dios mismo vendrá para llevarnos a casa" (Ausencia De Felicidad, 399)

Comunicación ilimitada by Greg Mackie

El Curso nos dice que la comunicación debe ser ilimitada. ¿Significa esto que debemos contarles a todos nuestros pensamientos privados? ¿ Acaso Jesús está hablando aquí de algo similar a la idea cristiana de la confesión?

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Respuesta Corta: No, comunicación ilimitada no significa contarles a todos nuestros pensamientos privados. “Comunicación ilimitada”, tal como el Curso utiliza esta frase, significa compartir ilimitadamente mente-a-mente (con Dios y con nuestros hermanos) los pensamientos inspirados por Dios, los pensamientos que son ilimitados: amor, paz, alegría, etc. Por lo tanto, el concepto del Curso con respecto a la comunicación ilimitada no tiene nada que ver con la idea cristiana de confesar nuestros “pecados” entre nosotros o a un sacerdote. Sin embargo, una confesión, (en el sentido de contar nuestros pensamientos y acciones del ego a otra persona); puede servir a un propósito sanador provechoso cuando se encuentra verdaderamente motivado por el amor y guiado por el Espíritu Santo. ¿Qué Es Comunicación? Toda esta cuestión de comunicación ilimitada y su relación con nuestros pensamientos privados puede ser terriblemente confusa. Para que quede bien entendida, me gustaría comenzar con unos pocos principios generales centrados en la idea de “comunicación” del Curso. En el Cielo, estamos en directa y plena comunicación con Dios y con todos nuestros hermanos. La verdadera comunicación es un atributo del Cielo. Es compartir el conocimiento mente-amente en forma directa, ilimitada y sin mediación junto con todo aquello inherente a é - amor, paz, alegría, etc. entre todas las mentes en el Cielo: La Mente de Dios y las mentes que conforman la Filiación. Las siguientes citas nos dan una semblanza de lo que es la verdadera comunicación en el Cielo: El espíritu está en completa y directa comunicación con todos los aspectos de la creación, debido a que está en completa y directa comunicación con su Creador. Esta comunicación es la Voluntad de Dios... Dios creó a cada mente comunicándole Su Mente y estableciéndola así para siempre como un canal para Su Mente y Su Voluntad. Puesto que sólo los seres que pertenecen a un mismo orden pueden realmente comunicarse, Sus creaciones se comunican naturalmente con Él y como Él (T-4 VII 3:4-5,7-8) La comunicación es perfectamente directa y está perfectamente unificada. Es completamente libre porque nada discordante puede jamás infiltrarse en ella. Por eso es por lo que es el Reino de Dios. Le pertenece a Él y es por lo tanto como Él (T-7 II 7:7-10) La separación desbarató esta comunicación. El ego inventó formas terrenas de “comunicación” con el objeto de mantener la separación.

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El Curso nos dice que “la separación no fue una pérdida de perfección, sino una interrupción de la comunicación” (T-6.IV.12:5). Esta cita nos dice muchísimo acerca de la naturaleza real de la separación. No fue una separación real de Dios en la cual perdimos nuestra perfección innata. Aún estamos con Dios y aún somos perfectos, es sólo que esa parte de nuestras mentes dejó de comunicarse con Él. Esa parte de nuestra mente es, por supuesto, el ego. Desbarató la comunicación con Dios, y con el objeto de continuar con esa ruptura, inventó sus propias formas de “comunicación”, formas que en realidad siguen desbaratando la comunicación aunque aparenten recomponerla: El ego, por lo tanto, está en contra de la comunicación, excepto cuando se utiliza para establecer separación en vez de para abolirla: El sistema de comunicación del ego se basa en su propio sistema de pensamiento, al igual que todo lo demás que él impone. Su comunicación esta controlada por la necesidad que tiene de protegerse, e interrumpirá la comunicación siempre que se sienta amenazado. (T-4.VII.2:2-4) Entre las formas de “comunicación” que el ego inventó para desbaratar la verdadera comunicación podemos encontrar al cuerpo y al lenguaje humano: El cuerpo es un límite que se le impone a la comunicación universal, la cual es un atributo eterno de la mente (T-18 VI 8:3). Las palabras fueron hechas por las mentes separadas para mantenerlas en la ilusión de la separación (M-21 1:7). Estas formas de “comunicación” entonces, fueron inventadas por el ego para limitar nuestra comunicación ilimitada con Dios y nuestros hermanos. Cuando son utilizadas por el ego, las formas terrenas de “comunicación” en realidad conducen a la separación en lugar de la unión. Dios nos dio al Espíritu Santo como un Vínculo de Comunicación para restaurar una comunicación parcial entre Él y Sus Hijos. El Espíritu Santo utiliza las cosas que el ego inventó para desbaratar la comunicación como medio para restaurar la comunicación. Como respuesta a nuestra ruptura de la comunicación, Dios nos dio al Espíritu Santo, “el vínculo de comunicación entre Dios el Padre y Sus Hijos separados” (T-6.I.19:1) El trabajo del Espíritu Santo es mantener abierto el canal de comunicación entre Dios y Sus Hijos, aún cuando nosotros tratamos de mantenerlo cerrado. Dado que el Espíritu Santo utiliza todo lo creado por el ego para que le sirva a Su propósito, Él utiliza todos los dispositivos de separación que el ego inventó para desbaratar la comunicación como un medio para restaurar la comunicación: Tú has considerado la separación como un medio de interrumpir la comunicación con tu Padre. El Espíritu Santo la reinterpreta como un medio para re - establecer lo que nunca se interrumpió, pero sí se había velado (T-14 VI 5:1-2)

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Por lo tanto, el Espíritu Santo le da al cuerpo y al lenguaje humano el propósito de restaurar la comunicación: Recuerda que para el Espíritu Santo el cuerpo es únicamente un medio de comunicación. Al ser el nexo de comunicación entre Dios y Sus Hijos separados, el Espíritu Santo interpreta todo lo que has hecho a la luz delo que Él es. El ego separa mediante el cuerpo. El Espíritu Santo llega a otros a través de Él. (T8.VII.2:1-3) Tú que hablas haciendo uso de símbolos turbios y engañosos no entiendes el lenguaje que has inventado. No tiene sentido, pues su propósito no es facilitar la comunicación, sino interrumpirla. Si el propósito del lenguaje es facilitar la comunicación, ¿cómo puede tener sentido dicha lengua? Más incluso este extraño y tergiversado esfuerzo de querer comunicar no comunicando, contiene suficiente amor como para hacer que tenga sentido si Su Interprete (el Espíritu Santo) no es su hacedor... Pon en sus manos lo que quieres comunicar. Él lo interpretará con perfecta claridad pues Él sabe con Quién estás en perfecta comunicación (T-14.VI.6:1-4,6-7). El Espíritu Santo utiliza los dispositivos de la comunicación inventados para la separación para comunicar los reflejos terrenos del Amor de Dios - perdón, verdadera percepción, sanación, etc para que podamos, un día, ser restaurados en la plena comunicación entre todos y con Dios. Estrictamente hablando, solamente los pensamientos que vienen de Dios pueden ser verdaderamente comunicados. Los pensamientos basados en el ego pueden ser “compartidos” en un sentido, pero esta no es la verdadera comunicación porque conduce a la separación en lugar de la unión. Como podemos ver, desde el punto de vista del Curso, la verdadera comunicación es compartir los pensamientos inspirados en Dios, no la falsa “comunicación” del ego. Sólo puedes compartir los pensamientos que proceden de Dios, los cuales Él conserva para ti. (T-5 IV 3:8). ¿Pero acaso no compartimos también nuestros pensamientos basados en el ego? ¡ Somos expertos, parece, comunicando nuestro temor, ira y ataque a los demás! El Curso se ocupa de esta objeción directamente en el siguiente pasaje:

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Tal vez creas que el miedo - al igual que el amor- se puede comunicar y que, por lo tanto, se puede compartir. Sin embargo, esto no es tan real como pueda parecer a primera vista. Los que comunican miedo están fomentando el ataque, y el ataque siempre interrumpe la comunicación, haciendo que ésta sea imposible. (T-6.V(A).5:6-8) Aquí vemos que podemos comunicar pensamientos basados en el ego en un sentido limitado la ultima oración se refiere a “aquellos que comunican temor”. Creo que se refiere a la comunicación en el sentido ordinario de la palabra: obviamente podemos infundir temor en otra persona a través de nuestros pensamientos, palabras y acciones. Pero ésta sería la falsa “comunicación” del ego, que promueve el ataque y por lo tanto sirve para romper la verdadera comunicación. Esta distinción entre comunicación falsa y verdadera, nos permite que tomen sentido citas como las siguientes: Incluso la descabellada idea de separación tuvo que compartirse antes de que se pudiese convertir en la base del mundo que veo (L.pI.54.3:3). Sí, podemos “compartir” toda clase de pensamientos basados en el ego con otra persona. Nuestras mentes están unidas: No existen pensamientos privados. (L.pI.19.2:3) Mis pensamientos del ego refuerzan los pensamientos del ego de otras mentes: Mis pensamientos de separación invocan pensamientos de separación en otros. (L.pI.54.3:6) Pero este “compartir” es solamente la falsa “comunicación” del ego, el compartir las ilusiones: Sin embargo, cuando se compartió esa idea no se compartió nada. (L.pI.54.3:4) Compartir nada no es el compartir verdadero. El compartir verdadero es compartir nuestros pensamientos reales, pensamientos inspirados en Dios. Compartir estos pensamientos es verdadera comunicación, porque conduce a la unión en lugar de la separación. Comunicación ilimitada no significa contarles a todos nuestros pensamientos privados. Mantener estos principios generales en mente nos ayuda a que pasajes como éste tomen sentido: El cuerpo es el símbolo del ego, tal como el ego es el símbolo de la separación. Y ambos no son nada más que intentos de entorpecer la comunicación y, por lo tanto, de imposibilitarla.

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Pues la comunicación tiene que ser ilimitada para que tenga significado, ya que si no tuviese te dejaría insatisfecho. La comunicación sigue siendo, sin embargo el único medio por el cual puedes entablar auténticas relaciones, que al haber sido establecidas por Dios, son ilimitadas. (T-15.IX.2.3-6) Si no somos conscientes de lo que el Curso quiere decir con “comunicación”, nos resultaría fácil tomar la declaración “la comunicación debe ser ilimitada” como que debemos decirnos los unos a los otros todo lo que se nos cruce por la mente. Pero un examen más minucioso revela que éste no es el caso, especialmente al colocar a éste pasaje en su contexto inmediato. Este pasaje se encuentra en el contexto de la explicación del instante santo, un instante en el cual, nos dicen, “es un momento en el que se recibe y da perfecta comunicación” (T-15.IV.6:5); un instante en el cual dejamos atrás temporalmente nuestro ego y nuestro cuerpo, y entramos en verdadera unión (“relaciones reales”) con nuestros hermanos y con Dios. Mientras nos identifiquemos con el ego, nos habremos de resistir fuertemente al instante santo porque el ego (y su instrumento, el cuerpo) intenta limitar la comunicación. Este intento de limitar la comunicación hace que la comunicación real sea imposible, y así nos impide experimentar la comunicación ilimitada del instante santo, que es lo único que puede satisfacernos verdaderamente. Queda claro entonces que cuando este pasaje habla acerca de la comunicación ilimitada, no puede estar refiriéndose a la ilimitada divulgación verbal de cada pensamiento que tenemos, incluyendo todos nuestros pensamientos del ego y del cuerpo. Esto lo sabemos porque nos acaban de decir que el cuerpo y el ego son intentos para limitar la comunicación y hacerla imposible. La comunicación ilimitada, es entonces, comunicación que está más allá del cuerpo y más allá del ego - en otras palabras, comunicación mente a mente de pensamientos inspirados por Dios, la clase de comunicación dada y recibida en el instante santo, el cual restaura nuestras relaciones reales entre cada uno de nosotros y con Dios. Entonces, cuál es la idea del Curso con respecto a que guardar pensamientos privados nos impide experimentar la comunicación plena, tal cual vemos en el siguiente pasaje: ¿Cómo puedes hacer esto (entrar al instante santo) cuando prefieres abrigar pensamientos privados y no renunciar a ellos? La única manera en que podrías hacer esto es negando la perfecta comunicación que hace que el instante santo sea lo que es. Crees que puedes abrigar pensamientos que no quieres compartir con nadie, y que la salvación radica en que te los reserves exclusivamente para ti. Crees que en los pensamientos privados que únicamente tú conoces puedes encontrar una manera de quedarte con lo que deseas sólo para ti y de compartir sólo lo que tú deseas compartir. Y luego te preguntas cómo es que no estás en completa comunicación con los que te rodean, o con Dios que os rodea a todos a la vez. (T-15 IV 7:1-5)

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Este pasaje sugiere que el deseo de aferrarnos a los pensamientos privados, nos alejan de experimentar la “comunicación plena”, lo cual podría conducirnos a pensar que debemos decirle a todos nuestros pensamientos privados con el objeto de restaurar la comunicación plena. Pero repito, este no es el caso si lo observamos más detenidamente. En primer lugar, este pasaje, al igual que el anterior; se encuentra en el contexto de la explicación del instante santo; específicamente se refiere a los obstáculos que construimos para no permitirnos experimentar el instante santo. Entonces la “comunicación plena” no se refiere aquí a la apertura verbal, sino a la “comunicación perfecta” experimentada cuando compartimos el instante santo. En segundo lugar, el obstáculo apuntado aquí no es la existencia de pensamientos privados per se, sino nuestro deseo de mantener pensamientos privados nuestra preferencia “ a tener y guardar pensamientos privados”. Debido a este deseo, negamos la comunicación real experimentada en el instante santo, y nos traicionamos a nosotros mismos al creer que podemos tener pensamientos privados. Tratamos de encontrar la salvación abstrayéndonos dentro de un mundo privado de pensamientos privados, lo cual es imposible dado que, como ya vimos, “No existen pensamientos privados”. Es este deseo, en vez de simplemente abstenerse de compartir en forma verbal, lo que nos impide experimentar la comunicación plena con nuestros hermanos y con Dios. ¿Cómo podemos entonces, resolver este dilema con nuestros deseos de tener pensamientos privados que nos impiden experimentar la perfecta comunicación del instante santo? El Curso nos dice cómo hacerlo dos párrafos más adelante y la solución no es la divulgación verbal de nuestros pensamientos privados: La condición necesaria para que el Instante Santo tenga lugar no requiere que no abrigues pensamientos impuros. Pero sí requiere que no abrigues ninguno que desees conservar. En tu práctica, por consiguiente, trata solamente de mantenerte alerta contra el engaño, y no trates de proteger los pensamientos que quieres negarte a compartir. Deja que la pureza del Espíritu Santo los desvanezca con su fulgor, y concéntrate sólo en estar listo para la pureza que El te ofrece (T-15 IV 9:1-2,8-9) La primera oración nos dice un poco más acerca de la naturaleza de los “pensamientos privados” a los que se está haciendo referencia en esta sección: ellos son nuestros pensamientos impuros, nuestros pensamientos del ego. Pero el tener esos pensamientos no son sólo el problema, sino el deseo de mantenerlos. Por lo tanto, y con el propósito de experimentar el instante santo, debemos renunciar a nuestros deseos de preservar nuestros propios pensamientos del ego - debemos dejar de proteger “los pensamientos que quieres negarte a compartir. El resto del pasaje nos dice cómo, y no es diciendo esos pensamientos a los demás. En lugar de eso, debemos practicar en la vigilancia de nuestro deseo de proteger nuestros pensamientos impuros, estar listos para deshacerlos, y dejar que la pureza del Espíritu Santo los desvanezca con su fulgor. La referencia a la práctica, creo yo, es significativa. Se supone que realmente practiquemos esto. Y la práctica dada aquí es muy consistente con las prácticas dadas en el Libro de Ejercicios. El Libro de Ejercicios no nos impulsa a contarles a todos nuestros pensamientos privados. Nunca dice

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nada como , “Si estás enojado con tu hermano, comunícale tus sentimientos inmediatamente”. En lugar de eso, nos dice que hagamos la práctica de permitirle al Espíritu Santo quitar la ira de nuestras mentes, tal como podemos ver en la instrucción para la práctica de la lección 93: Si te sientes tentado de enfadarte con alguien, dile silenciosamente: La luz , la dicha y la paz moran en ti. Tu impecabilidad está garantizada por Dios. (L.pI.93.11:2-4) Por lo tanto, yo no creo que el Curso nos esté animando a contarle a la gente todos nuestros pensamientos privados. Entonces, ¿qué debemos decirle a la gente? La regla básica del Curso respecto de esto es clara: Deja que el Espíritu Santo te diga qué decir. “Pon en sus manos lo que quieres comunicar”. Según la cita detallada arriba, Él sabe quién necesita oír qué. Mientras es cierto que no existen pensamientos privados y así todo lo que pensamos está siendo recibido por alguien en algún nivel; creo que es igualmente cierto que existen toda clase de pensamientos que Él no querría que compartiéramos con todos. Existen muchos casos en que hacer esto simplemente no sería amoroso, y Su único propósito para las palabras es que comuniquen amor. Por ejemplo, yo no creo que sea probable que Él nos diga que compartamos con todos los detalle íntimos de nuestra vida sexual. Dudo que Él le diga a un sacerdote, excepto en las circunstancias más raras, que revele algo que le hayan dicho bajo secreto de confesión. Él nunca nos diría que ataquemos verbalmente a otros, lo cual simplemente reforzaría nuestra ira hacia ellos (como dije antes, Él preferiría que hiciéramos práctica basada en el Curso). En primera instancia, la insistencia del Curso con los pensamientos privados no es entonces, si se los contamos o no a alguien o no. El Espíritu Santo nos dirá cuándo es apropiado hacerlo o no. Sobre lo que sí se preocupa el Curso, es sobre nuestro deseo de aferrarnos a nuestros pensamientos privados, pensamientos del ego, que nos mantienen encerrados en nuestros propios mundos separados, pensamientos que desbaratan y limitan la verdadera comunicación. Debemos renunciar a ese deseo y renunciar a esos pensamientos del ego, de forma tal que la verdadera comunicación pueda ser restaurada. ¿Y qué hay acerca de la idea cristiana de la confesión? ¿Existe algún propósito positivo en compartir verbalmente nuestros pensamientos y acciones basadas en el ego con otra persona o un sacerdote? Creo que a esta altura está muy claro que cuando Jesús nos habla sobre comunicación ilimitada, no se está refiriendo a la idea cristiana de la confesión, como vemos ejemplificado en el consejo del Apóstol Santiago de “confesad los pecados unos a otros para que os curéis” (Santiago 5:16) y el sacramento católico de la confesión a un sacerdote. Comunicación ilimitada significa compartir el amor ilimitado de Dios, no la confesión de cada pensamiento (“pecaminoso”) basado en el ego. Como ya he dicho más arriba, el Espíritu Santo te dirá qué decir y a quién. Y del mismo modo en que Él preferiría que te abstengas de compartir verbalmente ciertas cosas si no son amorosas, yo creo que Él también te guiará a revelar ciertas otras, incluso pensamientos basados en el ego, si su propósito es verdaderamente amoroso. En otras palabras, yo realmente creo que hay veces en que Él quisiera que nos confesáramos entre nosotros nuestros pensamientos del ego y los actos que deriven de tales pensamientos. Hay veces en las que hacer esto puede servir a propósitos verdaderamente amorosos. Los siguientes

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son ejemplos de situaciones donde yo creo que la confesión de nuestros pensamientos y acciones del ego pueden ser útiles, si son hechos en armonía con el propósito sanador del Espíritu Santo. Esta ejemplificación está basada más en mi propia experiencia personal , aunque me baso en el Curso para apoyar mis comentarios donde pueda: Confesarle A Una Persona Los Pensamientos Negativos Que Tenemos Sobre Ella Este hecho debe ser tomado cuidadosamente, porque como he dicho antes; yo no creo que el Espíritu Santo quisiera que descarguemos nuestra ira entre nosotros. La manera en la cual nosotros compartimos nuestros pensamientos y sentimientos negativos tiende a reforzarlos. Generalmente es un ataque que implica culpar al otro por nuestros sentimientos negativos y demandamos que la otra persona cambie de forma tal que nosotros seamos felices. Sin embargo, yo creo que existe una forma amorosa de compartir sentimientos de esta clase, y que el hecho de compartirlos puede, a veces, ser útil. Para dar un ejemplo personal, cuando estoy enojado con mi esposa, he encontrado que es una buena idea admitirlo ante ella. Ella generalmente se da cuenta, porque no soy muy bueno ocultando cosas, por lo que no pierdo nada siendo de lo más honesto sobre esto. Pero pongo lo mejor de mí para compartir mi enojo de una forma tal que no la culpe a ella por mi ira; trato de dejar en claro que asumo toda la responsabilidad por mi ira, y que me estoy comprometiendo a practicar con mi ira para poder deshacerla. Este compromiso de retirar la culpa y dejar que la ira se disuelva, establece una nueva clase de “compartir” distinto del ataque de arremetida usual; que generalmente denominamos “comunicación honesta”. Creo que el valor más grande de esta clase de compartir es su honestidad. Creo que es muy fácil para nosotros como estudiantes del Curso hacer de cuenta que nuestros sentimientos y pensamientos negativos no están allí -usando las enseñanzas del Curso que nos dice que el ego es irreal para negar lo que nuestros egos están haciendo, ante lo cual el Curso nos dice que este es un uso inapropiado de la negación (ver T-2 VII 5:5-6). Solemos ser tan hábiles para engañarnos. Podemos esconder el resentimiento que tenemos hacia otra gente bajo una fachada sonriente, lo cual generalmente nos engaña más a nosotros que a ellos. Algunas veces, no estoy realmente consciente del alcance de mis sentimientos hasta que no he hablado de ellos. Confesar mis pensamientos y sentimientos negativos libre de culpa me da la oportunidad de resolverlos de frente, sin decepción. Le da a la otra persona (mi esposa, por ejemplo) la oportunidad de hacer lo mismo, si está abierta a ello. Ella puede examinar honestamente su impacto en mí ( sus pensamientos, palabras y acciones no me causan ira, pero que pueden influenciar - pueden jugar el papel de reforzarla- y puede confrontar sus reacciones a mi ira. Y esta forma de auto honestidad-mirando nuestros pensamientos y sentimientos negativos de forma imparcial, sin ocultar nada está muy valorado por el Curso. Reconocer honestamente estos pensamientos y sentimientos es el primer paso para deshacerlos a través del perdón. Confesarle Nuestros Errores A Otra Persona Que Ha Sido Lastimada Por Ellos Todos hacemos cosas que lastiman a otros, ya sea inadvertidamente o a propósito. En tales casos, he encontrado que admitir honestamente mi error ante esa persona que he perjudicado y hacer lo que pueda para corregirlo, es muy poderoso, además de ser simplemente la cosa honorable y gentil que corresponde hacer. Dos de los Doce Pasos de Alcohólicos Anónimos están dedicados a este proceso de “remediar”, lo cual ha probado ser una parte vital del proceso de

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curación para los alcohólicos y otras gentes cuyas adicciones les ha traído mucho dolor y sufrimiento a los afectados por ellos. Por supuesto, esto puede ser utilizado en un mal sentido: podemos convertir nuestros errores en “pecados” y utilizar la “confesión” como una manera de reforzar la culpa. Pero disculparnos y remediar el error cometido, si lo hacemos en el buen sentido, es simplemente una de las formas en las que el amor y el perdón se intercambian en este mundo. Puede sanar heridas y restaurar las relaciones. Admitir errores es honesto, y le da a todos los involucrados la oportunidad de perdonar. Confesar Pensamientos, Sentimientos Y Actos Negativos A Un Amigo Honrado, Terapeuta, Ministro o Sacerdote. Confesarle a un amigo de confianza las cosas que nosotros pensamos que son nuestros “pecados” puede abrir la puerta a la sanación. Es una forma de hacernos más honestos, y como dijimos antes, puede ser también una maravillosa forma de experimentar el perdón. He tenido la bendición de contar con tales amigos en mi propia vida. Cuando le digo a un amigo íntimo las cosas que están pasando en mi vida, con cáscara y todo, este amigo me puede extender el perdón escuchando sin juzgar y dejándome saber que mis “pecados” no afectan su amor por mí de ninguna manera. Yo puedo, por supuesto, hacer lo mismo por él. El Curso nos dice que el mismo Jesús puede ser este amigo de confianza, si lo invitamos a serlo: Es posible leer sus palabras (las de Jesús) y beneficiarse de ellas sin aceptarle en tu vida. Mas Él te ayudaría todavía más si compartieses con él tus penas y alegrías y renunciases a ambas para hallar la paz de Dios. (C-5.6:6-7) Jesús nos está invitando a compartir nuestras vidas con él completamente - nuestro dolor, nuestros secretos culposos y nuestras “alegrías” mundanas “, todas ellas en el camino de la paz de Dios. Nos está invitando a ser totalmente honestos con él, “pues no debemos ocultarnos nada el uno al otro” (T-4.III.8:2) Si estamos dispuestos a compartir todos nuestros “pecados” con él, su perdón infinito puede desvanecerlos con su fulgor. Podemos también compartir nuestras penas y alegrías, por supuesto, con un sanador profesional: un terapeuta, un ministro o un sacerdote. De acuerdo al suplemento de Psicoterapia, el perdón es la función del psicoterapeuta: El proceso que toma lugar en esta relación (entre terapeuta y paciente) es en realidad uno en el cual el terapeuta en su corazón le dice al paciente que todos sus pecados han sido perdonados, junto con los suyos propios. (P.2.VII.3:1) Podemos ver cómo esto podría funcionar en una relación terapéutica en la vida real. En muchas formas de psicoterapia, un paciente se pasa mucho tiempo “confesando” sus problemas, neurosis, sueños, fantasías oscuras, etc. Al terapeuta. Descubrir estas cosas es una parte importante de la terapia. Pero el verdadero trabajo del terapeuta, de acuerdo al suplemento de

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Psicoterapia, es el de escuchar todo esto sin juzgar y, en su corazón, permitir que el paciente sepa que nada de esto ha tenido ningún efecto en su Ser verdadero - él ha sido perdonado. Sospecho que esta experiencia del perdón está en el corazón del sacramento católico de la confesión. Creo que hay ciertas cosas acerca de este sacramento con el que el Curso discreparía el Curso tiende a desaprobar los rituales, y definitivamente no estaría muy de acuerdo con la idea de hacer “penitencia”. Pero a mí (un no católico) me parece que en el corazón del sacramento de la confesión esta la oportunidad de ser honesto con alguien (un sacerdote, un representante de Dios) acerca de los propios “pecados” y escuchar luego decir a ese alguien “tus pecados están perdonados”. Entras al confesionario como un pecador pero te vas con la bendición de Dios. Puedo entender que tal experiencia puede ser muy sanadora. El Uso Positivo De La Confesión: Honestidad Que Conduce Al Perdón El sentido que he encontrado luego de examinar estas situaciones variadas es que la confesión realizada de una manera saludable, tiene dos beneficios mayúsculos. Primero, nos ayuda a hacernos más honestos con nosotros mismos acerca de los pensamientos y acciones de nuestro ego, o los tan llamados “pecados”. Segundo, nos da una oportunidad excelente de experimentar el perdón para esos “pecados”. Veo estas dos cosas trabajando en conjunto: somos más honestos acerca de nuestros pensamientos y actos del ego, lo cual nos coloca en una posición donde pueden ser deshechos por el perdón. Y ambas cosas -honestidad y perdón- son importantes. La honestidad sin el perdón es mera descarga, lo cual en mi experiencia sirve generalmente para reforzar los pensamientos y sentimientos negativos que se “ventilan” en vez de disiparlos. Sin el perdón, la confesión termina reforzando la culpa. Por lo tanto no es verdaderamente sanadora por sí misma, aunque existen muchos sistemas terapéuticos basados en la idea que solamente con descubrir y expresar nuestros sentimientos negativos, sanaremos . Pero el perdón sin la honestidad no es suficiente tampoco, simplemente porque las cosas con las que no somos honestos no pueden ser perdonadas mientras las ocultemos de nuestra conciencia. Por lo tanto, la confesión guiada por el Espíritu Santo puede servir a un propósito amoroso. Nos puede permitir traer honestamente la oscuridad del ego a la superficie, de forma tal que pueda ser sanada por la luz del perdón. La confesión a otra persona es una forma en la cual podemos entregar nuestros secretos al Espíritu Santo para que Él los pueda desvanecer con su fulgor. Y entregarle nuestros secretos a El es todo lo que necesitamos para experimentar Su luz Sanadora. El Espíritu Santo tan solo te pide esto: que lleves ante El todos los secretos que le hayas ocultado.

luz.

Ábrele todas las puertas, y pídele que entre en la oscuridad y la desvanezca con su

Si lo invitas, Él entrará gustosamente.

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Y llevará la luz a la oscuridad si le franqueas la entrada a ella.

¿Qué es el Espíritu Santo? por Robert Perry Traducido por Rosa Hernández Mula con la autorización del Circle of Atonement Siendo un jovencito luterano, recuerdo un día en que un conferenciante, que nos visitaba en nuestra clase de catequesis, nos relataba la ocasión en que le habían pedido que explicase la naturaleza y la función del Espíritu Santo, durante su entrenamiento pastoral en Japón. En ese momento, me miró directamente e inquirió. "Bien, ¿qué contestarías tú si alguien te preguntara qué es el Espíritu Santo?". Me sentía avergonzado y a punto de quedárseme trabada la lengua -ya que no tenía ni una pista sobre el tema- cuando comprendí que la que me acababan de hacer era una pregunta retórica. Sin embargo, desde ese día, intenté contestar mentalmente a esa pregunta, por si en alguna ocasión se me hacía de forma real. Hoy en día, entre los estudiantes de Un Curso de Milagros, esta cuestión de qué es el Espíritu Santo y qué lugar ocupa en nuestras vidas es uno de los temas que más controversias provoca. Difícilmente puedes mencionar al Espíritu Santo sin que las respuestas sean opuestas. Recuerdo una reunión de un grupo de estudio del Curso en que una mujer compartió que cuando en una ocasión parecía no poder ponerse los pendientes en sus orejas perforadas, le pidio ayuda al Espíritu Santo "Y, desde esa primera vez, siempre me funciona", dijo. Otra persona del grupo respondio que él una vez le pidio al Espíritu Santo que le ayudase con su swing de golf y, como resultado, realizó un juego absolutamente terrible. "No creo que el Espíritu Santo sepa nada acerca de golf", concluyó, intentando señalar diplomáticamente que el Curso no tiene nada que ver con pendientes o golpes de golf. Estas son las dos formas opuestas de pensamiento de la que, constantemente, soy testigo entre los estudiantes del Curso. A una de las posturas yo la llamaría el ala liberal (utilizando la terminología sobre la que escribí en el nº 4 de la Revista Miracles). Este ala liberal, en general, parece sostener que existe este Ser, llamado Espíritu Santo, a Quien Dios creó como respuesta a la separación. Este Espíritu es muy consciente (conscious) y activo, y está continuamente trabajando en nuestro interior para sanar nuestras mentes. Además, este Espíritu se interesa realmente por cada detalle de nuestras vidas. El tiene un plan para literalmente todo: todo lo que pensamos, decimos y hacemos. Por lo tanto, según los liberales, ofrecer los acontecimientos de nuestra vida diaria al Espíritu Santo es un punto fundamental en el estudio y práctica del Curso. Deberíamos buscar Su guía en todo lo que hacemos y deberíamos tener fe en que El cubrirá todas nuestras necesidades terrenales. Al otro polo, yo lo llamaría el ala conservadora. El arquitecto en jefe del ala conservadora es Ken Wapnick, posiblemente el más respetado intérprete de Un Curso de Milagros. Como él realmente construyó sin ayuda el punto de vista conservador, trataré directamente con sus

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enseñanzas en este tema. Según Wapnick, el Espíritu Santo no trabaja en el mundo. Su función no tiene que ver con nuestro día a día físico. Su función es ayudarnos a ver las cosas de forma diferente, no a hacer las cosas de otra forma. El está ahí para sanar nuestras mentes, no nuestras vidas externas. El, de hecho, ni siquiera es un Ser que Dios creó, ya que Dios no es siguiera consciente de nuestro sueño (de separación). En cambio, el Espíritu Santo es nuestro propio recuerdo del Amor de Dios. Por lo tanto, desde este punto de vista, no hay un Espíritu creado que, de forma activa, se acerque a nosotros para darnos la salvación. Las diferencias entre estos dos puntos de vista no son meramente superficiales, semánticas o irrelevantes. Porque estos dos puntos de vista conforman -en diferentes maneras- la forma en que realmente recorremos el camino del Curso. Dos importantes formas que yo veo así: 1. APLICACIÓN PRACTICA. El ala liberal enfatiza mucho más el hecho de recibir guía en nuestra vida diaria. El ala conservadora, según expresión Ken Wapnick, admite que el hecho de recibir guía puede ser una parte valiosa en los primeros estadios del camino. Así, éste es el "nivel de acceso". 2. SENTIMIENTO. Ambas posiciones comunican muy diferentes opiniones, resultantes en caminos que conllevan cualidades de sentimiento diferentes en su conjunto.. Y en el sendero interior, donde los sentimientos pueden llevarnos hacia Dios o apartarnos de El, éste es un factor importante. El ala liberal tiene el reconfortantes sentimiento de que una Mano Divina se extiende hacia nosotros, compasivamente y de forma real, para ayudarnos a hacer lo que no podemos hacer solos. El ala conservadora, sin embargo, es reconfortada con la idea de que Dios no está intentando ayudarnos en nuestra condición de separación. Porque si El fuese consciente de nuestro problema, sostienen los conservadores, ésto haría la separación eternamente real. Para los conservadores, por lo tanto, el lado liberal nos consolida más firmemente en este mundo, pues tienen un sentimiento que tiende a hacer real el mundo. El propósito de este artículo es explorar el asunto del Espíritu Santo en un esfuerzo por averiguar qué enseña realmente el Curso. En este artículo en particular examinaré sólo la mitad del asunto, el nivel de la aplicación práctica. Quizás en un futuro abordaré el nivel teórico -lo que acabo de tratar como el nivel de sentimiento. En este artículo voy a responder a ambos puntos de vista, el liberal y el conservador, así como exponer mi propia interpretación. Algunos pueden opinar que dirimir directamente diferentes interpretaciones del Curso es inútil. Así pues, hablar de diferencias es sólo una forma. Es el contenido que tú pones en la forma lo que hace que aquél sea útil o inútil. Y, según mi experiencia, si el contenido es una búsqueda amorosa de la verdad, el examinar las diferencias puede ser una ayuda inestimable para que sopesemos la evidencia y llegar a nuestra propia decisión de lo que es cierto. ¿ES LA ESENCIA DEL CURSO GUIAR TU VIDA TERRENAL? Como ya he dicho, entre los estudiantes más liberales del Curso parece haber una actitud omnipresente de que entregar tus asuntos terrenales al Espíritu Santo es casi la cumbre de la práctica del Curso. Esto significa que, a cada paso, preguntamos al Espíritu Santo qué hacer, en vez de decidir por nosotros mismos. Buscamos su consejo. Y, en vez de pensar que debemos controlar nuestras vidas nosotros mismos, permitimos que Él las orqueste milagrosamente, al punto incluso de confiar en que Él nos proveerá en nuestras necesidades concretas, tales como dinero.

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La opinión de los conservadores es que el valor de este elemento del Curso se ha exagerado por los estudiantes de UCDM. Yo estaría de acuerdo en este punto. Recientemente, he tratado de recopilar todo lo referente a cómo el Espíritu Santo afecta a nuestra vida diaria -decisiones, posesiones, acontecimientos de nuestra vida y he conseguido reunir 20 páginas y 2 panfletos de los 3 volúmenes del Curso. De 1.200 páginas en total, eso no es mucho. En consecuencia, pienso que ser guiado por el Espíritu Santo es relativamente un tema menor en el Curso, exactamente como pienso que lo es la meditación. Por qué? Hay una razón muy simple. En lo más profundo de nuestra condición humana, existe la creencia en el mundo exterior. Esta creencia no es una teoría metafísica abstracta para nosotros; es un principio conductor más allá de casi todos nuestros pensamientos, sentimientos y acciones. En nuestras vidas diarias esta creencia metafísica toma la forma de dos creencias funcionales: 1) el poder está en el mundo, fuera de nosotros. Esto significa que nosotros estamos bajo el control del mundo. Nuestros sentimientos son dictados por sus formas, sus acontecimientos, su aprobación, sus vientos de cambio. Esto puede catapultarnos a la felicidad o lanzarnos a la más abyecta miseria. 2) la realización reside en el mundo, fuera de nosotros. Esta creencia nos dice que estamos inherentemente vacíos e incompletos. Y, por lo tanto, a nuestro modo de ver, si la realidad está allá fuera en el mundo, la realización debe estar en el mismo sitio. Nos realizamos, entonces, consiguiendo que el mundo nos garantice la realización, brille su aprobación en nosotros, nos diga que somos especiales. Nuestra tarea en la vida es acumular sus recursos, sus placeres, sus premios y su amor. Nuestras vidas en el mundo, por lo tanto, son básicamente un intento de manipular y controlar el mundo de manera que consigamos que nos ocurra "lo correcto", las cosas que nos harán sentir bien o mal. Esta forma de ser está tan profundamente arraigada que, cuando seguimos el camino espiritual, es muy fácil retenerla y, solapadamente, organizar nuestra espiritualidad alrededor de esta forma de ser. Esto significa que nosotros, simplemente, le damos a Dios el trabajo de hacer que ocurran las cosas "adecuadas" en nuestras vidas -bien guiándonos bien mediante intervención directa-; esas cosas que nos harán sentir bien y no mal. Claramente, esto no sana el problema raíz. Lo único que lo hará es renunciar a nuestra creencia básica en la realidad del mundo. Debemos comprender que lo que ocurre fuera de nosotros no tiene poder sobre nosotros, ningún poder de hacernos felices, ningún poder de causarnos dolor. Debemos aceptar esto humildemente, sin importar lo que nos suceda, sin importar cómo nos trata el mundo. La realización infinita ya reside brillante en nosotros, esperando ser descubierta. En esencia, debe dejar de importarnos en qué dirección soplará el viento del mundo. Piensa durante un momento en la enseñanza central del Curso: el perdón. De cualquier forma que lo mires, perdonar significa dejar ir mi rabia por las cosas que no van bien, porque el mundo no me esté tratando bien. ¿Cómo puedo liberarme de esa rabia a menos que no vuelva a estar volcado en que las cosas vayan bien, a menos que deje de importar cómo me trate el mundo? Al final, debo de llegar a estar tan desapegado que, no importa qué ocurra fuera de mí, me mantendré firme, impertérrito, descansando a salvo en la paz de Dios. Este, según el Curso, es el mensaje que Jesús enseñaba en su crucifixión. Esto es por lo que, cuando el Manual del Maestro pregunta: "¿Se requieren cambios en las condiciones de vida de los maestros de Dios?" su primera respuesta es: "Se requieren cambios en las mentes de los maestros de Dios" (Manual, p.30, M-9.1:1). Y esto es, creo, lo que la posición

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conservadora persigue. Esto está tratando de recordarnos que éste es un Curso sobre el cambio en nuestras mentes, en perdonar, en liberarnos de valores externos, e ver aspectos pasados, en comprender que no hay mundo. En este recordatorio, yo creo personalmente que los conservadores están facilitando una corrección vitalmente necesaria, por lo que yo veo un casi desequilibrio en el lado liberal. El valor de la ayuda concreta del Espíritu Santo Si el valor de la ayuda concreta del E.S. ha sido sobrestimada por parte de los liberales, ¿cuál es su valor?¿Tiene ésto algún valor? Veamos, en primer lugar, qué dice el ala conservadora. En su serie de cintas "Hacer del Espíritu Santo Algo Especial" Ken Wapnick establece repetidamente que pedir a Jesús o al E.S. ayuda en nuestras vidas no deja de tener valor espiritual. Es más, es extremadamente válido e importante en los primeros estadios del camino espiritual. Lo que sigue es mi actual comprensión de lo que Wapnick está diciendo, basado en la serie de cintas mencionada. En la condición de separación, es básica la creencia en un Dios separado de nosotros. A causa de nuestra culpa proyectada, este Dios parece ser horriblemente cruel, castigador y juzgador. Sentimos que debemos asegurarnos de no tener nunca un cara a cara con Él o se nos arrebatará la existencia como castigo por nuestros pecados. Esta creencia en un Dios dualista castigador está tan profundamente asentada que no podamos ir directamente aquélla hasta el verdadero conocimiento de un informe (sin forma) Dios de Amor, no-dual. Debe de haber un estadio de transición. Debemos primero experimentar "un Dios dualista, pero amigable más que un Dios dualista que es nuestro enemigo". Esta es una lección que aprendemos al pie de la escalera de nuestro camino espiritual, una lección de jardín de infancia, que pavimenta el camino para las lecciones, más avanzadas, por llegar. Éste, se nos dice, es el valor de la ayuda concreta procedente del E.S. Esto nos convence de que Dios es amigable, no cruel. Este cubrir nuestras necesidades terrenales respalda nuestra creencia en la realidad de esas necesidades y, por lo tanto, la misma realidad terrenal. Y la idea del E.S. cubriéndolas para nosotros respalda nuestra creencia de que somos los receptores especiales de sus favores. Así, al Espíritu Santo le merece la pena entrar en este enredo, convertirse en un "agente para especiales", porque esto enseña la crucial lección de que no tenemos nada que temer de Dios. Y, una vez que hemos aprendido esa lección, podemos pasar desde nuestra preocupación por las formas exteriores al verdadero punto esencial de las cosas: cambiar nuestras mentes acerca de la realidad del ego, su pecado, su culpa y su universo físico. Personalmente, siento que hay mucha verdad en ese punto de vista. Aún tan valiosa corrección para la posición liberal como creo que es, también pienso que es una corrección excesiva. Si yo lo entiendo correctamente, Wapnick parece estar diciendo que la ayuda del ES en nuestros asuntos materiales es algo tan reforzador del ego que, básicamente, sólo tiene valor en hacer que nos desplacemos desde la percepción de un cruel Dios dualista a una percepción de un amigable Dios dualista. Ahora, pienso que la ayuda del Espíritu Santo tiene ese valor, pero la idea de que éste es su único valor no me parece que refleje fielmente las palabras del Curso. Porque el Curso no calla en este asunto. Esboza su filosofía de por qué la ayuda concreta del ES es valiosa y significativa. Por eso, cualquier discusión sobre este tema en particular por parte de estudiantes del Curso, tiene necesariamente que estar basada en lo que el propio Curso dice. Puedo encontrar cinco razones en el Curso por las que debemos buscar la ayuda concreta del ES

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1. Él nos proporciona símbolos del Amor de Dios inteligibles para nuestra ilusión. Esta primera razón es, esencialmente, de la que Wapnick está hablando. En el folleto "The Song of Prayer" se refiere específicamente a ella. El él se nos dice que cuando el E.S. nos da una respuesta, que la forma de la respuesta "es meramente un eco de la respuesta de Su Voz. El sonido real es siempre un canto de agradecimiento y de amor" (Song of Prayer, p.2; S-1.I:8-9). En otras palabras, la forma de la respuesta -por ejemplo, las palabras que escuchamos, el cheque inesperado en el correo- es simplemente un símbolo onírico del Amor de Dios, un símbolo comprensible de lo inefable. En una línea similar, el Curso establece que la vista de los resultados del E.S. trabajando a través de nosotros ofrece prueba necesaria -prueba en términos que nosotros podamos entenderde que la Divinidad reside dentro de nosotros, de que estamos todavía conectados a Dios: "El Espíritu Santo es invisible, pero puedes ver los resultados de Su Presencia, y por ellos te darás cuenta de que Él está ahí. Es claro que lo que Él te capacita para hacer no es de este mundo, pues los milagros violan todas las leyes de la realidad tal como este mundo la juzga. Las leyes del tiempo y del espacio, del volumen y de la masa son transcendidas, pues lo que el Espíritu Santo te capacita para hacer está claramente más allá de todas ellas. Al percibir Sus resultados, comprenderás dónde debe estar Él, y sabrás, por fin, lo que Él es" (Texto, p. 254; T-12.VII.3). 2. Él nos proporciona símbolos de la mente correcta. Esto está estrechamente relacionado con el primer punto, pero es sutilmente diferente. El Curso constantemente da a entender que las formas que el Espíritu Santo nos proporciona no están diseñadas sólo para convencernos de que Él es un chico amable. Están diseñadas para ser símbolos de Su manera de pensar. Él elige aquellas palabras, imágenes, objetos, acontecimientos y situaciones que apelan a la mente y refuerzan el pensamiento superior (tanto directa como indirectamente). Dejados a nuestro propio ingenio escogeremos símbolos que expresen y refuercen el ego. Dando nuestro consentimiento a las formas que Él escoge, realmente estamos dando nuestro consentimiento al cometido más allá de la formas; se lo estamos dando a Su cometido. Una y otra vez los pasajes del Curso dan a entender que la elección de las formas por parte del Espíritu Santo conllevan Su cometido, Su propósito. Se nos ha dicho que el E.S. emite juicios de forma por nosotros, juicios que requieren "conocer todos los hechos, pasados, presentes y por venir" (Manual, p. 32; M-10.4:8), por lo que deja claro que todos Sus juicios de forma tienen un único sentido: "El Hijo de Dios es inocente y el pecado no existe" (Manual, p.31; M-10.2:9). El Curso también dice que "todo acontecimiento, pasado, presente y por venir, es amorosamente planeado por Aquél cuyo único propósito es tu bien" (Libro de Ejercicios p.271; LE-135.18:1) dando a entender que los acontecimientos que Él planea son vehículos para su propósito de traernos el "bien" o (como dice tres frases más adelante) "la vida eterna". El siguiente pasaje lo establece aún más claramente: "Sus decisiones reflejan lo que Dios sabe acerca de tí" (Texto, p. 308; T14.III.16:2). Y cuando aquí se habla de "decisiones", significan decisiones de forma, el tipo de decisiones que hace que tú "luches tan frenéticamente por tratar de prever lo que no puedes saber" (Texto, p. 308; T-14.III.16:3). A un nivel más específico, el Curso dice que el E.S. sabe qué volúmenes del Curso serán las mejores ayudas de aprendizaje para nosotros en este punto de nuestro camino (Manual, p.77; M29.2). Las ayudas de aprendizaje, por supuesto, son meramente formas. Pero Él sabe qué formas representarán para nosotros el significado del aprendizaje que necesitamos en es te preciso momento. A lo largo de esas misma líneas, el Curso dice que no deberíamos decidir qué posesiones físicas necesitamos porque escogeremos esas formas que, para nosotros, representen

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el ego: "lo que tú crees necesitar servirá simplemente para fortificar tu mundo contra la Luz" (Texto, p. 283; T-13.VII.11:6). En cambio, debemos comprender que "sólo el Espíritu Santo sabe lo que necesitas" (Texto, p. 284; T-13.VII.12:1). En estos pasajes, y en muchos otros, del Curso está estableciendo muy claramente que, en cualquier momento en particular, ciertos símbolos del sueño van a ser más educativos que otros para nosotros. El E.S. elige estas formas para nosotros no porque crea que las formas son importantes en y por sí mismas, sino porque Él quiere utilizar aquellas formas para diseñar y reforzar un cierto contenido en nosotros. Y el punto es que sólo Él sabe qué lección es mejor que aprendamos en este estadio de nuestro desarrollo. Y sólo Él sabe qué formas llamarán la atención de nuestra mente y reforzarán ese contenido (lección) en nuestra mente particular. Por esta razón, muchos pasajes en el Curso asumen que hay algo importante en dejar al E.S. que elija las formas. Por ejemplo: "lo que se da en Su Nombre se manifiesta en la forma más útil posible en un mundo de formas. Esas son las formas que jamás pueden engañar, ya que proceden de la Amorfía Misma" (Libro de Ejercicios p. 378; LE-186.13:5-14:1). He oído a algunos estudiantes del Curso decir que ya que las formas no tienen sentido, cualquier forma es tan buen aula como cualquier otra. Pero, tal y como podemos ver por las referencias anteriores, el Curso no opina de esa manera. Es cierto que las formas no tiene significado inherente. Pero el hecho es que, mientras creamos en un mundo de formas, algunas formas serán símbolos más efectivos que otros para un pensamiento concreto. Por ejemplo, abrazar a alguien es un mejor símbolo del amor que cortarle la cabeza con una motosierra. La Monna Lisa es un mejor símbolo de la belleza que un vómito en el suelo. Una sonrisa es un mejor símbolo de felicidad que un grito de terror... Ciertamente, el E.S. lo sabe. Él, de hecho, escribió un Curso que es una larga cuerda de formas cuidadosamente elegidas: las palabras. Él no puede creer que esas palabras sean verdaderamente significativas. Pero Él conoce el efecto que esas palabras harán en nuestras mentes. 3. Él nos proporciona los perfectos símbolos del sueño para ayudar a los demás. Este punto está muy relacionado con el anterior. Del mismo modo que no sabemos qué símbolos será las mejores herramientas de aprendizaje para nosotros mismos, tampoco sabemos cuáles son las mejores herramientas de aprendizaje para los otros. Nuestra función en la tierra es facilitar el despertar de otros. Hacemos esto, por supuesto, mediante el perdón. Pero para que este perdón sea de la máxima efectividad, debe ser comunicado a la otra persona de la forma más apropiada posible. "Esto quiere decir que, para que un milagro sea lo más eficaz posible, tiene que ser expresado en un idioma que el que lo ha de recibir pueda entender sin miedo" (Texto, p. 26; T-2.IV.5:3). Tal y como el Curso repite una y otra vez, no estamos en condiciones por nosotros mismos de saber qué idioma es ése, ni de saber qué símbolos del sueño cumunicará amor más efectivamente a la otra persona. Sencillamente, nosotros no tenemos la omnisciencia requerida para ello. Las referencias a esta idea en el material del Curso son demasiado numerosas para mencionarlas todas. Aquí hay una: " debería ser la única pregunta que hagas cuando la ayuda es necesaria y se busca el perdón. No necesitas juzgar la forma que toma la búsqueda. Y no te permitas ser tú quien establezca la forma en la que el perdón venga a salvar al Hijo de Dios... Él (el Cristo) conoce la necesidad; la pregunta y la respuesta. Él te dirá exactamente qué hacer, con palabras que puedas entender y que también puedas usar. No confundas Su función con la tuya. Él es la Respuesta. Tú eres el que oye" (Song of Prayer, 14; S-2.III.5).

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El uso de los símbolos terrenales es tan crítico (importante) para nuestra función aquí que, incluso cuando nosotros mismos no creamos ya mucho en los símbolos, todavía necesitaremos utilizarlos para llegar a los otros: "Sería en verdad extraño si se te pidiese que fueses más allá de todos los símbolos del mundo y los olvidaras para siempre y, al mismo tiempo, se te pidiese asumir una función docente. Tadavía tienes necesidad de utilizar los símbolos del mundo. Mas no te dejes engañar por ellos. No representan nada en absoluto, y éste será el pensamiento que en tus prácticas te liberará de ellos. Los símbolos no son sino medios a través de los cuales puedes comunicarte de manera que el mundo te pueda entender, pero reconoces que no son la unidad en la que puede hallarse la verdadera comunicación." (Libro de Ejercicios, p. 30; LE-184.9) 4. Solicitar Su ayuda es un abandono de la auto-suficiencia. El ego es, esencialmente, la idea de la auto-suficiencia, la idea de que existimos por nosotros mismos, auto-creados y automantenidos. Este pensamiento se concreta en nuestra vida diaria cuando tomamos nuestras propias decisiones y cubrimos nuestras propias necesidades. Estamos actuando como creadores, haciendo el papel de Dios. Este intento de usurpar Su papel, por supuesto, da como resultado una enorme culpa y un enorme miedo. Esto es por lo que "la culpa es inevitable en aquellos que utilizan su juicio en su toma de decisiones" (Psicotherapy, p.14; p-2.VII.4:6). Por lo tanto, para abandonar el ego debemos desentrañar esa creencia interior de que estamos solos y podemos hacerlo solos. Debemos devolver a Dios a Su trono. Hacemos esto, en parte, dejando que Él decida por nosotros y cubra nuestras necesidades. El siguiente pasaje del Manual subraya bellamente el beneficio sanador de volvernos hacia el Espíritu Santo: "... seguir las directrices del Espíritu Santo es permitirte a tí mismo quedar absuelto de toda culpa. Es la esencia de la Expiación. El núcleo central del programa de estudios. La imaginaria usurpación de funciones que no te corresponde es la causa del miedo. El mundo que ves refleja la ilusión de que has usurpado una función que no te corresponde, haciendo que el miedo sea algo inevitable. Devolver dicha función a Quien le corresponde es, por lo tanto, la manera de escapar del miedo. Y esto es lo que hace posible que el recuerdo del amor retorne a tí. No pienses, entonces, que necesitas seguir la dirección del Espíritu Santo sólo por razón de tus propias insuficiencias. Necesitas seguirlas porque es la manera de escapar del infierno" (Manual, p.77; M29.3:3-11). 5. Él se cuidará de las cosas, liberando tiempo y energía para más altas actividades. Un símbolo terrenal que el Curso contempla como muy importante es el tiempo. El único propósito del Curso, de hecho, es ahorrarnos tiempo en volver a casa. Obviamente, si tenemos que gastar todo nuestro tiempo tratando de tomar decisiones y cubriendo nuestras necesidades físicas, tendremos entonces poco tiempo -y muy poca energía- para Dios. Más concretamente, esto significa que no tendremos tiempo ni energía para estudiar el Curso y hacer los ejercicios. Por lo tanto, una de las funciones del Espíritu Santo es cuidarse de esos detalles terrenales, liberando tanto tiempo como energía. Jesús le dijo esto personalmente a Helen Schucman en términos inequívocos. Pero Él también nos lo dice en el Curso. De hecho, este es el sentido de aquel famoso párrafo sobre el Espíritu Santo "yendo delante de tí despejando el camino y no dejando escollos en los que puedas tropezar ni obstáculos que puedan obstruir tu camino" (Texto, p. 484;T-20.IV.8:5). Lo que no comprenden la mayoría de los estudiantes del Curso es que es te inspirador párrafo es dado como una respuesta a la pregunta que abre el párrafo: "Tal vez te preguntes cómo vas a poder estar en paz si, mientras

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estés en el tiempo, aún queda tanto por hacer..." (Texto p.484; T-20.IV.8:1). Como resultado, el significado del párrafo está contenido en la línea cercana al final: "No tienes que preocuparte por nada, sino, más bien, desentenderte de todo, salvo del único propósito que quieres alcanzar" (Texto, p.484; T-20.IV.8:8). En otras palabras, no necesitas preocuparte de asuntos terrenales, porque el Espíritu Santo se ocupa de todas esas trivialidades por nosotros. Esto te libera para dedicar tu tiempo y esfuerzo a lo que realmente cuenta. Tal y como yo lo entiendo, el Curso está diciendo que el valor de la ayuda específica del Espíritu Santo realmente desciende al valor de las cosas, al valor de los símbolos. Creo que hay dos cosas básicas a tener en cuenta acerca de los símbolos: 1) Los símbolos no tienen absolutamente ningún sentido; 2) Los símbolos son efectivas herramientas de comunicación para las mentes que todavía creen en este sueño terrenal. Empecemos con el punto 2. El Espíritu Santo sabe que nuestras mentes todavía ven un significado o contenido en las formas de este mundo. Y así utiliza Él esas formas para diseñar, ampliar y reforzar ciertos significados en nuestras mentes. Él los utiliza como símbolos del sueño. De hecho, Él utilizará cualesquiera símbolos terrenales de los que pueda echar mano. Se nos ha dicho que "El Espíritu Santo se vale de todos ellos" (Libro de Ejercicios, p. 371; LE-l.184.11:3) "todos los nombres y símbolos nimios que caracterizan el mundo de la oscuridad" (Libro de Ejercicios, p. 371; l.184.11:1). Los símbolos del sueño que Él envía simbolizan ante nuestra mente la idea de que Dios nos ama. También simbolizan una forma de pensamiento más elevado, una perspectiva sanada. De hecho, Él no sólo elegirá los símbolos que estimulen la corrección de la mente en nosotros, Él también nos hará saber de aquellos símbolos que alienten la corrección de la mente en otros, permitiéndonos, de ese modo, llegar a aquellos otros de forma más efectiva. Y el mero hecho de dejar que Él sea Quien elija los símbolos es un abandono de nuestros egos, una liberación del pensamiento de auto-suficiencia y, de este modo, un alivio de la culpa y el miedo. Es más, este acto de dejar que Él elija los símbolos del sueño nos libera de la laboriosa tarea de dirigir el sueño dirigir nuestras vidas físicas-, concediéndonos más tiempo y energía para Dios. Sin embargo, esta utilización de símbolos conlleva un peligro inherente, que nos lleva al punto 1): estos símbolos no tienen significado y son ilusorios en sí mismos. El peligro en la utilización de símbolos por parte del Espíritu Santo es que ésto reforzará nuestra creencia de que estos símbolos son reales, de que tienen poder real sobre nosotros y que de ellos depende nuestra compleción. Por ejemplo, cuando nos llega ese cheque inesperado por correo, el peligro está en que veamos ese cheque como algo de valor en sí mismo, en vez de ver un mero símbolo del sueño terrenal del verdadero Amor sin forma de Dios. Sin embargo, el Espíritu Santo es consciente de ese peligro y nos da esos símbolos de tal manera que nosotros entendamos que sólo son símbolos, no el objeto real. "El Espíritu Santo no tiene, por lo tanto, ningún interés en las cosas que te proporciona. Lo único que le interesa es asegurarse de que no te valgas de ellas para prolongar tu esta día en el tiempo... Deja, por lo tanto, todas tus necesidades en Sus manos. El las colmará sin darles ninguna importancia. Lo que Él te provee no conlleva ningún riesgo..." (Texto, p.284; T-13.VII.12:7-13:3). En otras palabras, si entendemos la intención del Espíritu Santo, permitiendo entonces que Él nos guíe, cubra nuestras necesidades y orqueste los símbolos del sueño en nuestra vida, no necesita reforzar nuestra creencia en la realidad del mundo o de nuestra particularidad

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(specialness). Por eso, cuando Wapnick dice que hacerle saber al Espíritu Santo nuestras necesidades es "el máximo de la particularidad (specialness)", yo no estoy totalmente de acuerdo, pues Su ayuda no tiene esa intención, por lo que no tenemos necesidad de interpretarlo así. Por lo tanto, Su ayuda no es necesariamente una bendición "mixta". Al final, sin embargo, un símbolo es sólo un símbolo, una herramienta de comunicación es sólo una herramienta: "Recuerda, entonces, que ni el signo ni el símbolo se deben confundir con su fuente, pues deben representar algo distinto de ellos mismos" (Texto, p.467; T-19.IVC.11:2). Esto es por lo que -tal y como el ala conservadora enfatiza- el foco en la ayuda específica del Espíritu Santo se aleja según vamos ascendiendo la escalera. Porque el objetivo de los símbolos es conducir, más allá de ellos mismos, al pensamiento que ellos simbolizan. Una vez que los símbolos han llevado a cabo ésto, ya no son necesarios. A pesar de todo, todavía, los símbolos tendrán algún valor para nosotros mientras permanezcamos en este mundo de símbolos. Por lo tanto, creo que el valor de la ayuda específica del Espíritu Santo no es solamente válido para el tiempo en el que creamos en un cruel Dios dualista. Es válido para todo el tiempo que dure nuestra estancia aquí. Sólo cuando partamos se nos quedará pequeño este valor. Por otra parte, lo que se nos queda pequeño mucho antes de dejar el sueño es el centrarnos en los símbolos. Esto significa que ya no pediremos guía específica para resultados y posesiones externas. Eventualmente, comprendemos que no es ahí donde descansa nuestra felicidad, que lo que realmente queremos es la Fuente del símbolo, el Pensamiento tras él; que nuestro verdadero deseo es de Amor de Dios. Esto está expresado bellamente en The Song of Prayer: "No puedes, por lo tanto, pedir el eco {la forma, el símbolo}. El regalo es la canción {del Amor de Dios}. Con ella vienen los tonos, la armonía, los ecos, ... pero esto es secundario. En la verdadera oración tú sólo oyes la canción. Todo lo demás son meros añadidos. Tú has buscado en primer lugar el Reino de Dios, y todo lo demás se te ha dado por añadidura" (The Song of Prayer, p.2: S1.I:3) Según vamos ascendiendo por la escalera, los símbolos se van volviendo periféricos, incluso inconsecuentes. Todavía nos llegan (como deja bien claro el pasaje anterior). El Espíritu Santo todavía nos guía, cubre nuestras necesidades, nos dice cómo responder a las necesidades de otros, se cuida de las trivialidades por nosotros, va por delante limpiando el camino de obstáculos para nosotros, etc. De hecho, estas cosas suceden más a menudo que nunca, pues hemos dejado nuestras vidas más en Sus manos, habiendo abandonado el pensamiento de auto-suficiencia. Y Sus símbolos todavía tienen algún valor de refuerzo pues, después de todo, todavía vivimos en el mundo de los símbolos. Pero ya no nos preocupan tanto. No los pedimos, no nos ocupamos en ellos, y cuando vienen son tan naturales y esperados que casi pasan desapercibidos. Sólo son símbolos, simples ecos. Mientras tanto, todo en nosotros está centrado en una cosa, y sólo en una cosa: escuchar la canción, esa "abrumadora canción de honor y amor que Dios derrama sobre tí eternamente en amorosa alabanza de lo que tú eres" (Texto, p. 467; T-24.II.4:5, 4). Y cuando nuestra absorción en esa canción es completa, salimos del mundo de los símbolos totalmente, "y desaparecemos en el Corazón de Dios" (Libro de Ejercicios. LE-pII.15.5:5).

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Esta es mi verdadera iglesia por Robert Perry La Madre Teresa cosechó el respeto del mundo al tenderles la mano a marginados y a los miembros de la sociedad menos favorecidos. No importan las creencias formales que uno tenga, o lo que uno haga con la vida, no podemos menos que admirar tal comportamiento. Innatamente tenemos la sensación de algo noble y verdadero, algo de Dios. En esta etapa de la historia de Un Curso de Milagros, los que estudian sus enseñanzas no parecen tener fama de este tipo de extensión desinteresada. Es más yo diría que nuestra fama está en la otra punta del espectro. En "A Better Way" (publicación de El Círculo de Expiación, Sedona, USA) hemos citado más de una vez los comentarios sobre los movimientos religiosos de California, hechos por un experto no identificado. Este experto le dijo a la revista Time que el Curso es "la religión desconectada perfecta" que "le permite a la gente impulsiva, ensimismada, narcisista a continuar con sus costumbres." Por cierto es un comentario poco caritativo. Pero no totalmente sin razón. En mi experiencia, nosotros, los estudiantes del Curso, como población no pareciéramos ponerle gran énfasis en el servicio a otros, especialmente si no son como nosotros - de clase media y cierta cultura. Aún cuando lo hacemos, las más de las veces no lo vemos como algo que el Curso patrocine, sino como algo separado del Curso. En vez de hablar de cómo podríamos ayudar más, muchas veces escucho que tratando de ayudar a otros hacemos el error real. Después de todo, decimos, ¿si el mundo es sólo una ilusión, porqué tratar de arreglarlo? En respuesta a nuestros planes de dedicar este año al servicio, acá en el Círculo, hemos encontrado esta ambivalencia hacia el servicio. Nuestra intención de hacer un esfuerzo para servir a gente necesitada, gente que tal vez esté por debajo nuestro en la escala social, les ha parecido forzado, innecesario, y hasta torpe a muchos estudiantes. Su respuesta parece decir que es bueno ser bondadoso con la gente que encontramos naturalmente, que, por supuesto, siempre va a ser la gente que ya es parte de nuestra vida. Pero salir a buscar a completos extraños con el solo propósito de ayudarlos parece antinatural, hasta ajeno al Curso. Yo, personalmente, creo que nuestra comunidad del Curso tiene frente suyo un tema mayúsculo que debe afrontar. Henos aquí creyendo que el autor de nuestro camino es un hombre a quien se le reconoce haber cruzado los límites sociales, asociándose con los marginados, sanando a los ciegos y a los rengos. Así es como lo describe el estudioso Alemán Gunther Bornkamm en su obra que hizo época: Jesús de Nazaret: Por lo tanto la gente que recibe ayuda de Jesús es siempre, como lo demuestran los Evangelios, gente marginada, hombres que por destino, culpa o prejuicios de esos días, se los considera marcados, marginados: gente enferma...; endemoniados...; leprosos...; los Gentiles que no comparten los privilegios de Israel; mujeres y niños que no cuentan para nada en la comunidad y gente realmente mala, los culpables, a quienes el hombre justo asiduamente mantiene a distancia. Esto es una de las cosas más ciertas que sabemos de Jesús históricamente. Sin embargo ahora, resulta que creemos que él ha cambiado de proceder, rechazando este enfoque compasivo de los demás a favor de un enfoque ensimismado de nuestras propias mentes.

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Estamos estudiando un libro lleno de imágenes de tenderles la mano a los sin techo (L.166 46), de abrir nuestros hogares a extraños que sufren (L.159.7), de ofrecer refugio a los que deambulan sedientos (T.18.VIII.9), de organizar un banquete donde todos son bienvenidos como invitados de honor (T-19.IV[A].16), de establecer templos de sanación "para todos los que están fatigados" (T-19.III.11:3) y ofrecer festines de abundancia para nuestros hermanos hambrientos (T28.III.7-9)! Son imágenes que se parecen mucho a la forma en que Jesús vivió su propia vida. Sin embargo hemos logrado ignorar estas imágenes, o descartarlos como metáfora pura. En un artículo anterior ("La Visión Social de Un Curso de Milagros)," examiné pasajes del Curso que demuestran una forma totalmente distinta de vivir en sociedad. Esta forma consiste en establecer oasis de amor y perdón en un mundo sediento de amor, y luego invitar a "todos los que están fatigados" a entrar en estos oasis. No quiero repetir lo que dije en ese artículo, sólo quiero que quede claro que Jesús quiso que nosotros sirvamos a otros en las formas tan concretas que he descrito. Cuando el Curso, por ejemplo, habla de ofrecer festines de abundancia para nuestros hermanos hambrientos (T-28.III.7-9), ¿cómo sería eso? Después de todo, en ese pasaje en particular, los hermanos no están hambrientos físicamente, sino por dentro, y el festín se compone de milagros, no de comida. ¿Qué es lo que el autor del Curso verdaderamente quiere decir cuando habla de alimentar a los hambrientos o darles refugio a los sin techo? ¿Lo dice literalmente? Para ser honesto, es difícil estar seguro, por lo tanto en este artículo yo quiero consultar un libro donde sí podemos encontrar la respuesta. Ese libro describe al autor del Curso hablándoles a sus escribas, Helen Schucman y Bill Thetford, acerca de situaciones concretas en el mundo. Ahí, lo que estaba tratando de decir es de lo más ambiguo. Ahí es donde quiero ir ahora, a la guía personalizada que fue para Helen y Bill (que como sabrán, está registrado en Ausencia de Felicidad de Ken Wapnick [sin traducción al castellano]). Al consultar esta guía, estaré tratando de contestar esta única pregunta: ¿Recibieron los escribas del autor del Curso, indicaciones de servir a otra gente en formas concretas, incluyendo servir a extraños y a los socialmente marginados? Guía personalizada para Helen Schucman Cada vez que reviso este tema en Ausencia de Felicidad me sorprende cuántas indicaciones le daba Jesús a Helen para que hiciera cosas para otros. Por ejemplo, Jesús le da instrucciones que visite a un amigo moribundo en el hospital, y que visitara a su suegra cierta tarde en vez de hacer lo que ella quería, que era lavarse la cabeza. Estos actos de servicio contestan la primera parte de mi pregunta de si Jesús les indicaba o no a sus escribas que sirvieran a otros en formas concretas. Sin embargo, ya que estos actos estaban dirigidas a personas que ya estaban dentro del círculo social de Helen, no contestan la segunda parte de mi pregunta: ¿Recibieron Helen y Bill indicaciones de Jesús de tenderles una mano a los extraños, especialmente aquellos que estaban socialmente por debajo de su propio nivel? Esta pregunta comienza a contestarse en otra historia de Helen, que se ha hecho famosa entre los estudiantes del Curso: el cuento de la compra de un tapado de piel. Helen quería tener un tapado de invierno y Jesús le dijo que fuera a un negocio de descuentos, que ella juzgaba que no era lo suficientemente respetable para ella. Ahí, no sólo encontró el tapado exacto que ella quería, sino que también pudo serle extremadamente útil al vendedor, que tenía un hijo retardado (un área de la especialidad profesional de Helen). Después, Jesús dijo que él la mandó a este negocio en particular, porque ahí iba encontrar justo el tapado que quería y "porque el peletero te

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necesitaba". Entonces, aquí Jesús proclama que envió a Helen a una misión insospechada para ayudar a un completo extraño con un hijo discapacitado. La Historia de la Clínica Mayo Encontramos un tema similar, el de ayudar a un completo extraño, en la intrincada y fascinante anécdota de la Clínica Mayo. Esto ocurrió en Septiembre de 1965, apenas antes de comenzar el dictado del Curso. Esa primavera, Helen y Bill se habían unido para buscar "una manera mejor" de hacer las cosas. Esto, como saben la mayoría de los estudiantes del Curso, disparó una serie de visiones internas en Helen, además de una serie de experiencias psíquicas. Helen estaba ahora en medio de la etapa posterior, lo que ella llamaba su "etapa mágica". Los poderes psíquicos que estaba descubriendo le provocó mucha ansiedad, aunque también le causaban sentimientos de orgullo y engreimiento. Sin saberlo, estaba aproximándose a una decisión crucial acerca del propósito que le daría a sus dones recién descubiertas. En este tiempo, el hospital los mandó a ella y a Bill a una visita de investigación a la Clínica Mayo. La noche antes de partir, Helen recibió en su mente una imagen clara y detallada de una iglesia Luterana, que se sentía segura que verían al día siguiente cuando arribaran a Rochester, Minnesota. Sin embargo no fue así, y luego de una agotadora búsqueda en un taxi que tomaron, pasando por veinticuatro de las casi treinta iglesias de la ciudad, todavía no la habían encontrado. Finalmente, al día siguiente en el aeropuerto, listos para regresar a casa, Bill encontró una guía turística con una foto de la misma iglesia que Helen había "visto." La ironía es que había ocupado el sitio de la actual Clínica Mayo, pero se había demolido a fin de construir el hospital. En el viaje de vuelta hicieron escala en Chicago. En el aeropuerto, Helen vio a una joven mujer, obviamente viajando sola, sentada contra la pared. Helen, aparentemente en virtud de las mismas habilidades por las que había visto la iglesia, "sentía olas y olas de angustia que la atravesaban". Aunque Bill no quería que Helen les involucrara con esta persona desconocida, y no vio ninguna señal de la angustia que Helen presentía, Helen insistió en que tenía que ir a hablar con ella. La mujer se llamaba Charlotte. Estaba aterrorizada de viajar y entonces, Helen y Bill se ofrecieron para sentarse de cada lado de ella en el avión, mientras que Helen la tomaba de la mano. Había sentido como que la vida la estaba "acorralando" y entonces, sin hacer ningún plan, había dejado a su esposo y tres hijos, y sin más que una pequeña valija y unos pocos billetes de cien dólares, se iba a Nueva York para empezar una nueva vida, sin planes de alojamiento ni nada. Era Luterana, y estaba segura que lo único que tenía que hacer era encontrar una iglesia Luterana en Nueva York y que ellos se ocuparían de ella. Bill y yo cruzamos miradas. El mensaje no era difícil de entender. "Y esto," me pareció escuchar, "es mi verdadera iglesia ... ayudar al otro; no el edificio que viste antes." (Viaje sin distancia) Helen y Bill la ayudaron mucho a Charlotte durante su breve estadía en Nueva York. Hasta le encontraron una iglesia Luterana para quedarse. Luego de eso regresó a su familia, y Helen se mantuvo en contacto con ella durante muchos años. Õsta me parece una historia fascinante, que en el fondo demuestra más de lo que al principio se sospecha. Veámoslo más de cerca. Helen comienza yendo en busca de una iglesia en particular. Pero en realidad es una búsqueda para confirmar sus poderes psíquicos. Esta búsqueda se frustra, y uno tiene la impresión de que debiera frustrarse. Hay algo que no está bien acerca de su afán excesivo de confirmar sus visiones psíquicas. Por lo tanto, aún cuando encuentra su iglesia,

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descubre que es algo muerto del pasado. Ha sido reemplazado por otra cosa, del mismo modo en que su fascinación con sus poderes tenía que ser reemplazado. Charlotte también está buscando una iglesia. Ella quiere un lugar que la ayude y que sea un refugio en esta difícil etapa de su vida. Inesperadamente encuentra ese lugar con Helen y Bill. Su verdadera iglesia no era un edificio en Nueva York, sino dos personas que encontró en su camino. E irónicamente, al encontrar Charlotte su iglesia, Helen encontró la propia. Helen había estado buscando una iglesia en particular en Minnesota, pero, al ayudarla a Charlotte, lo que encontró era una iglesia muy distinta. Encontró la verdadera naturaleza de la iglesia en sí. En el proceso también descubrió el verdadero propósito de sus habilidades psíquicas, pues fue llevada a ambas iglesias a través de esas habilidades. El mismo poder que le reveló la iglesia Luterana también le reveló la necesidad que tenía Charlotte. ¿Cuál era el mejor uso de este poder, ver edificios del pasado, o sentir la necesidad de alguien en el presente? ¿Para impresionar a otros o para ayudar a otros? Esta experiencia dejó su marca sobre Helen. Le llevó directamente a finalizar su etapa mágica, y más específicamente la llevó a su visión de la cueva de los rollos manuscritos, en que eligió usar sus poderes psíquicos como un canal al servicio de Dios, no como una forma ostentosa de leer el pasado y el futuro. Esta elección significó su plena aceptación de su papel de escriba del Curso, que comenzó sólo semanas más tarde. Helen comenta: Estoy muy agradecida a Charlotte. Se me ocurre que si no fuera por ella jamás hubiera encontrado el manuscrito sin su ayuda. Es muy posible que la magia tenía que finalizar debido al simple hecho de Charlotte antes de que yo pudiese tomar la decisión final de abandonar la magia reemplazándola por algo mucho más deseable. En esta experiencia, entonces, Helen y Charlotte están claramente en paralelo. Ambas son mujeres viajando a una ciudad distante, esperando encontrar una iglesia Luterana. Detrás de esa búsqueda, sin embargo, hay otra que es más profunda. Ambas en realidad están procesando un tema mayúsculo de vida, que no es otro que encontrar su lugar correcto. Charlotte quiere salirse de su situación asfixiante y está preguntándose si debiera estar con su esposo e hijos. Helen está procesando qué es lo que debe hacer con sus poderes psíquicos, una cuestión que determinará si ha de cumplir con su función de ser escriba del Curso. Ambas encuentran su iglesia, pero resulta que ese no es su verdadero destino. Su búsqueda sólo concluye verdaderamente cuando sus caminos se cruzan y se encuentran la una con la otra. A través de su asociación, cada una encuentra la ayuda para resolver el tema que le enfrenta y también su lugar en la vida. Charlotte regresa a su familia (aunque eventualmente se separa de su esposo y es más feliz por ello), y Helen abandona la magia y se embarca en su verdadera función como escriba de Un Curso de Milagros. Ambas, en efecto, descubren que la verdadera iglesia no es los edificios que estaban buscando, sino la profunda ayuda que reciben la una de la otra. Ken Wapnick dice que esta "era una de las más significativas experiencias que Helen y Bill compartieron juntos." Da la impresión de haberse entrelazado muchos elementos de manera cuidadosamente orquestada, visiones psíquicas, guía interior, circunstancias físicas, y temas de vida mayúsculas, todas entretejidas para señalar algo. ¿Y qué era ese algo? Se podría decir que era esto: la verdadera espiritualidad no consiste en ir a la iglesia ni de ejercitar poderes sobrenaturales, sino de ayudar a un hermano necesitado. El único propósito de la experiencia era que Helen y Bill le tendieran la mano a esta persona totalmente desconocida; y no a cualquier

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desconocida, sino a alguien a quien tal vez preferirían evitar, alguien en el proceso de dejar a su esposo y tres hijos sin previo aviso. Bill no es exactamente un héroe en esta historia, pero ciertamente podemos entender su actitud. Imaginemos que uno está tomando un vuelo a casa a la noche, rendido porque nos pasamos la noche anterior buscando una iglesia infructuosamente. Todo lo que uno quiere es un poco de paz regresando a casa. Entonces, soportando una escala de una hora en un aeropuerto frío, vacío, el acompañante de uno (que lo hizo pasear en busca de esa iglesia) le pone el ojo encima de una desconocida e insiste, primero, que uno tiene que hablar con ella, y luego, que ella se siente entre los dos en el avión. ¿Cómo hubiera reaccionado? Yo admito que hubiere estado fuertemente tentado a reaccionar justo como lo hizo Bill, y sentir que ayudar a Charlotte era algo que me invadía. ¿Porqué sus problemas se vuelven míos? ¿Porqué he de ser yo el que la ayude? Además me pregunto cuántos de nosotros buscaríamos justificar esta posición con las municiones del Curso. Todos sabemos cuales son: sus problemas los fabricó ella; sus circunstancias no son reales; su sufrimiento es sólo una proyección mía; yo tendría que cambiar de parecer, no cambiar el mundo; mi única responsabilidad es aceptar la Expiación para mí mismo; etc. Sin embargo en el Curso no hay justificación para esta actitud. El hecho es que la elección de Helen de ayudar a Charlotte, como ella misma lo admitió, bien pudo haber sido lo que permitió que el Curso viniera a través de ella. Piénsenlo: si Helen no hubiese ayudado a Charlotte, el Curso tal vez nunca hubiera llegado a tu vida. La próxima vez que sientas un tironeo para que le tiendas la mano a alguien que lo necesita, y estés sopesando si lo vas a ayudar o no, podrías pensar acerca de qué gran cosa podría salir de este gesto de solidaridad La conferencia de Princeton La última anécdota que quiero compartir es el más claro ejemplo de todos los argumentos que estoy tratando de presentar. En enero de 1966, a Bill se le pidio que asistiera a una conferencia sobre rehabilitación en Princeton, Nueva Jersey. Jesús tuvo mucho que decir acerca de esta conferencia. Dijo que había arreglado que Bill fuera. ¿Por qué? Porque Bill necesitaba rehabilitarse, y sólo lo haría si rehabilitaba a otros. Sin embargo, como vimos en la historia de la Clínica Mayo, él se resistía a prestar ayuda. De hecho, les tenía miedo a aquellos que necesitaban rehabilitación. Temía ver los cuerpos tullidos, porque le recordaban lo vulnerable que era su propio cuerpo. Le temía a los cerebros dañado por la misma razón. Y le temía a aquellos con egos débiles, que los hacía dependientes de otros, porque le hacía recordar a su propia debilidad. Como resultado, según Jesús, Te retraes para permitir que tu ego se recupere y para volver a lograr suficiente fuerza para volver a ser de ayuda sobre una base lo suficientemente limitada que no amenace a tu ego, pero también demasiado limitada para darte alegría a ti. (Ausencia de Felicidad) ¿No es verdad que todos nos podemos identificar con esta actitud? El sólo ver esos cuerpos rotos, cerebros dañados y egos debilitados es algo que casi todos encontramos amenazante. "Ese podría ser yo," nos damos cuenta. Sentimos cómo se socava nuestra estabilidad interna. Entonces qué hacemos, nos ponemos a resguardo, para recuperar la fuerza, de modo que podamos volver y ayudar en la medida que podamos soportarlo. Sin embargo al no ayudar más, no sólo se lo estamos negando a otro, sino a nosotros también. Nos estamos privando de alegría.

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Por eso es que Jesús mandó a Bill a esa conferencia, no para escuchar puntos de vista iluminados sobre la rehabilitación. Aparentemente, Jesús no esperaba que hubiese puntos de vista iluminados. Mandó a Bill ahí a enfrentarse con el miedo que le provocaban aquellos que necesitaban ayuda, de verlos como debilitados y dañados a pasar a verlos como merecedores del orgullo de Dios. A los fines de este propósito, lo mandó a Bill armado con una oración "de verdadera ayuda", tan popular entre los estudiantes del Curso. Muchos de nosotros hemos recitado esta oración muchas veces, tal vez cientos de veces. De lo que tal vez no nos demos cuenta es que fue dado para una situación específica, diseñada para ayudar a Bill a sobreponerse de su miedo de ayudar a todo tipo de personas que, casi seguro, nosotros mismos tendríamos miedo de ayudar. En este caso, no hubo un remedo positivo en la renuencia de Bill de ayudar a otros. No se vio como santo, como una profunda extensión de la enseñanza del Curso sobre la irrealidad del mundo. En vez, se vio de la alegría que debiera ser suya. Ese es el propósito de la última línea de la oración: "Sanaré a medida que le permita enseñarme a sanar" (T-2.V.18:6). Bill sólo encontraría su propia sanación, su propia rehabilitación, cuando aprendiera cómo ser verdaderamente de ayuda a los demás, específicamente, a una población que su ego deseaba evitar. Conclusión Comencé preguntando, "¿Recibieron los escribas del autor del Curso, indicaciones de servir a otra gente en formas concretas, incluyendo servir a extraños y a los socialmente marginados?" Aquí es donde creo que la respuesta es clara e indiscutible. Jesús les pidio a sus escribas no sólo que visiten amigos y parientes necesitados, sino que les tendieran la mano a extraños, extraños que definitivamente caen en la categoría de los socialmente marginados: los discapacitados en su desarrollo, madres que dejan a sus hijos, inválidos y discapacitados, dependientes, y aquellos con daños cerebrales. Esto incluye ayudar a extraños que conocemos espontáneamente (como en las historias del tapado de piel y la Clínica Mayo) e ir a visitar a gente en las instituciones con el propósito de ayudarlos (uno naturalmente estaría haciendo eso justamente en el trabajo de rehabilitación, y Bill tenía que perder su temor de hacer este trabajo). Y hacer este servicio siempre estaba relacionado con recibir bendiciones para uno mismo. Ayudar a otro puede estar relacionado con encontrar el tapado de invierno que necesitas, o tal vez con bendiciones más contundentes, como encontrar tu propia rehabilitación, o convertirse en una persona gozosa, o a asumir el papel que uno tiene en la salvación del mundo. El mensaje está claro: Cuando Jesús habla en el Curso de abrir nuestra casa a los extraños que sufren, ofrecer refugio a los que deambulan fatigados, o de organizar un banquete para nuestros hermanos hambrientos, no está hablando del todo metafóricamente. En vez está ofreciendo pequeñas fotos del tipo de comportamiento que espera de sus seguidores. Me llama tan poderosamente la atención que estas imágenes del Curso sean casi indistinguibles del tipo de servicio que le pidio a sus escribas que llevaran a cabo. Y ambos se parecen casi exactamente al tipo de servicio que Jesús mismo desarrolló cuando caminó sobre la tierra. ¿De verdad nos sorprende? Para mí todo esto se convierte en una idea asombrosa: desinteresadamente extender nuestra ayuda a extraños y a los socialmente marginados es parte del camino del Curso. Es parte de la forma de vida a la que el Curso nos está llevando. Como Jesús le dijo a Helen, ayudar a otros es su verdadera iglesia. Si nuestro estudio y práctica del Curso no resulta en que les tendamos la mano a

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nuestros hermanos y hermanas necesitadas, entonces no hemos entrado a su iglesia. No hemos traspasado la puerta de entrada. Y me temo que ahí es más o menos donde está actualmente nuestra comunidad del Curso: parados exactamente como era: el ego de Bill reaccionando con miedo y evitando que Bill disfrutara afuera de la iglesia, hablando de ideas elevadas, y sin entrar. De alguna manera, nosotros como comunidad hemos logrado pasar por alto lo que significa entrar. Para ser honesto, y aquí hablo por mí también, probablemente deberíamos admitir que no sólo lo hemos pasado por alto, sino que a propósito hemos mirado para otro lado. Sabíamos que el autor del Curso afirmaba ser Jesús, y la mayoría de nosotros hemos creído esa afirmación. ¿Qué suponíamos que nos iba a pedir Jesús?

La Visión Social de un Curso de Milagros por Robert Perry Si el título de este artículo les parece incongruente, estoy seguro de que no son los únicos con ese parecer. Quienes están familiarizados con Un Curso de Milagros no suelen pensar en términos de su visión social. ¿Acaso no nos impulsa el Curso a "no tratar de cambiar el mundo" (T21.In.1:7)? ¿No es nuestra única responsabilidad el aceptar la Expiación para nosotros (T-2.V.5:1)? ¿No trata el Curso estrictamente acerca de cómo percibimos al mundo en nuestras propias mentes? Durante años, hemos estado argumentando en el Círculo que el Curso tiene una profunda relación con nuestro papel en el mejoramiento del mundo, y que hasta nos ve desempeñando esta función a través del "ajetreo de cualquier actividad" (T-18.VII.8:3). Recientemente le encontré una nueva dimensión a esto. Existe un número de imágenes en el Curso que uno podría llamar situaciones sociales ideales. Generalmente son altamente simbólicas: representan templos, cielos, jardines, y casas con tesoros. Obviamente no deben ser interpretadas al pie de la letra, si bien describen situaciones colectivas. Nos sitúan en relación con el más amplio espectro de la sociedad. Y ese elemento - estoy convencido - debe ser tomado literalmente. Algo que encuentro fascinante sobre estas imágenes es que parecen diferentes tomas de una misma plantilla. Una imagen particular del Curso, por ejemplo, la imagen del círculo de la Expiación (T-14.V.6-11) sólo captará ciertos aspectos de esta plantilla. Pero una vez que se empiezan a colocar estas varias imágenes una al lado de la otra, se identifican temas que se repiten una y otra vez, y entonces, se ve su sucesión en orden lógico. Y es este grupo de temas en orden lógico la plantilla a la que me refiero. He aquí los elementos de esa plantilla, en orden: 1. El desierto: El mundo como un lugar falto de amor. 2. El milagro: La mente de alguien cambia y entra el amor verdadero. 3. Se establece el oasis: Este amor establece un lugar diferente.

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4. Vienen los Invitados: Dios y Cristo entran con sanación y santidad. 5. Todos están invitados: Todos los que deambulaban solos y sin rumbo son invitados a entrar para encontrar la sanación. 6. Quienes llegan traen regalos: Quienes son sanados por el oasis le traen bendiciones. 7. El oasis se extiende y abarca el mundo. Una vez que se reconoce y se entiende esta plantilla, uno se da cuenta que el autor diseñó cada imagen como una variante de la figura general, que podría describirse justamente como utópica. Observemos ahora cada aspecto de esta figura más detalladamente: 1. EL DESIERTO Esta plantilla comienza con una imagen del mundo tal cual es. Una imagen favorita en el Curso para esto es la de un desierto (ver T-18.VIII.8-10, T-20.III.9:3, T-20.VI.11:3-5, T-26.IX.3, L-pII.13:5); un sitio falto de vida, en donde individuos aislados deambulan en el suelo polvoriento, perdidos y solos, extraños entre sí, sin hogar, débiles, hambrientos, vanamente en búsqueda de un agua que no pueden encontrar, y finalmente mueren totalmente solos. Es una imagen caracterizada por el vacío: vacío de vida, de vitalidad, de esperanza, de alimento, de dirección y de compañía. Podemos entender rápidamente esta imagen como literal. De hecho, ocasionalmente escuchamos acerca de gente que se pierde en el desierto y muere buscando agua y ayuda. Sin embargo, el Curso pretende que esta sea una imagen simbólica que describe al mundo entero, no externa sino internamente. A nivel mental/emocional, este mundo es un desierto. Está seco del amor y la alegría que nos nutren y sostienen internamente. En lo externo, vamos y venimos con grandes metas, uniéndonos con otros para proyectos conjuntos de hogar y negocios. Sin embargo, en lo interno somos caminantes perdidos, buscando sin rumbo aquella agua de vida quién sabe dónde, y sintiéndonos profundamente solos en nuestros corazones. En otras palabras, de la misma forma en que un desierto es un lugar desolado en el ámbito físico, el mundo entero está desolado en el ámbito interno e interpersonal. El siguiente pasaje habla más literalmente acerca de la condición que simboliza la imagen del desierto. De hecho, contiene la idea a la que me refiero: que, mientras en lo externo tenemos hogar y compañía, en lo interno nos sentimos solos y sin hogar: Y así, vagan por un mundo de extraños, distintos de ellos, viviendo tal vez con los cuerpos de esos extraños bajo un mismo techo que a ninguno de ellos da cobijo; en la misma habitación y, sin embargo, a todo un mundo de distancia. (T-22.In.2:8) 2. EL MILAGRO El desierto del mundo se produce por un elemento crucial que aún no he mencionado: el odio. Esto se hace explícito en la sección "Pues Ellos han llegado" (T-26.IX), que habla de un "viejo odio" (T-26.IX.2:3, 3:8) que se ha instalado entre tú y tu hermano desde tiempo inmemorial. Este odio coloca una sombra, un espacio, una brecha (aún "una llameante espada de muerte," T-24.III.4:7) entre ustedes dos. Hablando en forma figurada, es como un sol inclemente que convierte la tierra en un desierto; oímos acerca del "terreno yermo que el odio había calcinado y dejado estéril" (T26.IX.3:5).

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A este desierto entra algo que lo cambiará todo eventualmente: el milagro. El milagro ocurre cuando, en medio del odio ancestral, alguien elige perdonar. Si el odio es lo que hace del mundo un desierto, ¿qué pasa cuando el odio se aparta? El Curso responde esta pregunta con bellas imágenes de una naturaleza vuelta a nacer: La sangre del odio desaparece permitiendo así que la hierba vuelva a crecer con fresco verdor, y que la blancura de todas las flores resplandezca bajo el cálido sol de verano (T-26.IX.3:1) Los milagros son como gotas de lluvia regeneradora que caen del Cielo sobre un mundo árido y polvoriento, al cual criaturas hambrientas y sedientas vienen a morir. Ahora tienen agua. Ahora el mundo está lleno de verdor. Y brotan por doquier señales de vida. (L-pII.13.5:1-4) La sección "El lugar que el pecado dejó vacante" (T-26.IV) contiene una poderosa imagen acerca del reemplazo del odio por parte del milagro y del renacimiento del mundo. La imagen comienza con dos personas separadas porque cada una de ellas percibe a la otra como pecadora y maligna. Esta percepción de pecado las separa, como una fuerza invisible que las hace repelerse. Entonces, una de ellas perdona, y este perdón es retornado por la otra. El espacio entre ellas se convierte ahora en "el lugar que el pecado ha dejado vacante". Ahora no hay nada que los separe, nada que detenga su impulso natural a unirse. Y ãSe funden en el espacio que el pecado dejó vacante" (T-26.IV.2:6). Con este milagro, renace el mundo. "El perdón convierte el mundo del pecado en un mundo de gloria, maravilloso de ver. Cada flor brilla en la luz, y en el canto de todos los pájaros se ve reflejado el júbilo del Cielo" (T-26.IV.2:1-2). Es más, el espacio que el pecado ha dejado vacante se convierte en santo lugar (T-26.IV.3:1), en el que un altar se erige y se eleva muy por encima del mundo para alcanzar a Dios. Este milagro establece los cimientos para lo que llamo la visión social del Curso. El milagro a veces se representa como teniendo lugar dentro de una sola mente que elige perdonar y ser sanada. En otras ocasiones, es una sanación, una unión entre dos personas. Hablaré acerca de ambos casos más adelante. De cualquier forma, alguien ha elegido soltar el odio, el odio enfermizo que ha calcinado la tierra y la ha convertido en desierto. Esta sola elección pone en movimiento todo lo que sigue. 3. SE ESTABLECE EL OASIS El milagro, al ser una reversión del odio que causó el desierto, termina estableciendo un lugar especial sobre la faz de la tierra, un oasis en el que todas las duras condiciones del desierto han sido cambiadas. "El desierto se convierte en un jardín lleno de verdor, fértil y plácido" (T18.VIII.9:3). Hay muchos aspectos de este concepto general. En un mundo de gente perdida y debilitada por una búsqueda sin fin, este oasis es un lugar de descanso (el descanso es, de hecho, un tema relevante en casi todas las imágenes que exploraremos). En un mundo de extraños, este es un lugar de unión verdadera, en donde los antiguos enemigos se han convertido en dilectos amigos. En un mundo en donde nadie parece experimentar una pertenencia real, este es un hogar tibio y acogedor (ver L-pI.159.7). En un mundo de gente internamente hambrienta, este lugar brinda una fiesta continua de abundancia, en donde "cuanto más reciba cada uno, más habrá para ser compartido por todos los demás" (T-28.III.9:2). Y en un mundo profano y sin Dios, este es ahora santo lugar, hecho santo no por imposiciones, vórtices o viejas iglesias, sino por el triunfo sobre el miedo: "El más santo de todos los lugares de la tierra es aquel donde un viejo odio se ha convertido en un amor presente" (T-26.IX.6:1). En este santo lugar el Curso ve que surgen altares

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(ver L-pI.183.5:4; T-26.IV.3:4; L-pII.2.3:4) y se edifican templos: "Vuestra relación es ahora un templo de curación; un lugar donde todos los que están fatigados pueden venir a descansar" (T19.III.11:3). Esta cita final nos indica a qué se refieren estas imágenes realmente. Obviamente, no debemos tomarlas literalmente e imaginar que al perdonar a alguien, aparecerán instantáneamente flores de la tierra a nuestro alrededor y altares de tierra surgirán entre nosotros. La cita de arriba significa que el templo no es un lugar físico. Es la relación entre dos personas que han perdonado. Alternativamente, puede ser una sola persona. Otro pasaje dice que aquél que libera su mente de aquello que se opone a Dios "se convierte en un refugio donde los que están cansados pueden hallar descanso" (L-pI.137.11:3). No tenemos que pensar mucho para entender lo que esto significa. Cuando se está en presencia de una persona verdaderamente amorosa y apacible, es fácil sentir que se ha encontrado un oasis en el desierto, como si se hubiera llegado a casa y finalmente se pudiese descansar. El estudioso contemporáneo de Jesús, Marcus Borg, señala acerca de este mismo fenómeno básico: La impresión es clara: estar en la presencia de Jesús fue una jubilosa experiencia. Esta experiencia de alegría en la presencia de una figura religiosa notable tiene paralelos en otros tiempos y sitios. A la vez dentro y más allá de la tradición cristiana, se habla de una "presencia" o "zona" alrededor de un santo que es virtualmente palpable, que se puede "sentir". Simplemente estar en la presencia de tal persona afecta la realidad de la cual él o ella habla....Estar en la presencia de Jesús fue experimentado como estar en la presencia del Espíritu que fluía a través de él. (Jesús: Una Nueva Visión. New York: HarperCollins, 1987, p. 129) Borg añade el siguiente comentario en una nota final: Dentro de la tradición budista, se habla de un "campo de Buda" que podía ser sentido no sólo alrededor de Buda, sino también alrededor de otros iluminados que le seguían. Dentro de la tradición cristiana una "zona" similar se sentía alrededor de San Francisco, al igual que alrededor de otros. (p.144) En cuanto a la mención de jardines en el desierto y paraísos de descanso, el Curso, estoy seguro, habla simbólicamente del mismo fenómeno. La única diferencia es que también enfatiza este fenómeno en relación con dos personas que se han salido de sus egos para lograr una unión auténtica. Estar en presencia de tales personas sería entrar en la misma "zona" que se experimenta alrededor de un santo. 4. LLEGAN LOS INVITADOS Esta noción de un campo de santidad tiene como eco uno de los rasgos principales de estas imágenes del Curso. El rasgo podría llamarse la llegada de los Invitados. Los Invitados son Dios y Su Hijo, el Cristo, el verdadero Yo de todas las personas y de todo lo viviente. Este rasgo, por lógica, debería tal vez ser anterior; puesto que el milagro que transforma el desierto y establece el templo es la llegada misma de los Invitados. El milagro es atraído por nuestra elección de renunciar al odio, pero esta elección no es el milagro. Es simplemente una invitación a los Invitados a venir y a morar con nosotros. Su venida es lo que convierte la tierra que pisamos en santo lugar. Su llegada es lo que convierte al desierto en un jardín. Son Quienes

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proveen la abundancia infinita del festín magnífico. Y llegan tan pronto como se Les da la bienvenida, que es siempre cuando elegimos perdonar a nuestro hermano en vez de odiarlo. Para entender la importancia atribuida a Su llegada, se podría leer "Pues Ellos han llegado" (T-26.IX), que presenta este tema y es una de las secciones más poéticas y conmovedoras de todo el Curso. Su Presencia, en otras palabras, es la "zona" que el Curso describe como un jardín, un templo, un refugio, un hogar, en el que agotados viajeros pueden descansar finalmente y ser sanados de todos aquellos años deambulando bajo el reflejo calcinante del odio. 5. TODOS ESTÁN INVITADOS Todos queremos encontrar un lugar diferente al resto del mundo, un sitio de donde estén ausentes la locura, la crueldad y la escasez habituales. Todos buscamos cobijo de la tormenta. Sin embargo, cuando encontramos el oasis que buscamos, ¿qué hacemos de inmediato? Una lista de quienes son y una de quienes no son bienvenidos. Estas dos listas son varias, realmente. Primero, están quienes viven allí. Luego, quienes no viven allí pero son tan bienvenidos que no tienen que tocar a la puerta. Luego están aquellos que pueden aparecer cuando quieran, pero deben sin embargo tocar. Luego quienes deben hacer una cita previa; y luego los que ni siquiera deberían intentar pedir cita sin una razón extraordinaria - hasta aquellos que nos harían llamar a la policía si pisan nuestro patio. Esto es básico en cuanto a la naturaleza de nuestros hogares, clubes, sociedades y asociaciones. Nos congregamos con quienes se nos parecen y quienes sirven a nuestros intereses, y excluimos al resto. Las agrupaciones humanas se definen por quienes excluyen. Después de todo, si dejamos que cualquiera y todos entren, entonces el propósito esencial de nuestro enclave se destruirá. ¿Cómo puede ser un refugio de la tormenta si dejamos que entre la tormenta? La naturaleza misma de un enclave seguro es que mantiene fuera al mundo peligroso. Si bien el excluir a nuestros hermanos es un acto de odio, al excluirlos, en vez de aislarnos de la tormenta, traemos su esencia a nuestras mentes. Las mismas murallas que edificamos para mantener fuera a la tormenta están hechas de sus oscuras nubes. El oasis que creemos haber creado es simplemente una ilusión, que nos permite retraernos hacia fantasías y en sueños olvidar que aún estamos perdidos en el desierto, muriendo lentamente bajo su sol inclemente. El oasis a que se refiere el Curso es un sitio completamente diferente, puesto que una vez que se establece este lugar, invita a todos literalmente. No hay jerarquía de bienvenida. No hay sistema de castas de la elite y los intocables. Una y otra vez se nos dice que todos son bienvenidos, puesto que tal es la naturaleza del amor, y es de amor que está hecho este oasis. 5a. Imágenes específicas "Todos son bienvenidos" se dice fácil, pero es realmente muy difícil de asimilar. Está tan completamente fuera de nuestra programación cultural que, cuando lo escuchamos, casi no es computable. Puede sonar demasiado fácil a palabras vacías. Para ayudarnos a apreciar este rasgo, permítanme recorrer las diversas imágenes de "visión social" del Curso y resumirlas, a la vez que resalto este aspecto de bienvenida general. El pequeño jardín

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"El Pequeño Jardín" (T-18.VIII) es una de las imágenes más queridas del Curso (y de hecho la única de las que exploraré que contiene la plantilla completa). Comienza por pintarnos como el amargado gobernante de un pequeño reinado, un trozo de desierto carente de valor. Al ver cuán poco tenemos, el Curso dice, ¿no deberíamos apelar al amor para entrar y transformar a nuestro pequeño reino (T-18.VIII.8:4-5)? Apenas entra el amor, "El desierto se convierte en un jardín lleno de verdor, fértil y plácido, ofreciendo descanso a todos los que se han extraviado y vagan en el polvo" (T-18.VIII.9:3). No nos contentamos con abrir simplemente nuestro jardín a estos perdidos; salimos y peinamos el desierto buscándolos y, una vez que los encontramos, los guiamos amorosamente de regreso a nuestro jardín (T-18.VIII.10:1-2). El círculo de la Expiación "El Círculo de la Expiación" (T-14.V) presenta una imagen similar. El círculo es un lugar en donde todos se unen en la meta de liberar al mundo de culpabilidad, y unidos en la vivencia del poder de Dios, que abarca a todos en "la seguridad que ofrece su regazo de amor y unión" (T14.V.8:5). Este círculo no es un lugar físico sino mental, habitado por gente que, físicamente, está esparcida en el mundo. Los miembros de este círculo son todos los que se han reconciliado con Dios, todos los mensajeros de Dios en este mundo. Ya que este círculo incluye a los gigantes espirituales de este mundo, uno debería esperar que fuera un círculo selecto que negara el acceso a gente normal como nosotros. Aún así, de hecho, todos están ya dentro del círculo; todos están reconciliados con Dios. Quienes se sienten fuera, creenerróneamente no ser dignos de entrar. Es entonces la tarea de quienes se saben dentro, el alcanzar a todos aquellos que creen haber sido "no deja a nadie afuera solo, sufriendo el dolor de la culpabilidad" (T-14.V.8:4), y atraerlos. Es el trabajo de los mensajeros de Dios el llamar a todos, sin importar cuán pecadora parezca la persona, y darle el mensaje: "Eres libre de culpa. Ven al círculo, a donde perteneces." La fiesta de la comunión En "Los Obstáculos para la Paz" existe una bella imagen de un festín (T-19.IV(A).16). El amor ha preparado esta fiesta para nosotros para honrar nuestra relación santa con otra persona. Tiene lugar "en un plácido jardín donde sólo se oye un cántico angelical y un suave y feliz murmullo." (T19.IV(A).16:1). Se presenta en una mesa que es a la vez un altar - "la mesa de comunión" (T19.IV(A).16:3). Este festín es en un lugar tan sagrado, en una mesa tan santa, que se podría imaginar que sólo los más especiales serían invitados. Nos sorprendemos, entonces, al leer que "todo el mundo es un invitado de honor" (T-19.IV(A).16:2) - no sólo bienvenido, sino como invitado de honor. Todo el mundo. Finalmente, siguiendo con el tema de la llegada de los Invitados, Jesús dice, " Yo me uniré a vosotros ahí, tal como lo prometí hace mucho tiempo y como todavía lo sigo prometiendo" (T-19.IV(A)16.4). ¿Por qué se nos unirá? Porque ha cesado la exclusión en nuestra nueva relación (T-19.IV(A).16:5). Al dejar de excluir a un hermano, extendemos una invitación a Jesús, que él ha estado esperando recibir por dos mil años. El centro de redención La lección 159 contiene una notable imagen de una nueva clase de hogar. "Lo que estaba destinado a ser la morada del pecado se convierte ahora en el centro de la redención y en el hogar de la misericordia, donde se cura a todos los que sufren y donde se les da la bienvenida" (LpI.159.7:3). A todos los que sufren se les pide que vengan porque es aquí en donde encontrarán la salvación (L-pI.159.7:4). Al llegar, encuentran que nadie es un extraño (L-pI.159.7:5), y que el único regalo que se les pide es que acepten su bienvenida (L-pI.159.7:6). Esto atenta de tal forma contra

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nuestro concepto de un hogar (cuya noción misma es que cierta gente pertenece allí y otra no) que quiero dedicarle algún tiempo a describir esto. Imagínate avanzando hacia la puerta de la mansión más hermosa y espaciosa que jamás hayan visto. Al tocar a la puerta, el propio dueño de casa responde y te pregunta: "¿Estás sufriendo?" Si contestas "sí", te dice "Entonces entre por favor, puesto que aquí encontrarás lo que buscas. Probablemente jamás hayas conocido a quienes están dentro, pero pronto te darás cuenta de que no hay extraños aquí. Para entrar, sólo te pedimos un regalo: Que nos hagas el honor de aceptarnos tu bienvenida." El templo de la sanación Una profunda relación entre dos personas es generalmente algo muy privado. Al igual que un hogar, es algo que los dos comparten, algo a lo que los otros realmente no son invitados. En la visión del Curso, sin embargo, si ha de ser genuina la unión de dos personas, sus cimientos deben ser el principio de la unión en sí. Y si alguien se excluye, ese basamento no puede ser la unión. Una relación santa totalmente realizada, entonces, se convertiría necesariamente en "un templo de curación; un lugar donde todos los que están fatigados pueden venir a descansar" (T-19.III.11:3). Nota que son "todos los que están fatigados". Ustedes dos han encontrado tal alegría en la noexclusión de cada uno, que quieren incrementarla incluyendo a todos. Su único deseo es atraer a todos a la "zona" de su unión, para que puedan también vivir por sí mismos la deleitable plenitud y el sentido de hogar que ustedes dos han sentido. Y al igual que con el pequeño jardín, ustedes dos no sólo abren de par en par las puertas a todo hermano que necesite curación; en vez de esperar a que llegue a su templo, salen y lo llaman (T-19.IV.1:8). "Y vosotros lo albergaréis y le daréis descanso tal como se os dio a vosotros" (T-19.IV.1:9). De forma interesante, hay una imagen similar de templo en otro sitio del Curso. Esta dice. "Abre las puertas del templo y deja que tus hermanos distantes y tus amigos más íntimos vengan desde los más remotos lugares del mundo, así como desde los más cercanos; invítalos a todos a entrar y a descansar contigo" (L-pI.109.8:3). Esta imagen capta lo que el Curso dice acerca de nuestras vidas: Nuestras vidas deben ser templos, cuyas puertas están abiertas de par en par tanto a nuestros más " hermanos distantes " como a nuestros "amigos más íntimos". El festín de la abundancia Una de las más complejas de estas imágenes es la que llamo "el festín de la abundancia" (T28.III.8-7). Esta imagen se basa en la noción de una casa del tesoro o almacén, que el diccionario Merriam-Webster define simplemente como "un edificio en donde se guarda un tesoro." Una casa del tesoro, por supuesto, es un lugar en donde colocas tus objetos más valiosos y en donde quieres una puerta sólida con una fuerte cerradura. La finalidad es guardar tus tesoros en donde no te los puedan robar. Pero ¿qué deberíamos guardar? El Curso nos describe como tontos que hemos guardado el tesoro equivocado: "quienes confundieron el brillo de una piedrecilla con oro y almacenaron un puñado de nieve reluciente creyendo que era plata" (T-28.III.7:2). Pensamos que somos hombres ricos con montones de oro y plata en nuestro depósito, y en realidad lo único que tenemos son algunas piedrecillas mojadas. Esta es una metáfora para todos los tesoros del mundo (incluyendo el oro y la plata), que parecen tan valiosos pero terminan careciendo de valor puesto que no dan verdadera felicidad.

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¿Qué deberíamos valorar entonces? "Considera, entonces, los plateados milagros y los dorados sueños de felicidad como los únicos tesoros que quieres conservar dentro del almacén del mundo" (T-28.III.7:1). Esta es la única clase de plata y oro que merece ser valorada, estos cambios de percepción en los que un viejo odio se convierte en un amor presente. Cuando soltamos el odio, el espacio que nos separó es reemplazado por la unión. "Y allí donde la diminuta brecha parecía interponerse entre tú y tu hermano, únete a él" (T-28.III.8:2). Este milagro de unión invita entonces a Dios y a Cristo a venir a nuestra casa del tesoro como Invitados nuestros, y a traer con ellos ilimitados dones. Cuando sabemos que somos los únicos que tenemos un verdadero tesoro en nuestro almacén (el tesoro de los milagros), ¿qué hacemos? Algo que desafía todo pensamiento normal acerca de casas del tesoro: Abrimos la puerta de par en par e invitamos a todos nuestros hermanos hambrientos (los que están desvalidos porque guardaron las piedrecillas y la nieve) a un inolvidable festín (ver T-28.III.7:2 y 8:7). Una vez que entran, encuentran que "El Amor ha desplegado su mesa en el espacio" (T-28.III.9:8) que antes ocupaba nuestro odio. En esta mesa, nuestros hermanos comparten con nosotros y con nuestros Invitados un milagroso festín en el que (como cité anteriormente) "cuanto más reciba cada uno, más habrá para ser compartido por todos los demás" (T-28.III.9:2). En vez de terminarse, la abundancia de este festín simplemente crece más y más a medida que el festín continúa, año tras año. " Aquí los años de escasez no se presentarán, ya que el tiempo no forma parte de este festín, pues es eterno" (T-28.III.9:7). Esta es, por supuesto, una imagen altamente estilizada, pero a un nivel más literal su significado probablemente esté claro ahora: Algo extraordinario sucede alrededor de una persona que ha reconocido el poder milagroso del amor (o alrededor de dos personas así). La gente es atraída a tal persona, como los hambrientos a un festín. Pero aquí, el quot;alimento" es simplemente su amor, que no se agota, sino que crece en abundancia a medida que se comparte. En presencia de esta persona, cosas no convencionales pueden suceder. La gente se sentirá curada del vacío que los ha consumido toda su vida. Será amorosamente bienvenida la gente que en otros círculos sociales habría sido excluida. Y el anfitrión de este festín se comportará de forma radicalmente inconvencional, desafiando las reglas normales que gobiernan la riqueza y las posesiones, a medida que su amor se expresa generosamente en forma tangible. 5b. Puertas abiertas y sin extraños Ahora que hemos revisado estas diversas imágenes de bienvenida todo-abarcadora, quisiera extenderme sólo un poco más en este aspecto. El Curso dice que en este oasis nadie es considerado como un extraño. Esto refleja el tema que recorre el Curso de que debemos ver más allá de la apariencia de que alguien es un extraño, pues verdaderamente no existe tal cosa. Intenta no tratar a nadie que llegue a tu puerta como a un extraño, sino en vez de ello dale la bienvenida a todo el mundo como si fuera tu más querido y antiguo amigo (ver T-20.II.5:5). Es más, imagina que quienes llegan y reciben tu bienvenida no sólo son carteros bien presentados y niñas scouts, sino indeseables sociales en seria necesidad. Después de todo, ¿de qué sirve un oasis si sólo está disponible para aquellos que placen a nuestros egos? ¿No debería ser todo su propósito el alcanzar a aquellos que están necesitados? Cuando el Curso menciona a aquellos a quienes deberíamos alcanzar, los que están en la lista son siempre los necesitados. He aquí algunas de tales listas: Los desesperados(CIR 1)...los tristes y los compungidos, los solitarios y amedrentados...los moribundos y los muertos. (L-pI.124.5:2-3)

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Los desolados, solitarios y con miedo...los que sufren dolor, o pena por pérdida, o se sienten privados de esperanza y felicidad. (L-pII.245.1:4-5) Los enfermos, los débiles, los necesitados y temerosos, y aquellos en duelo por lo que parece una pérdida o sienten un aparente dolor, los que sufren de frío o hambre, o los que caminan por el camino del odio y la senda de la muerte. (L-pI.195.5:2) Esta es la gente que se supone debemos invitar a nuestro santuario de sanación. Si tomamos aquellas características mencionadas dos veces o más en los pasajes anteriores, tenemos: los solitarios, los temerosos, los que sufren dolor y los que están en duelo (o lloran) una pérdida. Si decantamos más aún, tenemos simplemente: los necesitados. Para apreciar esta idea, imagínate trabajando durante años para construir un santuario bellísimo, para cultivar un jardín exquisito en el desierto o para guardar un tesoro en una caja fuerte inviolable, y entonces, una vez que has terminado finalmente, colocas este letrero: "Bienvenidos todos los que se sienten solos, temerosos, tristes y con dolor. Entren aquí y encuentren descanso." Otro aspecto de esta bienvenida todo-abarcadora es la imagen de puertas abiertas. Este símbolo se repite a través del Curso (36 veces en mi cuenta). Lo hemos visto, por ejemplo, en el festín de la abundancia (T-28.III.7-9), que describía nuestra casa del tesoro con sus puertas abiertas de par en par para dar la bienvenida a nuestros hambrientos hermanos. De forma interesante, la imagen de la casa del tesoro se repite muchas veces en el Curso, y se describe a menudo cono el tener las puertas abiertas. Por ejemplo, "Aquí las puertas no se cierran nunca, y a nadie se le niega la más mínima petición ni su necesidad más apremiante" (L-pI.159.6:4). ¡Sólo piensa en cuán incongruente es tener una casa del tesoro con puertas siempre abiertas! Esto es más extraño aún si aquellas puertas se abren con el propósito expreso de llenar "el menor pedido o la más urgente necesidad" de todos. Pero bien sea en relación con un almacén, un hogar o un templo, la imagen de puertas abiertas es una afirmación poderosa cuyo significado se comprende universalmente. Aún otro aspecto de esta bienvenida imparcial se capta en la Lección 155, que dice que en lo externo deberíamos tratar de vernos como todos los demás (L-pI.155.5:3). En otras palabras, no deberíamos ser renunciantes (L-pI.155.4:2-3) con vestimenta especial y estilos de vida que nos separan del resto de la cultura. ¿Por qué? Porque mientras más sienten los demás que somos como ellos, más verán la relevancia para ellos de lo que hemos aprendido (L-pI.155.5:4-6:1). Si nos vemos exactamente como ellos y hemos encontrado la paz en el perdón, entonces ellos probablemente sospechen que también ellos pueden hacerlo. Esta es, en mi mente, otra forma del concepto de puertas abiertas que acabamos de tratar. Para decirlo más llanamente, ¿a qué templo te sentirías más bienvenido: a uno lleno de un grupo gente especial con vestimenta diferente y estilo de vida de extrema pureza ritual, o uno lleno de gente que, por toda apariencia exterior, es tal como tú? En este sentido, las reglas que gobiernan un estilo de vida estrictamente religioso construyen una cerca que no sólo mantiene fuera diversos "pecados", sino que también mantiene fuera a la propia gente que podría ser ayudada. La fuerte barrera entre "nosotros" y "ellos" en muchas comunidades religiosas se supone que "nos" debe proteger de la influencia diluyente y corruptora de "ellos". Pero, ¿qué pasaría si el hecho mismo de invitarlos a entrar es la forma de hacer real nuestra pureza, de protegernos contra la corrupción? Ese es el tópico de nuestra próxima categoría. 6. LOS QUE LLEGAN TRAEN REGALOS

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Se puede tener fácilmente la impresión de una sutil desigualdad entre quienes establecen el oasis y los invitados a este. Si, por ejemplo, fueras tú quien estableciera el oasis, es posible que estuvieras tentado a mirar a tus invitados y pensar "No los necesito a ustedes pero ustedes definitivamente me necesitan a mí." El Curso se esfuerza en corregir esta suposición. Veamos cómo trabaja esta corrección en tres de las imágenes. La Lección 344 contiene aún otro retrato de la casa del tesoro. Comienza diciendo que, si estoy guardando tesoros sólo para mí, cuando vaya a revisar mi almacén encontraré un cuarto vacío (LpII.344.1:2-3). Luego dice esto: Aún aquél a quien perdone, me dará regalos más allá del valor de cualquier cosa sobre la tierra. Que los hermanos a quienes he perdonado llenan mi almacén con los tesoros del Cielo, que son los únicos reales. (L-pII.344.1:6-7) Entonces, los hermanos hambrientos que invito a mi almacén son descritos como trayendo tesoros con ellos. Pero ¿cuán exactamente traen tesoros mis hermanos atacados por la pobreza? ¿Cómo pueden traer regalos quienes no tienen nada? La imagen siguiente ayudará a aclarar esto. El círculo de la Expiación (T-14.V), si recuerdas, era el círculo mental habitado por todos aquellos que se unían en la meta de la salvación, en cualquier tradición espiritual. Todos en el círculo están unidos en el sentirse puros e inocentes. Libres de toda culpa, se yerguen en la Presencia del Santo mismo. Desde este lugar llaman a todos los que parecen estar fuera del círculo con el mensaje "Eres libre de culpa. Ven al círculo." Lo hacen tanto por sí mismos como por quienes son bienvenidos por ellos. Pues es sólo a través del acto de traer a otros, que quienes están en el círculo se convencen verdaderamente de que ellos mismos están dentro (T-14.V.2-7). ¿Por qué? El darte cuenta de que estás dentro del círculo quiere decir que te das cuenta de tu inocencia innata. Y, ¿cómo puedes sentirte verdaderamente inocente mientras señalas con tu dedo a otros, condenándolos? ¿Cómo puedes sentirte libre de culpa mientras te niegas a ayudar a tus hermanos necesitados? ¿Cómo puedes sentirte santo si, apenas entras, les cierras las puertas del Cielo a los que han quedado fuera? Por otro lado, ¿cómo puedes fracasar en sentirte inocente cuando estiras tu mano para alcanzar a todos tus hermanos en una bienvenida sin restricciones? Tus hermanos perdonados se convierten, entonces, en símbolos vivientes de tu inocencia. Se convierten en la afirmación de que perteneces al círculo. Esto, de hecho, es el tesoro que llevan a tu almacén. Pues ellos ven tu santidad más clara y agradecidamente que tú. Cuando atraes a alguien al círculo, rescatándolo de una lenta muerte afuera, él es quien sabe el verdadero valor de tu asistencia, el verdadero poder de tu santidad, mucho más que tú. La mirada en su rostro te dice que ve en ti mucho más de lo que ves tú. Entonces, se convierte en tu salvador en la misma forma en que tú lo fuiste para él: Õl te convence de tu santidad al creer en ella más plenamente que tú. En un sentido muy real, entonces, necesitas de él tanto como él te necesita. 7. EL OASIS SE EXTIENDE Y ABARCA AL MUNDO No se supone que el jardín permanezca como un oasis. Un oasis, por definición, es un área fértil dentro de una región mayor, árida. Este jardín se supone debe expandirse hasta que reemplace al desierto enteramente: Entran uno por uno a este lugar santo, pero no saldrán como entraron, solos. El amor que trajeron permanecerá con ellos, tal como permanecerá contigo. Y bajo su benéfica influencia tu pequeño jardín se expandirá y alcanzará a todo aquel sediento de agua viva, pero demasiado débil

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para continuar solo... Así crecerá y se extenderá a través del desierto, sin dejar pequeños reinos aislados del amor, y dejándote en ellos. Y te reconocerás a ti mismo, y verás tu pequeño jardín suavemente transformado en el Reino de los Cielos, con todo el amor del Creador brillando sobre él. (T-18.VIII.9:6-8, 10:3-4) El pasaje anterior completa el proceso empezado por el milagro inicial, que transformó a un trozo de desierto en un jardín y te llevó a invitar a todos a él. Cuando los caminantes solitarios llegan al jardín, dejan de estar solos. Se conocen y unen con otros que se refugian allí. Y cuando estos nuevos amigos dejen el jardín, salen juntos, de la mano. Hasta tenemos la impresión de que dejan el jardín como sus emisarios, llevando sus semillas a nuevos lugares. Con cada nueva persona que entra al jardín para encontrar rejuvenecimiento, el amor de allí crece. Y puesto que el amor es lo que produjo el jardín para comenzar, cuanto más amor absorbe, tanto más este crece y se expande. Al extenderse, convierte a cada ínfimo reino que encuentra en el desierto en un verde jardín, hasta liberar finalmente a todos los reinos solitarios, rescatar a todos los caminantes sedientos, y cubierto al desierto entero con fresco verdor. El mundo que solía ser un árido desierto, ahora es un reflejo puro del Amor de Dios y se "transforma en el Reino de los Cielos". Por tanto, lo que comenzó como un milagro en la mente de una o dos personas, ha elevado al mundo entero y lo ha llevado hasta las mismas puertas del Cielo. RESUMEN Espero que puedas ver ahora por qué llamo a esto una visión social. Describe una vía ideal para quienes viven juntos en el mundo, una vía que reversa las dolencias de este mundo, y que, el Curso afirma, transformará al fin a la sociedad humana. Es verdad, no es un programa que pueda ser instituido a escala masiva por el gobierno, por ejemplo. Jamás podría ser legislado, puesto que descansa enteramente en un profundo cambio interno. Tiene que comenzar con una o dos personas que han tenido este cambio interno y luego lo han extendido a partir de allí. ¿De qué otra forma podría funcionar? La sociedad convencional se produce por un estado mental masivo de odio. (Pocos de nosotros harían uso de la palabra "odio" para describir nuestra actitud mental, pero ¿cómo podríamos llamar a algo que nos lleva a cerrarle la puerta a la mayoría de nuestros hermanos?) ¿Qué podría introducir cambio genuino en una sociedad basada en el odio, más que la llegada del amor verdadero? Y ¿cómo podría legislarse esa llegada? Hemos visto muchas imágenes simbólicas de esta visión social, pero permíteme resumirla en términos cotidianos para que podamos tener una mejor idea de ella. Comienza en un mundo lleno de odio en donde la gente se siente privada del amor que les sostiene, y en donde vagan sin cesar, sin saber dónde saciar su sed interna. Nosotros mismos comenzamos como todos los demás, pero un día, tomamos una decisión crucial de renunciar a nuestro odio. Elegimos perdonar a alguien contra quien habíamos alimentado un rencor por muchos años. Esta sola elección inicia un proceso que no podíamos haber anticipado. Nuestro antiguo enemigo nos devuelve nuestro perdón y ahora el odio que nos separaba desaparece, y así nada se interpone a nuestro deseo innato de unirnos. La relación se desarrolla a lo largo del tiempo. El viejo odio se convierte en un recuerdo lejano y nos adentramos más y más en la experiencia de unicidad. Nuestra relación se convierte lentamente en algo como un lugar diferente, en el que el duro clima del mundo externo ha dejado de existir. Se convierte en una especie de santo lugar en la que reinan diferentes principios, en la cual lo milagroso se convierte en posible y hasta natural.

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En este punto podríamos permanecer aislados en nuestro pequeño refugio, gozando privadamente uno de otro. Sin embargo nos damos cuenta de que la alegría de nuestra relación es la alegría de la unión, y que limitar nuestra unión a esta sola persona también limita nuestra alegría. Y entonces, hacemos lo no convencional: Abrimos de par en par las puertas de nuestras vidas e invitamos a otros a compartir nuestra unicidad. No damos la bienvenida únicamente a quienes pueden llenar nuestras necesidades o realzar nuestro status. Invitamos a todos los necesitados y ¿quien en este mundo no está necesitado? Invitamos a los solitarios y temerosos, a los que lloran y sienten dolor. Invitamos hasta a aquellos "que caminan por el camino del odio y la senda de la muerte" (L-pI.195.5:2). Luego, no hay jerarquía en la bienvenida, no hay círculo interno y círculo externo. En nuestro hogar, "todo el mundo es un invitado de honor" (T19.IV(A).16:2). Cuando la gente llega a nuestro hogar, el interior parece bastante común, al igual que los que ellos ven. Sin embargo, se sienten como si hubieran entrado en un templo, o si se hubieran arrastrado fuera del desierto hacia un oasis. En estos ámbitos comunes sienten la presencia de algo extraordinario. Sienten la presencia del amor. Sienten una plenitud interna en donde antes había solamente vacío. Sienten como si, luego de años de hambre, se hubieran encontrado con un continuo festín. Sienten que, luego de décadas de arañar por cada pequeña sobra, han entrado a un campo de gracia divina en donde pueden descansar. Sienten que han llegado finalmente a casa. Esto realmente no tiene nada que ver con las trampas físicas que ven y tiene todo que ver con la "zona" de amor generoso alrededor de nosotros dos. Con cada persona que trae gratitud, nosotros mismos nos sentimos más completos, más convencidos de nuestra propia inocencia. Con cada persona que se va, el elixir de nuestro hogar es llevado a un mundo sediento. Nuestro hogar crece con el tiempo. Construimos alas adicionales. Algunos de los visitantes se quedan permanentemente como anfitriones del creciente número de invitados de honor. La ciudad en la que vivimos se ve afectada por nuestro amor. Muchos de los vecinos experimentan nuestra bienvenida y como resultado se vuelven más amables, más abiertos ellos mismos a dar la bienvenida a la gente. Sólo con saber lo que hacemos a lo largo de nuestra calle afecta el día a día de la gente y su relación con sus semejantes. A medida que sus valores cambian en forma invisible, sin darse cuenta comienzan a tratar a sus familias de modo diferente, a llevar sus negocios de manera distinta y aún votan diferente. La región entera es influenciada sutilmente; se convierte en algo más como nuestra casa. Quienes se han quedado con nosotros se motivan a comenzar hogares similares en otros sitios. Y estos, también, elevan sutilmente el mundo que les rodea. Con el tiempo, lo que comenzó con un gesto de perdón entre dos personas termina teniendo un efecto permanente en el mundo entero. Por nuestro perdón, el clima global de odio se suaviza. Cuando todo se haya dicho y hecho, nuestros esfuerzos, los esfuerzos de aquellos a quienes inspiramos y esfuerzos parecidos por parte de otros, terminan cubriendo al mundo entero con amor, haciendo de él un reflejo puro del Cielo, tan puro que finalmente "se funde con lo que allí se ve reflejado" (L-pI.167.12:3). Este patrón general, por supuesto, puede asumir innumerables formas. Simplemente he esbozado una de ellas. La he descrito como teniendo lugar sobre los cimientos de la unión de dos personas. Pero, como vimos, también puede fundarse en una sola persona. En vez de ser un hogar, podría tener la forma de un templo, un jardín, un comedor para indigentes, un centro espiritual, o una comunidad expresamente constituida, siempre y cuando estén en armonía con los principios que he delineado. El patrón ni siquiera tiene que ser estacionario. Puede consistir de

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una o más personas que viajan y afectan a la gente por doquiera que van. De hecho, existen imágenes de esto específicamente en el Curso (ver, por ejemplo, T-22.IV.4-7). CONCLUSIÓN Ahora que he colocado esta visión en lenguaje más sencillo, podrás ver probablemente que no es un patrón enteramente desconocido. Uno piensa en el trabajo de la Madre Teresa, o en el de Jesús cenando con los descastados de su sociedad. Aún me recuerda de las cosas que Marianne Williamson ha hecho en sus Centros para Vivir. Lo que el Curso dice aquí ha sido demostrado en el mundo. Pero está en tal forma en contra de la esencia misma de nuestra sociedad que, cuando sucede, todos nos sentamos y nos damos cuenta. Se abren nuestros ojos y nos encontramos inspirados, perturbados, retados, aliviados y motivados, todo a la vez. Esta, de hecho, es exactamente mi reacción a la visión que acabo de delinear. El concepto me inspira enormemente y sé que hay algo de profundamente cierto en él. Por esa razón me ha alegrado inmensamente escribir este artículo. Sin embargo, cuando pienso en demostrarlo en mi propia vida me parece una idea desestabilizante, si no temible. ¿Una forma de vida en la que invite a todos a mi puerta, especialmente a los más necesitados? Aún no he llegado allí. Aún valoro mi privacidad (lo poco que me queda). Aún valoro tener algo de habilidad para escoger a aquellos con quienes comparto mi vida. Aún quiero invitar a algunos y mantener la mayor parte de la humanidad fuera. Simplemente no siento que estoy listo para una vida sin murallas. Mi siguiente reacción, sin embargo, es que sé que esta es la forma de vida a la que he sido llamado. Si el Curso dice que mi llamado aquí es a salvar el mundo, y dice que salve al mundo siendo este oasis en el desierto, entonces el convertirme en ese oasis debe ser mi llamado. ¿Cómo podría ser un estudiante del Curso y pensar de otra forma? ¿Cómo podría ser un seguidor de Jesús y pensar diferente? He creído por mucho tiempo que el Espíritu Santo estaba dirigiendo mi vida de acuerdo a un plan del que sólo veo pequeñas partes. Ahora parece que la visión que he presentado aquí es, en un sentido, el gran cuadro. Revisando mi vida, tengo claro que Õl ha estado dirigiéndome a lo largo de los primeros pasos de esta visión. Sólo puedo imaginarme qué pasos siguientes me esperan a lo largo del camino. Eso me plantea tres preguntas: Primero, ¿puedo aceptar que este es mi llamado y hacer que mi meta sea alcanzar este lugar? Me ayuda el responder "sí" cuando confío que el Espíritu Santo diseñe una forma para que esta meta se adapte a mis habilidades individuales y a mi temperamento. También me ayuda si confío en que Õl será paciente (y me perdone!) al prepararme, y que no me obligue a nada antes de que esté listo. Segundo, ¿cuál es mi próximo paso? Esta visión describe una secuencia que se desarrolla comenzando más bien en forma humilde y avanzando gradualmente hacia su conclusión radical. Viendo la secuencia general, puedo localizar fácilmente dónde me encuentro. La pregunta es entonces: ¿Cuál es mi próximo paso? Una vez que lo identifique, la tercera es obvia: ¿Estoy dispuesto a darlo? Quisiera dejarles estas mismas preguntas básicas para reflexionar. ¿Es posible que el Espíritu Santo haya estado tratando de dirigirte por mucho tiempo a través de la misma progresión que he descrito aquí, hasta su final? Si es así, ¿puedes hacer de ese fin tu meta? ¿Puedes fijar la meta de convertirte en un jardín en el desierto, un jardín sin murallas? Si es así, ¿puedes distinguir cuál es tu próximo paso en este proceso? Y ¿estás dispuesto a darlo?

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Un Retrato Conjunto de Jesús Paralelos entre el Jesús histórico y el autor de Un Curso de Milagros® por Robert Perry Se afirma que, a través de un escriba humano, Jesús es el autor de Un Curso de Milagros. Si esto es realmente cierto, sería natural que esperásemos encontrar paralelos entre el Jesús de la historia y el autor del Curso. Si no encontramos esos paralelos, ¿cuán creíble puede ser la afirmación del Curso? En caso que sí los encontrásemos, nos daría una ventana hacia la visión esencial de una figura que ha dado forma a nuestro mundo como tal vez nadie más lo haya hecho. Sin embargo, el Jesús del Curso difiere del Jesús de los evangelios de muchas maneras. Él no resalta constantemente su condición elevada ni nos pide que creamos en él, como en el Evangelio de Juan. Esta falta de similitud cambia, sin embargo, cuando los historiadores profesionales examinan los evangelios, tratando de separar lo que es históricamente exacto de lo que no lo es. Muchas de sus conclusiones terminan retratándolo a Jesús con un extraño parecido al autor del Curso. Para demostrarlo, he compuesto el siguiente retrato conjunto (abreviando el artículo “¿Quién fue el Jesús histórico: escribió Un Curso de Milagros?” que se encuentra en el sitio del Círculo: http://www.circleofa.com/articles/Jesús_history_ACIM.html). Este retrato está basado en mi entendimiento del Curso y en la obra sobre Jesús de Marcus Borg, un especialista en estudios Bíblicos particularmente prominente, autor de “Conociendo a Jesús de nuevo por primera vez” y “Jesús: una nueva visión”. Cada aseveración en los párrafos que siguen pretenden ser verdad tanto del Jesús histórico como del Jesús del Curso. Lo que surge, en mi opinión, es un retrato de una figura cautivante con una visión única e incitante. Jesús no es el Hijo único de Dios enviado a la tierra para morir por nuestros pecados. En vez, él es uno de nosotros, quien, como hombre, sencillamente tenía un contacto con Dios de un nivel inusual. Dice notablemente poco acerca de sí mismo. Habiendo encontrado la libertad para sí, su única meta fue ayudarnos a que nosotros también la lográramos. Con ese fin, es primordialmente un maestro, uno que es maestro de la palabra. Lo que enseña no es la corrección de creencias ni lo que es moral, sino una forma de transformación. Esta forma es una alternativa radical frente a la sabiduría convencional del mundo. Por lo tanto, sus enseñanzas continuamente invierten nuestra manera normal de ver la vida. Buscan transformar nuestra percepción para que veamos al mundo a través de nuevos ojos. Sus enseñanzas se pueden agrupar en tres grandes temas: I)

una visión fundamental de la realidad,

II)

un diagnóstico de la condición humana,

III)

y una presentación del camino a la liberación.

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I) VISIÓN FUNDAMENTAL DE LA REALIDAD. La visión de Jesús es fundamentalmente, que el espíritu, no la materia, es la realidad, en la cima del cual está Dios. El carácter de Dios es un tema crucial para Jesús. Él critica nuestras religiones tradicionales por su énfasis en un Dios que castiga. En vez, él ve a Dios como un padre bondadoso, atento, comprensivo, accesible. Totalmente contraria a nuestra idea de cómo tratar a la gente, Dios no hace ninguna relación entre lo que pareciéramos merecer y cómo Él realmente responde a nosotros. Como resultado, Dios derrama Su bendición sobre justos y corruptos por igual. Les da la bienvenida a todos, sin dejar a nadie fuera del círculo de Su amor. Él responde a todos con el mismo amor sin medida, aunque parezcan merecer lo contrario. Incluso cuando creemos que nos hemos ganado Su ira, Él nos abraza y nos trata como su hijo bienamado. II) DIAGNÓSTICO DEL PROBLEMA. El diagnóstico que hace Jesús de la condición humana desafía nuestras presunciones más atesoradas, pues dice que el problema no es lo que llamamos la maldad, el pecado y el crimen, sino lo que llamamos la buena vida. Él censura nuestras relaciones amorosas primarias, considerándolas fundamentalmente interesadas. Él apunta a nuestra preocupación con las cosas materiales, calificándolas de una idolatría que Lo excluye a Dios. Él denuncia nuestro afán de lograr un prestigio mayor que los demás. Y critica el enfoque que tenemos de la religión que enseña que debemos estar a la altura de un Dios exigente. En todas estas cosas, Jesús ve la influencia de un profundo egoísmo. Él ve a un ser ansioso, temeroso, un ser que se preocupa de usar a la gente y a las cosas a su alrededor para construir su propia identidad segura y eminente. Todo este esfuerzo se hace simplemente para recibir la sensación de seguridad, valía y amor, como sustituto del que Dios da libremente. III) CAMINO DE LIBERACIÓN. La cura, según Jesús, no está en una sencilla mejoría de la conducta externa. Debe haber una transformación en los niveles más profundos. Nuestra lealtad fundamental, la fuente de nuestros pensamientos, sentimientos, y conducta, deben sufrir una profunda revolución. Actualmente, estamos centrados en lo que pensamos que nuestro ser es. A ese ser hay que soltarlo, de modo que podamos concentrarnos verdaderamente en Dios. Con esta aparente muerte, sentimos que hemos renacido. Nuestra reacción natural será de celebración y regocijo. Ya no trataremos de arrebatarle al mundo nuestra seguridad e identidad, ya no estaremos pendientes de cómo van las cosas externas, pues estaremos llenos del amor de Dios desde adentro. Esto nos liberará para relacionarnos con otros de una forma enteramente nueva – de la misma manera en que Dios se relaciona con nosotros. Al igual que con Dios, para nosotros no habrá relación entre lo que los demás parecen merecer y cómo respondemos a ellos. Incluso cuando parecen merecer nuestro odio o indiferencia, nos sentiremos libres para darles todo nuestro amor. Cuando nos atacan sin motivo, responderemos, no de igual modo, sino con perdón, indefensión y generosidad. Cuando son marginados que parecen no tener merecimiento, nosotros les daremos la bienvenida y los integraremos, haciéndoles sentir que han llegado a casa. Esto tendrá en ellos un efecto dramático. Nuestro amor puede hacer milagros. Nosotros, de hecho, podemos ser el comienzo de una nueva clase de patrón social. El espacio que nos circunda puede convertirse en un lugar de dicha y celebración, una especie de festejo continuo al que todos están invitados. Este espacio contiene los comienzos de un nuevo mundo, un mundo que refleja a Dios. Nuestra función es darle paso a este mundo, pues, como nos enseñó nuestro maestro, somos la luz del mundo.

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El Curso y La Madre Naturaleza by Robert Perry ¿Qué hacemos nosotros, como estudiantes del Curso, con la naturaleza? Para aquellos de nosotros que hemos sido verdaderos amantes de la naturaleza, posiblemente ecologistas, quizás miembros del Sierra Club o Greenpeace; el Curso puede ser algo perturbador. No mucho después de penetrar el libro, descubrís que nuestro hermoso planeta verde, nuestra gema azul flotando en el mar cósmico, es una ilusión, conjuntamente con el resto de las luces centelleantes en ese mar, como así también el mismísimo mar. De acuerdo al Curso, todo es un sueño. Y no es un sueño muy agradable. Mejor dicho, es una pesadilla, una película de cine del ataque de nuestra mente hacia el Amor de Dios. A medida que nos damos cuenta, esto significa que los lirios del campo, los bebes focas, los Himalayas, las secuoyas californianas y sí, hasta las torres de piedra de Sedosa, son todas imágenes del sueño; nuestras mentes pueden comenzar a luchar en contra. Esto plantea, por supuesto, preguntas muy importantes, como por ejemplo “¿Qué impacto deberían tener los puntos de vista del Curso con respecto a nuestras actitudes hacia la naturaleza?” y “¿Cuál debería ser nuestra nueva actitud hacia la naturaleza?” . Muchos de nosotros hemos pasado años luchando con estas preguntas. Veamos algunas de las posturas comunes que están implícitas acerca de la naturaleza y la tierra: La tierra es nuestro hogar. La tierra es nuestra madre, nos produjo a nosotros como especie, no dio la vida como individuos y suministra y sustenta esa vida. Como hijos en este hogar, debemos hacer buen uso de la tierra, la vara que mide nuestras acciones es la que determina cuán positiva a negativamente estas acciones afectan al planeta. La vida y la subsistencia física son la suprema fuente a ser preservada. Dado que la tierra es nuestra fuente, debemos obedecer su forma; debemos modelarnos según la sabiduría de la naturaleza. La naturaleza es lo que Dios hizo y por lo tanto revela Sus formas. La naturaleza, como opuesto a la civilización humana, es lo que es natural. La naturaleza, como opuesto al género humano, es inocente. La naturaleza es belleza y debe ser disfrutada y apreciada. Inversamente, la naturaleza es un recurso que debe ser explotado con el objeto de abastecer nuestras necesidades, con el objeto de proporcionarnos una buena vida sobre esta tierra, la cual es nuestro hogar. Estoy seguro que la lista podría proseguir. Pero mi pregunta nuevamente es, ¿qué hacemos con esta lista a la luz de las enseñanzas del Curso? El siguiente artículo es el resultado de mi reflexión, durante muchos años, hacia esta pregunta. En principio, tiene dos partes. La primera de ellas, en la que miraremos las cosas negativas que dice o implica el Curso acerca de la naturaleza. En la segunda, veremos el lado positivo. Como siempre, no puedo afirmar que hablo fielmente por el Curso. Pero donde aquello que yo haya dicho resulte polémico, he intentado sustentarlo con pasajes del Curso.

Una Mirada Honesta A La Naturaleza La forma en la que percibes a la naturaleza depende en gran parte de tu patrón de medida. Si evalúas lo que llamamos naturaleza de acuerdo a las condiciones de la superficie de la luna o de Saturno, o digamos, las condiciones del séptimo nivel del infierno, la naturaleza se perfila como

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bastante buena. Existe una asombrosa exhuberancia de vida. Hay verdor en casi todas partes. La vida se acrecienta entre cada brecha. Animales e insectos vuelan o se desplazan donde sea que el ojo se pose. La multitud de cosas vivientes están generalmente abastecidas de la comida, agua y aire que necesitan para sobrevivir. En general, los diversos individuos y sistemas están encerrados en un ordenado y armonioso conjunto, casi instrumentado, en donde cada una de las partes termina, inconscientemente, cooperando con toda otra parte hacia la continuación y evolución del conjunto. En cada nivel, existe gran belleza y una complejidad fenomenal de diseño inteligente. Las cosas ciertamente podrían ser mucho peor. Y por supuesto, lo son en lugares como la luna, Saturno y el infierno. Por otro lado, sin embargo, las cosas podrían ser mucho mejor. Lo que nos lleva a preguntarnos, ¿qué tal si elegimos un sistema de medida diferente? ¿Qué pasa si medimos la naturaleza no en función de cuán mal las cosas podrían ponerse, sino cuán mejor las cosas podrían estar? Esto es precisamente lo que hace el Curso. Nos dice que lo que es verdaderamente natural es el Cielo. Cualquier cosa menor que el Cielo es antinatural. Contemplemos pues la naturaleza a la luz del Cielo. ¿Cómo es el Cielo? El cielo, de acuerdo al Curso, está más allá de las palabras, pero existen algunas que se acercan a la definición más que otras. Quizás el vocablo más descriptivo sea “ilimitado”. El cielo está representado por amor ilimitado, alegría ilimitada, paz ilimitada y perfección ilimitada. No tiene fronteras, ya que las fronteras son límites. No tiene formas, ya que las formas son límites. No existes individuos separados, ya que un individuo es un ser limitado. Existe únicamente una expansión de conciencia ilimitada en un estado de éxtasis sin forma: Dios. Todos nosotros y todas las cosas vivientes son simplemente partes o aspectos de este único Ser. Y sólo existe un momento ilimitado e inmutable, que es la eternidad. En comparación con esto, la naturaleza demuestra su grave deficiencia; pues todo en la naturaleza es limitado. En realidad, la naturaleza en sí misma no es nada más que una gran colección de diferentes patrones de limitación. Es cierto que muchas de sus formas son hermosas, pero ¿acaso puede la belleza de unas formas pequeñas y limitadas compararse con la belleza de lo amorfo, lo infinito? Es cierto que existe felicidad en la naturaleza, pero ¿cómo podría esta diminuta y fugaz felicidad acercarse a la felicidad de Dios? Sí, la naturaleza contiene vida, pero todas esas vidas son limitadas. Son pequeños individuos, meros pedacitos, cuyas vidas destellan durante un microscópico instante del reloj cósmico. Y la naturaleza es más que lo limitado. Es guerra. Para mantenerse con vida, cada cosa viviente debe librar una guerra en su ambiente. Debe comer otras cosas vivientes sólo para sobrevivir. Debe alimentarse de la muerte. Pero sólo puede hacerlo por un tiempo antes que también deba morir, para convertirse a su vez en alimento para las hienas, buitres, gusanos, bacterias, condenado así mismo a morir. La muerte, en verdad, es la “realidad” central, de este mundo. La vida debe terminar en muerte, y mientras viva; su mismísima vida emana de la muerte de otras cosas. Y así, mientras nos recostamos para apreciar la belleza de la naturaleza, más que nada lo que estamos haciendo es mirar a una guerra en acción, un bullicio universal en el cual cada árbol, arbusto, insecto, pez, lagarto, pájaro y mamífero sólo está tratando de mantenerse con vida comiendo lo que puede. Estamos contemplando un desesperado juego de subsistencia, en el cual mantenerse vivo es el objetivo que impulsa a todo el sistema hacia adelante, en el cual la misma forma física de una cosa, la total organización de su cuerpo, dentro y fuera; está constituida para

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hacerla experta en comer y no ser comida, a mantenerse con vida el tiempo suficiente para reproducirse y mantener el juego activo. El Curso está intensamente consciente de esta visión más realística de la naturaleza, como opuesto a la imagen romántica e idílica que la mayoría de nosotros tiene. Nos hace saber que la naturaleza puede ser hermosa para recostarse y contemplar, pero que en realidad puede resultar bastante espantoso para vivir. Por ejemplo, ... todas las leyes que parecen regirlo (al mundo) creencia fija e inalterable del mundo es que todas las cosas nacen para morir. Del pasaje citado, podemos derivar dos conclusiones. La primera de ellas, la naturaleza es antinatural. La vida, sin límites y sin opuestos es lo que es natural. Y la naturaleza está caracterizada por la vida limitada, rodeada, subrayada y sostenida por la muerte. Segundo, Dios no creó la naturaleza, ni el universo físico en la cual existe. Esto es lo que el Curso dice una y otra vez. Si Dios creó la naturaleza, Él habría sido cruel. En la creación del universo y sus sistemas “naturales”, Él hubiera creado limitación, temporalidad, dolor, guerra y por sobre todo, muerte. ¿Porqué habría de hacer esto, si Él podría crear lo ilimitado? ¿Porqué habría Él de hacer este mundo, a menos que Él tuviera una seria veta mezquina? Este, por supuesto, no es un argumento original. La difícil naturaleza de la vida en este mundo es quizás, la razón más grande para la falta de fe religiosa. Los teólogos - comenzando con Job han discutido tratando de reconciliar a Dios con los males de este mundo, bajo el título de “El problema del Mal”. La teoría de Darwin sobre la supervivencia del más apto dañó la fe religiosa, tal vez en igual medida al revelar el mundo que supuestamente Dios había hecho funcionar con la ley de uñas y dientes, como al revelar que el hombre evolucionó de los simios. Teniendo todo esto en cuenta, personas inteligentes han estado rechazando a Dios por siglos basados en el dolor, maldad e injusticia inherentes a la vida sobre la tierra. Pero Dios no creó la vida sobre la tierra. Así reza el Curso. Si Él no lo hizo, entonces ¿Quién fue? De acuerdo al Curso, fuimos nosotros. La naturaleza, la tierra y el universo físico son en conjunto un gran sueño colectivo. Tomemos las dos palabras de esta frase, “sueño colectivo,” y estudiémoslos por separado.

Un Sueño Comenzaremos con la palabra “sueño”. El hecho de que el mundo es un sueño implica muchas cosas. La primera y más importante, por supuesto, significa que el mundo no es real. Es una ilusión, un espejismo. Otra cosa que trae consigo es que el mundo no es siquiera un lugar. Es sólo un montón de imágenes en nuestras mentes. Pensemos sobre nuestras pesadillas nocturnas. Al despertar, te das cuenta que el lugar que estabas soñando no era real, sino simplemente una colección de imágenes dentro de tu mente. De esta manera, no estabas dentro del sueño. El sueño estaba dentro de tu mente. Todas las imágenes eran simplemente muebles en tu mente. Y así es con el sueño de este mundo. Tú no estás dentro de él. Está dentro de ti. Otra consecuencia de la palabra “sueño” es que todas las imágenes, sucesos y tramas delineadas en el sueño son símbolos del sueño. Fueron producidos por pensamientos, sentimientos y actitudes en la mente y por lo tanto reflejan o simbolizan esos pensamientos, sentimientos y actitudes. De esta manera, todos sabemos que lo que soñamos a la noche es producido por cosas en nuestro inconsciente. Por ejemplo, si tenemos una pesadilla, imaginamos que debe haber algunos temores muy fuertes agitándose en nuestro inconsciente.

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Entonces, ¿cómo interpretamos el sueño del mundo? Si las imágenes, sucesos y tramas delineadas del mundo “natural” son símbolos, ¿qué creencias inconscientes simbolizan? ¿Qué creencias debemos estar abrigando? En primer lugar, debemos creer en la separación, dado que todos los símbolos del sueño de la naturaleza están separados. En segundo lugar, debemos creer en la limitación, por la misma razón. Tercero, debemos creer en la escasez. Miremos a los símbolos del sueño de nuestros cuerpos. Constantemente necesitan ser atestados con comida. Su escasez es tan primordial que en realidad nunca están saciados, ya que una vez que los hemos alimentado, estarán de nuevo carentes en unas pocas horas. Ellos deben ser símbolos del sueño de la creencia en la escasez. Cuarto, debemos creer en la vulnerabilidad, ya que todos los símbolos del sueño del mundo son fácilmente lastimados y necesitan de protección constante. Quinto, debemos creer en el ataque ya que todas las cosas deben atacar para sobrevivir, para satisfacer las necesidades de su cuerpo. Sexto, debemos creer en la culpa. La culpa dice que nosotros merecemos castigo y muerte, y que el mundo que soñamos jamás cesa de castigarnos desde el momento en que nacemos hasta que el momento que finalmente nos morimos. Por eso el Curso dice: Dentro de todo, debemos creer que la vida puede ser contrarrestada y derrotada por un opuesto, que ”existen fuerzas que deben ser derrotadas para estar con vida” (Psicoterapia, Pág.10). Debemos creer que la vida puede ser fragmentada en piezas separadas, que puede ser limitada, insuficiente y vacía, puede ser atacada, lastimada y vaciada, y que puede finalmente ser aniquilada. Debemos creer en la muerte. No solamente debemos creer en esto, debemos tener la intención de probárnoslo a nosotros mismos. Esto, dice el Curso, es el oscuro motivo encubierto que produce este sueño. Si nuestras creencias en la separación, limitación, escasez, etc. siguen siendo nada más que creencias en nuestras mentes, son de hecho muy precarias. Pues todos sabemos, las creencias pueden estar equivocadas y pueden cambiar. Aunque, si producimos un sueño que las simboliza y luego nos olvidamos que es un sueño, la situación cambia completamente. Ya que al olvidarnos que es un sueño, pareciera ser realidad, independiente de nuestras mentes. Y así, la separación, la limitación, la escasez y la muerte que caracterizan al sueño ya no son sólo creencias. Parecen ser parte de la mismísima trama de la realidad. El sueño del mundo, por lo tanto, es un mecanismo para “probar” la realidad de nuestras creencias equivocadas.

Un Sueño Colectivo Ahora ocupémonos de la palabra “colectivo”. Una de las razones por las cuales es tan difícil darnos cuenta que el mundo es un sueño es que, a diferencia de los sueños nocturnos, este es increíblemente inmenso, complicado, consistente, lógico y persistente. Esto, yo creo, es el resultado del hecho de que éste no es ni un sueño superficial ni individual. Está siendo soñado por una parte extremadamente profunda de nuestras mentes, la cual es continua con las mentes de todas las cosas vivientes. El sueño, por ende, viene de un nivel mucho más profundo de nuestras mentes que los sueños nocturnos, un nivel de la mente que está muy cerca de la inteligencia infinita de nuestro Ser Crístico. La suma de todo esto es que el sueño del universo físico está siendo soñado por un vasto océano de inteligencia. Este océano está compuesto de capas profundas de todos los trillones de mentes que se encuentran perdidas en el sueño de la ilusión. Todas las leyes de este mundo, las leyes de la física, de la química, de la biología, etc. son simplemente acuerdos colectivos entre los miembros de este océano de mentes. Si te has asombrado ante la vitalidad y detalle de tus sueños nocturnos, habrás quedado asombrado ante la complejidad de aquello que tu inconsciente puede

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producir espontáneamente, imagina el sueño que un reino más profundo y vasto de mentes podría producir. En realidad, no tienes que imaginarlo. Sólo hace falta mirar a tu alrededor. Por lo tanto, las imágenes de nuestra vida mientras estamos despiertos no son ni un poquito más reales que las imágenes de nuestros sueños nocturnos. Son sólo más estables, intrincadas y consistentes porque están siendo soñadas en un nivel mucho más profundo y amplio de la mente. Sin embargo, es todavía un sueño, puro y simple. Es un conjunto de imágenes sostenidas en la mente, imágenes que desaparecerán tan pronto como la mente deje de soñarlas.

La Tierra No Es Nuestro Hogar Ahora podemos regresar a la lista de actitudes hacia la naturaleza con las que comenzamos este artículo. Aunque algunas de ellas estuvieran en conflicto con otras, todas compartían una creencia fundamental. Todas asumen que la tierra es nuestro hogar; que nos produjo, que nos mantiene, que es donde nacemos y donde morimos. Pensemos sobre la palabra “hogar” y lo que implica. Tu hogar es donde perteneces, donde te adaptas. Si algo es tu hogar, entonces lo que eres queda definido a la luz de lo que tu hogar es. Si la tierra es nuestro hogar, entonces debemos ser la clase de cosa que se adecua a ese hogar: criaturas físicas diminutas y vulnerables que deben devorar a otras criaturas para sobrevivir antes de que nosotros mismos seamos inevitablemente devorados. ¿Es esto todo lo que somos? ¿ Es esto lo mejor que un Creador ilimitado pudo hacer? Afortunadamente, la tierra no es nuestro hogar. No es nuestra madre. Dios es nuestra Madre. Dios es nuestro hogar. Dios es lo que nos ha producido. Dios es lo que nos sustenta, vivimos en Dios y nunca moriremos. Aunque parezca que vivimos en la tierra, en realidad estamos en Dios justo ahora, meramente soñando la tierra. Como el Curso dice, ”En Dios estás en tu hogar, soñando con el exilio” (T-10.I 2:1) 3)

”Dios te creó como parte de Él. Eso es al mismo tiempo donde estás y lo que eres” (T-6 II 6:2-

En otras palabras, la tierra no es el hogar. Dios es el hogar. No somos parte de la tierra. Somos parte de Dios. ¿Qué sería entonces el sueño de la tierra sino un intento de construir un hogar sustituto, un reemplazo de nuestro verdadero hogar? La tierra es una película de nuestro intento para explicar quiénes somos, nuestro origen, nuestra vida, nuestras necesidades y nuestro destino sin Dios. ¿No es curioso que podamos buscar en el cielo con un telescopio y buscar en la tierra con un microscopio y nunca ver a Dios? Él no está visible. Ese hecho básico no es un descuido de diseño. Es una pista del propósito conductor del diseño. El universo físico es un sueño diseñado para probarnos que no somos parte de Dios, que Él no es nuestro hogar.

El Lado Bueno De La Naturaleza Habiendo dicho todo esto, existen algunas cosas positivas que yo creo que dice el Curso acerca de la naturaleza. Por todo lo mencionado, es fácil tener la impresión que la tierra es un sueño puramente oscuro, y por lo tanto no hay nada real o lindo sobre las plantas, animales, montañas y arroyos. Sin embargo, pienso una interpretación tan radical es una verdadera lectura fallida del Curso. Por ejemplo, ¿qué hacemos con el siguiente pasaje:

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”No creas que fuiste tú quien hizo el mundo. ¡Las ilusiones, sí! Más lo que es cierto en la tierra y en el Cielo está más allá de tu capacidad de nombrar” (Ejercicio 184 8:1-3) Por lo que puedo ver, existen dos razones para amar y apreciar la naturaleza. Estas dos razones corresponden a las dos formas en las cuales en Curso habla sobre lo que denomina al mundo real. A mi mejor entender, ver el mundo real significa 1) percibir la luz eterna detrás de cada forma en este mundo y 2) percibir los pensamientos amorosos que contribuyeron la creación de este mundo. Veámoslas una por vez.

1. Detrás De Cada Forma Está Una Parte De Dios. Desde el punto de vista del Curso, cada cuerpo humano tiene parte de la Filiación asociada a él. Lo que esto significa es que por cada cuerpo humano, existe una mente dormida en el Cielo, una parte de la Mente Crística, soñando que vive dentro de ese cuerpo. Existe una mente que piensa que más o menos es ese cuerpo, que nace con el nacimiento y que muere con la muerte. Como estudiantes del Curso, nuestro trabajo es el de separar el soñador del sueño, para mirar más allá del cuerpo a la mente que sueña. Pues esta mente, siendo parte de Dios, es eterna; es algo a lo que podemos amar sin reserva. Ahora bien, el Curso asimismo alude a que esto es verdad también en animales, a través del uso repetido de la frase “todas las cosas vivientes”. Esta frase implica que por cada cuerpo animal existe una mente dormida en el Cielo que piensa que está viviendo en ese cuerpo. Por lo tanto, los animales se merecen el mismo amor incondicional y santo respeto que los humanos. Pero, ¿qué pasa con las plantas? ¿Qué pasa con los objetos inanimados como rocas o muebles? Yo creo que el Curso es inequívocamente claro que estas dos cosas son también cuerpos que se corresponden a mentes que sueñan el Cielo. Por ejemplo, veamos el siguiente pasaje: Esto seguramente parece decir que un granito de arena es uno de los “fragmentos separados” de la Filiación. ¿Cómo puede ser? Tal vez es sólo una metáfora, una licencia poética. Sin embargo, como si nos leyeran la mente, las siguientes oraciones responden esta pegunta directamente, quitando toda duda: Las formas que los diferentes fragmentos parecen adoptar no significan nada, pues el todo reside en cada uno de ellos. Y cada aspecto del Hijo de Dios es exactamente igual a todos los demás (T-28 IV 9:5-7) En otras palabras, si piensas que un granito de arena no puede, como tú, ser un fragmento del Hijo de Dios, entonces, recuerda “las formas que los fragmentos separados parecen adoptar no significan nada”. El Curso está diciendo claramente que no importa cuál sea la forma - puede ser un cuerpo humano, un cuerpo animal, una planta o un granito de arena - detrás de cada una hay una “parte”, un “fragmento”, un “aspecto” de la Mente del Hijo de Dios. Las lecciones 28 y 29 del Libro de Ejercicios elaboran este misma tema acerca de una mesa. Esto puede ser tan difícil de creer que, para asegurarme, me gustaría que miráramos a las declaraciones sobre la mesa una por una: 1. Nos dicen que cuando miramos bajo la visión de Cristo, una mesa tiene “infinito valor” (Libro de Ejercicios 28 5:2) Solamente lo que Dios crea tiene infinito valor. La mesa debió haber sido creada por Dios.

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2. Nos dicen que una mesa no está “separada, por sí mismo o en sí mismo (Libro de Ejercicios 29 2-2). Esto significa que la realidad de una mesa no es una forma física, pues todas las formas están separadas. De tal manera, existe algo más allá de su forma física, algo sin forma, que es la realidad de la mesa. 3. Se nos dice que una mesa comparte su verdadero propósito con el propósito de “todo el universo” (Libro de Ejercicios 28 5:3). Esto significa que una mesa es parte del universo. En el Curso, “universo” no significa el universo físico. Se refiere al universo que Dios creó: la Filiación. En otras palabras, una mesa es parte de la Filiación. 4. En forma similar, se nos dice que una mesa comparte el propósito del universo y que por lo tanto, “comparte el propósito de su Creador” (Libro de Ejercicios 29.2:5). Nuevamente, la mesa es parte del universo que Dios creó. La mesa fue creada por Dios; no la forma de la mesa, por supuesto, sino la realidad más allá de la forma. Resumiendo, lo que nosotros consideramos mesa -su forma física- no es lo que es. Más allá de la forma existe un algo sin forma que Dios creó y en el cual Él mora. En otras palabras, en algún lugar del Cielo, existe una mente, que es una con la nuestra y que es igual a la nuestra que está soñando que es esa mesa. Esta mente (de la cual estoy seguro que en su estado actual está mucho más inconsciente que la nuestra) piensa que nació cuando se hizo la mesa. Se queja en sordo dolor cuando la mesa es dañada y vagamente teme la destrucción de la mesa. Y así, la forma de la mesa puede ser una ilusión, pero la mente que piensa que es esa mesa es en realidad parte de Dios. Nuestra forma (nuestros cuerpos), la forma de la mesa y todas las formas de la naturaleza son sueños que inventamos. Pero detrás de cada uno está la realidad creada por Dios. Esto, yo creo, es lo que la lección 29 del Libro de Ejercicios significa al decir “Dios está en todo lo que veo”. De hecho, prosigue diciendo que en verdad es “el pilar de la visión” (Libro de Ejercicios, 29 1:5). En otras palabras, la visión de Cristo, por la cual somos salvados, consiste en ver a Dios en cada forma. Entonces, ¿cómo se vería la naturaleza a través de la visión de Cristo? Basado en lo antedicho, supongo que la visión de Cristo nos permitiría automáticamente pasar por alto todas las formas de la naturaleza. Nos daríamos cuenta que no importa cual pareciera ser la forma que tome, porque detrás de ellas se encuentras los radiantes rayos de Dios. Y así, ya sea que veamos una ardilla, un pájaro, una serpiente, un escarabajo, un arbusto, un árbol, un arroyo o una roca, sabremos que todos ellos son lo mismo, todos fragmentos del único Hijo de Dios; que las “formas que los diferentes fragmentos parecen adoptar no significan nada”. Veríamos toda la apariencia exterior de la naturaleza como una débil niebla, apenas oscureciendo las fulgurantes galaxias de la Filiación astillada que se encuentran detrás de la niebla, apenas disimulando la infinita belleza, pureza y valor de cada uno de los billones de los esplendorosos fragmentos. Seríamos capaces de amar cada cosa, grande o pequeña, animada o aparentemente inanimada, totalmente sin reservas. Y veríamos toda esta miríada de aspectos de Dios quejándose bajo la carga de la limitación. Podremos verlos también buscando incesantemente el hogar, la felicidad, la seguridad y perfecta paz que piensan que pueden encontrar en comer, aparearse y sobrevivir, pero que sólo podrán encontrar en Dios. Yo creo que el hecho que toda la naturaleza esté viva con Filiación separada puede servir como el fundamento para una ecología iluminada. Esta ecología sería, solo a escala secundaria, acerca de la preservación, protección y cuidado de las formas. Primariamente tendría que ver con

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relaciones amorosas con nuestros otros hermanos. Tomaríamos los mismos principios que el Curso aplica a las relaciones humanas y las utilizaríamos en nuestras relaciones con “todas las cosas vivientes”. Esto significa, primero y principal, ver más allá de las formas a la luz interior de Cristo dentro de cada cosa. Pero, una vez que hemos hecho esto, también significaría expresar esa visión de amor en la forma de un comportamiento concreto. Y, si parte de la Filiación, piensa que vive dentro del cuerpo de una planta, no le estarías expresando amor si descuidadamente dañamos y destruimos ese cuerpo de la planta, de la misma forma en que no estaría expresando amor a otro humano si le atropellaras el cuerpo con el auto. Por lo tanto creo que mucho de la ecología convencional es apropiado, pero sólo si la preservación, protección y cuidado de las formas son percibidos, no como un fin en sí mismo, sino como un medio de expresar amor a las mentes dentro de esas formas. Todo esto es muy similar, por supuesto, a la visión que guió los primeros años de la comunidad espiritual de Findhorn en Escocia. Y yo pienso que esa visión es básicamente correcta. 2.El Espíritu Santo Tuvo Una Mano En La Creación Del Mundo Este tema requiere un tratamiento cuidadoso, ya que el Curso es muy preciso en decir que el mundo es nuestro sueño, que fue nuestra idea en primer lugar y que lo hemos inventado. Sin embargo, yo pienso que es igualmente claro en decir que el Espíritu Santo puso Su mano. En otras palabras, Él influenció hasta cierto punto el diseño del universo físico. El primer indicio que tenemos de esto está al principio del Texto, donde se nos dice que: ”La Expiación se instituyó dentro de la creencia en el tiempo y en el espacio...” (T 2 II 5:1) Dado que la creencia en el tiempo y en el espacio es la fuente del universo físico, el hecho de que el Espíritu Santo instituyera la Expiación dentro de tal creencia es muy significativo. Significa que el universo físico debe ser la representación tanto de nuestra creencia en el tiempo y en el espacio como la de la Expiación que fue instituida dentro de tal creencia. Donde esto se hace realmente claro, es en las descripciones del Curso sobre el mundo real. Mientras que el mundo es el conjunto de todas las formas que hemos creado, el mundo real es la suma de todos los pensamientos amorosos que entraron en la creación de dichas formas. Yo pienso que queda claro por el tono del Curso que la mayoría de los pensamientos que hicieron este mundo no fueron amorosos. Y esto está reflejado en los patrones de ataque, destrucción y muerte que son universales en este mundo. Sin embargo el Curso está diciendo claramente que también hubo pensamientos amorosos detrás de la construcción de este mundo. Y esto, asimismo, debe estar reflejado de alguna manera en las formas de la naturaleza. ¿Cómo refleja o simboliza la naturaleza los pensamientos amorosos que contribuyeron en esta creación? Esta es una pregunta fácil, ya que en todo el Curso se encuentra la implicancia que vibrantes y saludables formas son los símbolos de los pensamientos sanados o amorosos. Por ejemplo, el Curso supone constantemente que un cuerpo humano saludable es un símbolo del sueño de una mente saludable. Siguiendo estos lineamientos, frecuentemente sugiere que una naturaleza saludable, abundante y vibrante es también el símbolo del sueño de un pensamiento sanado. Nos dice, por ejemplo, que la mente sanada que proviene de hacer el Libro de Ejercicios puede

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”sanar el ala rota de un pájaro o provocar que un arroyo por largo tiempo seco manará nuevamente” (Ejercicio 109 6-7). Y como mínimo tres veces (en “El pequeño jardín” y “ Pues ellos han llegado” del Texto y en “¿Qué es un milagro?” del Libro de Ejercicios), el Curso sugiere que condiciones áridas y desérticas son símbolos del ego y que la vida floreciente es un símbolo de un pensamiento sanado. De todo esto, podemos deducir que el Curso ve aquellos elementos de la naturaleza que reflejan salud, belleza, vida, abundancia, armonía, orden y cooperación como productos de pensamientos amorosos que entraron al mundo. Estos aspectos de la naturaleza son símbolos del sueño del amor. Por lo tanto, el Curso no está totalmente en contra de ver la belleza en la naturaleza, ya que las formas hermosas pueden conducirnos a los pensamientos hermosos detrás de ellos. Y ver esos pensamientos es ver el mundo real. La idea de que pensamientos sanos y amorosos producen la belleza en la naturaleza está muy claramente expresada en la sección denomina “El Mundo Perdonado”. Allí se nos dice: En otras palabras, el Espíritu Santo revelará tus motivos detrás de la creación de este mundo y te mostrará que fue tu insania la que lo hizo. Sin embargo, existe un importante calificador agregado a esto: Ni siquiera lo que el Hijo de Dios inventó en su demencia podría no tener oculto dentro de sí una chispa de belleza que la dulzura no pudiese liberar (T-17 II 5:5) Esto dice que dentro de la insania que creó el mundo, existía un poquito de sanidad, existían pensamientos amorosos. Aunque estos pensamientos amorosos fueran la influencia minoritaria en la creación del mundo, aún están allí. Y están visiblemente expresados en las formas de la naturaleza. El Curso lo expresa claramente en el siguiente párrafo: Esta belleza (la chispa oculta que contribuyó a la fabricación del mundo)En otras palabras, la hoja y la brizna de hierba son “signos” o símbolos de los pensamientos que los hicieron. Y dado que algunos pensamientos amorosos contribuyeron en su fabricación, existen aspectos de la hoja y de la brizna de hierba que son emblemáticos del amor ( incluso de la “perfección de Dios”). Para generalizar esto, existen elementos en la naturaleza que testifican al pensamiento amoroso y sano que fue parte del sueño de este mundo. De hecho, a través de los ojos del perdón (como esta sección afirma) podemos ver símbolos de amor por todas partes, incluso en lo que nosotros normalmente consideraríamos como cosas ordinarias, como hojas y briznas de hierbas. El perdón puede revelar una belleza en la naturaleza cuya existencia nunca sospechamos. Y, por supuesto, es imposible tener pensamientos amorosos que no hubieran sido inspirados por el Espíritu Santo. Si el amor está presente, entonces Él está allí en ese amor. Por lo tanto, el mundo real - la suma total de todos los pensamientos amorosos detrás de este mundo - puede decirse que han sido inspirados por el Espíritu Santo “ya que el mundo real es el regalo del Espíritu Santo ... “ (T-12 VI 3:6). Por eso, en la sección denominada “Percepción y Elección” al Espíritu Santo se lo llama en repetidas ocasiones el Hacedor del mundo real. Veamos, por ejemplo, el siguiente pasaje: Mi interpretación de esto es que una vez que comenzamos a soñar el mundo del odio, limitación y muerte, el Espíritu Santo simultáneamente introdujo dentro del proceso de nuestro sueño Su corrección para ese mundo (en otras palabras, Él instituyó la Expiación dentro de la creencia en el tiempo y en el espacio). Esta corrección se hizo parte del mundo en sí ( dándole el

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derecho a ser denominado como “otro Hacedor de este mundo”, una voz minoritaria de amor, belleza, orden y armonía en un mundo dominado por el odio, la fealdad, el caos y la muerte. En otras palabras, se entretejieron leyes dentro del sueño del universo físico que reflejaron las leyes amorosas del universo de Dios (la Filiación). Y de esta manera, se estableció un vínculo que mantuvo al mundo “dentro de las leyes de Dios”. Por consiguiente, el mundo tiene dos pilares. Los cimientos mentales sostenidos por vigas principalmente el ego, pero mezclada dentro del cemento de esos cimientos hay una clase de agente disolvente, una corrección para el ego - el Espíritu Santo. Y ambos pilares están visualizados en las formas de la naturaleza y representadas en sus dramas. Añadiendo a esto nuestra charla sobre pensamientos amorosos, podemos decir que el Espíritu Santo fue capaz de ingresar en nuestro proceso de sueño debido al permiso que Le dimos a través de nuestros pensamientos amorosos. Él actuó a través de estos pensamientos amorosos para contrarrestar los pensamientos odiosos que dominaban el proceso del sueño, para asegurarse que en este mundo cruel y difícil hubiera suficientes recordatorios - símbolos del sueño- del hogar. Él nos dejó Sus tarjetas de visita por todos lados: la belleza de las flores, la gracia de los animales, la gloria de los atardeceres y la majestuosidad de las galaxias.} Estas hermosas formas pueden ser útiles en nuestro crecimiento espiritual. No vemos el mundo real con nuestros ojos, ya que es un mundo de pensamiento que vemos con nuestras mentes. Verlo significa sentir mentalmente el pensamiento amoroso y sanador que está presente en este mundo. Sin embargo, podemos ponernos en contacto con ese pensamiento al contemplar las formas que produce. Pues esas formas tienen la habilidad de transportar nuestras mentes al amor detrás de ellas. El símbolo puede transportarnos a aquello que simboliza. Así, al salir a dar un paseo en la naturaleza y observar la belleza de un arroyo, árbol o montaña, la intrincada belleza revelada por un microscopio o la grandeza revelada por un telescopio, podemos decirnos a nosotros mismos: “¡Qué hermoso símbolo del sueño de nuestro hogar!

Síntesis El cuadro de la naturaleza del Curso, como yo lo entiendo, es fascinante. El Curso mira a la naturaleza sobriamente, desapasionadamente, sin ninguna bruma romántica en sus ojos. Ve que la naturaleza es un cuadro de vida limitada, combatida y dominada por la muerte. Y dado que la realidad o Cielo es vida ilimitada, sin ningún opuesto, la naturaleza debe ser una ilusión. No debe ser una creación de Dios, sino un sueño nuestro, un sueño flotando en un océano vasto e intranquilo de mentes que duermen en el Cielo. Este sueño es la representación de nuestra creencia de que estamos separados, limitados, carentes, vulnerables, atacados y culpables; nuestra creencia que la ilimitada vida del Cielo puede ser reducida, fragmentada en pedazos, herida y finalmente aniquilada. Este es el cuadro de nuestra creencia de que podemos tachar a Dios de nuestras vidas, de que podemos hacer un lugar en donde no Lo incluyamos e incluso llamarlo hogar. Sin embargo, dentro de este sueño oscuro existen chispas de luz. Detrás de cada forma limitada de la naturaleza está una de las hermosas mentes que han soñado toda esta cuestión. Esta mente está dormida a lo que es la realidad, una mente engañada y confundida. Pero aún sigue siendo tan inocente y hermosa como en el primer momento de su creación, ya que existe un solo momento en el Cielo.

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Y aún dentro del mar de oscuros pensamientos que soñaron este mundo, fueron inyectados pensamientos amorosos, pensamientos inspirados en el Espíritu. Estos pensamientos amorosos se ven reflejados en las hermosas formas y patrones de la naturaleza. Y una mente verdaderamente sintonizada con estos pensamientos verá belleza en la naturaleza mucho más allá de lo que normalmente puede ser visto. La naturaleza no es nuestro hogar. No es una morada adecuada al Hijo de Dios. Es una guerra en acción. Pero hay lugar para amar y apreciarlo. Es nuestra tarea amar y cuidar de nuestros otros hermanos, los trillones de fragmentos esparcidos del Hijo de Dios que se encuentran detrás de las innumerables formas de la naturaleza. Y es nuestra tarea contemplar las hermosas formas de la naturaleza como símbolos del sueño de la belleza trascendental que nuestros ojos físicos jamás verán.

Viendo El Significado De La Lección Del Día by Robert Perry El Libro de Ejercicios consiste, en gran medida, en repetir la idea del día, la declaración que está al principio de cada lección. Por lo tanto, si esta idea cae de plano en nuestra mente, no estaremos aprovechando del todo la práctica del día. Sería lo mismo que estar repitiendo una frase en Latín. Así es al menos, como uno lo siente a veces. La solución para esto es comprender el significado inherente a esa breve declaración. Este significado es lo que hace que la práctica tome vida. Cuanto más significado veamos en esas palabras, más poderosa será la practica de ellas. Este significado está provisto en gran media por el Texto de estudio, pero también por una lectura cuidadosa de la lección. Después de todo, la mayor parte de las palabras de la lección nos enseñan lo que la idea del día significa. Por lo tanto, idealmente deberíamos estudiar cada línea de la lección con un solo ojo leyendo lo que dice acerca de la idea del día. Yo elijo una clase de postura mental en la cual tengo un ojo en la idea del día mientras el otro ojo lee las enseñanzas de la lección. Leo una oración o párrafo de la lección y luego regreso y me pregunto cómo se relaciona con la idea del día. Esto generalmente le dará a la idea un significado diferente de la que yo le hubiera dado de no haberlo hecho así, además de una connotación más profunda y completa. En resumen, hará de la práctica algo más poderoso y efectivo. Veamos esto en acción en el caso de la lección 264 y su plegaria complementaria, la cual provee la enseñanza de esa lección: El Amor De Dios Me Rodea La primera vez que leemos esta idea, probablemente asumiríamos que significa que existe una presencia de Dios que nos rodea, algo parecido a un aura, y que nos sigue a donde quiera que vayamos. En sí mismo, este pensamiento es reconfortante, pero veamos el significado de lo que la enseñanza de la lección pone es esta idea.

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1. Padre, estás delante y detrás de mí, a mi lado, allí donde me veo a mí mismo y dondequiera que voy. Esta primera oración no dice nada muy diferente de lo que deberíamos haber entendido sobre la idea del día. Sin embargo, la idea resulta más concreta mencionando específicamente las palabras “delante”, “detrás” y “al lado”. También la idea se vuelve más absoluta. Dios no está solamente a mi alrededor, Él está donde quiera que voy, incluso en el lugar en que puedo verme. Esto nos da una pista de lo que se viene. 2. Estás en todo lo que contemplo, en los sonidos que oigo y en cada mano que busca la mía. Esta declaración expande y profundiza la idea considerablemente. Dios no es solamente una clase de presencia invisible que flota a mi alrededor, digamos en un radio de un metro. Él está en todo lo que contemplo. Él no es una cosa invisible entre una gran cantidad de cosas visibles. Él es omnipresente. Lo que es más, Él incluso está en los sonidos que percibo. De alguna manera es mucho más fácil imaginar que Él está en los objetos físicos que en los sonidos. Los sonidos no son cosas. Son sólo vibraciones en el aire, sólo movimiento. Esto significa que Dios no solamente está en las cosas, sino también en las transformaciones, en los movimientos. Por supuesto, Él también está dentro de aquellos que caminan conmigo. Incluso Él está en aquellas manos que se extienden hacia las mías, y en el movimiento de esas manos al extenderse, y en el sonido de sus pasos. Literalmente estoy rodeado por Dios, ya que Él mora en cada mirada, sonido, persona, objeto y movimiento - en todo. Hemos llegado ahora un poco más allá del concepto de Dios como aura. 3. En Ti el tiempo desaparece, y la idea del espacio se vuelve una creencia absurda Esta declaración parece remontarse en una nueva dirección, aunque es la consecuencia lógica de las declaraciones anteriores. Si Dios está en todo, entonces cada lugar contiene la misma cosa: Dios. Y si cada lugar contiene la misma cosa, si todos los lugares son iguales, entonces no existe tal cosa llamada lugar. El mismísimo concepto de lugar implica que un lugar es distinto de otro, lejano de otro. Sucede lo mismo con el tiempo. Si Dios está en cada momento, aparentemente momentos diferentes son en realidad lo mismo, lo cual significa que no existen momentos diferentes. Sin momentos diferentes no puede haber tiempo. Sin lugares diferentes no puede haber espacio. Por lo tanto, “el tiempo desaparece, y la idea del espacio se vuelve una creencia absurda”. Este pensamiento es algo diferente de lo que he encontrado en algunas enseñanzas espirituales. He escuchado muchas veces que Dios está en todo, pero la impresión que generalmente tengo, por lo tanto, es que esas cosas son reales. A través del acto de Dios de morar en una roca, por ejemplo, Él está decretando la realidad de la roca. Esa roca debe ser real, o Dios no se hubiera molestado en estar dentro de ella. En realidad, en estos sistemas de pensamientos, Dios mismo da nacimiento a la roca, a la vida y mora dentro de la casa que Él creó. El Curso hace algo muy diferente con la idea. Implica que Dios es la única cosa real en esa roca. La forma de la roca, su sustancia física, no es real. La forma no es una manifestación de Dios. Es solamente una representación ilusoria del pensamiento demente de que Dios está ausente. Por lo tanto, la roca no está allí en realidad. Sólo Dios está. 4. Pues lo que rodea a Tu Hijo y lo mantiene a salvo es el Amor Mismo.

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Esta declaración lleva las cosas un poco más allá. Parece que estamos rodeados por el tiempo y el espacio: lo que nos envuelve es el espacio, detrás nuestro está el pasado y delante el futuro. Esto es lo que significa estar en este mundo - estar rodeado del tiempo y del espacio. Sin embargo la lección nos dice que lo que está delante y detrás nuestro es Dios, no el pasado y el futuro, no el espacio físico. Si esto es realmente cierto, entonces nosotros no estamos en este mundo. En realidad estamos en el Amor de Dios, en el Cielo. Si tan solo pudiéramos ver, si las dimensiones pudieran desprenderse de nuestros ojos, nos daríamos cuenta que justo ahora no estamos en este mundo, sino en el Cielo, rodeados por Su Amor. Hemos llegado ahora mucho más allá de la idea de que el Amor de Dios es como un aura de un metro. 5. No hay otra Fuente que esa, y no hay nada que no comparta Su santidad; nada que se encuentre aparte de Tu única creación, o que carezca del Amor que envuelve a todas las cosas dentro de sí. El alcance del Amor de Dios continúa extendiéndose. No solamente estamos rodeados por el Amor de Dios, sino que venimos de ese Amor. Es nuestra Fuente; lo que le da vida a nuestro ser. Más aún, esta total relación con el Amor de Dios está ahora expandida hasta envolver a todo y a todos. No solamente a nosotros, sino que todo proviene de ese Amor y está hecho de ese Amor, compartiendo Su santidad. Y nada ha sido excluido de Su abrazo eterno. Todo está sostenido en ese Amor, no en el tiempo y el espacio. ¿Cómo puede existir un mundo de tiempo y espacio cuando solamente existe un Amor que crea más de sí mismo? 6. Padre, Tu Hijo es como Tú La oración 5 fue una larga declaración, más filosófica respecto de la relación de la Fuente con todo lo demás. Ahora tomamos esas ideas, en esta oración 6, la condensamos dentro de una declaración breve, directa e íntima de un Hijo a su Padre. “Esta es la única Fuente y todo comparte Sus atributos” se transforma en “Padre, todos nosotros somos igual a Ti, porque todos somos Tu Hijo”. Individualmente, este Hijo somos nosotros, pero (dado el contexto de la declaración anterior) es también todos y todo. Con esta declaración directa e íntima, la plegaria está comenzando a completarse y nos conduce hacia el lugar del que ha estado hablando. El “nosotros” implicado en la oración 6 se continúa en la línea final de la plegaria. 7. Hoy apelamos a Ti en Tu Propio Nombre, para estar en paz en Tu eterno Amor. Las ideas que la plegaria ha descrito son una especie de alfombra roja que ha sido extendida ante nosotros. Ahora, en esta línea final, estamos destinados a caminar sobre esta alfombra hacia la realidad de la que se ha estado hablando, la realidad del Amor de Dios. Sabemos que al hacer esto, no estamos actuando por nuestra cuenta. No estamos irrumpiendo. Estamos caminando hacia la puerta de entrada de Dios sosteniendo en nuestras manos una invitación de parte del mismísimo Señor de la casa. Apelamos a Él en Su Propio Nombre. Él mismo ha extendido la alfombra roja. ¿Cómo sabemos esto? Como dice el resto de la plegaria, Él ya nos ha colocado para siempre dentro de Él. Si su Amor es lo que nos ha creado y lo que nos rodea, y en realidad es lo único que existe, ¿dónde más podríamos ir? El contexto que inicialmente habíamos leído dentro de la idea del día se encuentra ahora totalmente transformado. El Amor de Dios no es meramente un aura que nos rodea, un fantasma silencioso que llevamos con nosotros en nuestro agitado viaje por este mundo de cosas separadas.

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El mundo es el fantasma; el Amor de Dios es la única realidad que existe. Es el reino omnipresente que nos encamina más allá de este mundo de sombras hacia dentro de Sí Mismo. Y no sólo a nosotros - encauza a todos y a todo; a todas las mentes incontables que comprenden el único Hijo de Dios. Así, en vez de decir “Qué gentil de tu parte, Dios, al venir conmigo en mis tareas diarias” terminamos diciendo “Nosotros (el mundo entero y todas las cosas vivientes) apelamos a Ti”. Apelamos a Él, para descansar de nuestros quehaceres atareados y ansiosos planes, para liberarnos del desfile sin fin de pequeños objetos que se escurren a través de los días intranquilos. Apelamos a Él, para dejar detrás las miles de sombras que hechizaron este lugar irreal y transitar para siempre hacia la luz del Cielo. Como un Hijo, apelamos a Él para olvidarnos de todas nuestras identidades separadas y juntos encontrar quietud eterna en Sus Brazos sin límites. Apelamos a Él para descansar en Su Amor eterno. “El amor de Dios me rodea” significa mucho más de lo que podríamos haber pensado al principio. Teniendo en mente este significado expandido, más profundo y más amplio, ¿te parece que practicar esta lección sería algo diferente? Pero El no puede ver lo que mantienes oculto.

Llévale por lo tanto, todos tus pensamientos tenebrosos y secretos y contémplalos con El .

Él abriga la luz, y tú la oscuridad.

Ambas cosas no pueden coexistir cuando las contempláis juntos.

Su juicio prevalecerá, y El te lo ofrecerá cuando unas tu percepción a la Suya

(T-14.VII 6:1-5,8-11)

The Earlier Versions and the Editing of A Course in Miracles

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by Robert Perry Life for students of A Course in Miracles used to be simpler than it is today. We had one version of our revered book, and we knew that this version was almost exactly as its scribe, Helen Schucman, heard it, straight from Jesus. She herself gave this impression in the Course’s preface: Only a few minor changes have been made. Chapter titles and subheadings have been inserted in the Text, and some of the more personal references that occurred at the beginning have been omitted. Otherwise the material is substantially unchanged. Then everything changed. In January of 2000, an earlier version of the Course, called the Hugh Lynn Cayce Version, was disseminated on the Internet. Later in that same year, an even earlier version, called the Urtext, also became available on the Internet. Both versions showed that the Course as we knew it had gone through a far more extensive editing process than anyone had suspected. While before we felt the comfort of knowing that our scripture, unlike so many others, was free of human influence, we now began to wonder how much of the Course was altered by human editors. We also wondered which was the “true” version. Indeed, the Hugh Lynn Cayce Version was quickly published under the rather in-your-face title Jesus’ Course in Miracles (and just as quickly became unavailable due to a court injunction). This article attempts to answer, to the best of available knowledge, the following questions: What are the earlier versions? How do they differ from the standard Course? What was the editing process by which they became the standard Course? Finally, I will draw conclusions about the quality of the editing and offer recommendations about where to go from here.

THE VERSIONS The shorthand notebooks

The very first version, you could say, of A Course in Miracles was Helen’s shorthand notebooks. This was where she took down her inner dictation in the form of her own style of shorthand. Virtually everything Helen heard was taken down in these notebooks, though a few pieces of dictation (six by my count) she dictated directly to Bill without writing them down. Helen would then dictate the notes to Bill Thetford, who would type them up. This is actually where the first editing took place, because Helen would not read to Bill everything she had taken down. She felt that some of the material was meant for her alone. According to Ken Wapnick, “When Helen dictated this to Bill, she basically dictated everything she had taken down with some very, very personal exceptions—material that was personal.”1 The shorthand notebooks are still under lock and key. Therefore, we don’t really know what is in them that Helen chose not to dictate. However, some of this material is included in Ken Wapnick’s Absence from Felicity. There, we have approximately 6,000 words from Jesus (about 15 pages worth) which do not appear in any of the later versions of the Course. What is this material like? Much of it, as Ken Wapnick says, is indeed personal to Helen. For example, “Yes, indeed, the way the course is given you is quite unusual, but as Bill says you are not the average American

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woman.”2 However, a surprising amount of the material seems suitable for the Course, and perhaps even meant for the Course. Note the following, for instance: Remember a miracle is a spark of Life. It shines through the darkness and brings in the light. You must begin to forget and remember. This is a private point, just for you. It is not part of the course. A miracle is love—you always wanted presents, and a closed package was intolerable. Please open this one.3 Notice how the tone of this material shifts from the first paragraph—which sounds as if it could have come straight from the Course—to the second, which is obviously meant for Helen. Moreover, the second paragraph openly states that it is not meant for the Course, seemingly implying that the first paragraph is. There are several other discussions buried in the shorthand notebooks that appear suitable for the Course, including the following: Instruction in turning over our daily minutiae to Jesus so that he can save us time for more important things • A definition of Atonement • Two beautiful prayers given to Bill but suitable for all Course students • A discussion of how reincarnation relates to the Course’s thought system (which strikingly parallels the later discussion of reincarnation in the Manual for Teachers) •

I believe that Helen’s choices of what not to dictate to Bill cannot be considered infallible. Hence, there may well be material that never made it out of her shorthand notebooks that should have made it into the published Course.

The Urtext

What Bill typed from Helen’s shorthand notebooks eventually became referred to by Helen and Bill as the Urtext. The word urtext means original text, and is often used to refer to the original manuscript of a musical score or literary work. The Urtext differs from the standard Course in several important ways: It is continuous, without section or chapter breaks in the Text (although the Workbook and Manual have the same breaks as they do in the standard version). • Its capitalization, punctuation, and paragraphing are rough. • The flow of thought in the early portions is very choppy. The material is much more of a dialogue between Helen and Jesus than the monologue of the later Course. Jesus will often speak very personally to Helen and Bill. Helen will often interject and Jesus will respond. Jesus will sometimes step in and correct something Helen wrote down, saying she heard him wrong. • The early portions are far more concrete and down-to-earth than the later Course. This concreteness falls mostly into two categories. First, the personal material: Jesus speaks to Helen and Bill’s personal lives, relationships, interactions, and developmental issues. Second, the professional material: Jesus speaks to Helen and Bill’s background in psychology, explaining how the Course relates to Freud, Jung, Rank, and others. Most of the personal and professional material has been removed from the standard Course. •

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• The language in the early portions is more informal and less elegant than in the standard Course. These early portions have been edited on an almost line-byline basis, to make the language more formal.

The major differences between the Urtext and the standard Course are found almost exclusively in the first four to nine chapters of the Text. I say “four to nine” because the amount of editing tapers off gradually. In the first four chapters, about 30,000 words have been deleted (the equivalent of 75 pages). The amount of deleted material decreases until, in Chapter 9, only about 200 words are removed. In Chapter 10, only 37 words are removed. Helen then retyped the Urtext and, according to Ken Wapnick, “edited as she went along.”4 This, then, effectively produced a new version, which I will call simply, “the second draft.” Some suspect that the Urtext currently available on the Internet is actually a combination of portions of the Urtext and portions of the second draft.

The Hugh Lynn Cayce Version

The Hugh Lynn Cayce Version is Helen’s retyping of the second draft. It was an attempt by her and Bill to turn the very rough original dictation into a clean and readable manuscript. This version is named after Hugh Lynn Cayce, son of the famous psychic Edgar Cayce. Hugh Lynn had been very supportive of Helen throughout her scribing of the Course, and so she and Bill sent him a copy of the completed manuscript in 1972. They called this the Hugh Lynn Version and it has become popularly known as the Hugh Lynn Cayce or HLC. The HLC occupies a middle ground between the Urtext and the standard Course: • Chapter and section breaks have been inserted in the Text (though not always the same ones that we find in the standard Course). • Capitalization, punctuation, and paragraphing have been cleaned up somewhat. The amount of emphasized words has been reduced, for stylistic reasons. • Most of the personal and professional material has been removed, about two-thirds as much as is removed in the standard Course. References to Helen and Bill have been deleted, so that the material reads as if addressed to the reader. • The flow of thought in the early portions has been considerably smoothed out, though not entirely. For this purpose, a fair amount of material (about a thousand words) has been moved from its original context and placed elsewhere. • There is significant line-by-line editing in the early parts (about half as much as in the standard Course). This editing consists of minor wording changes which rarely affect the meaning. For example:

Urtext The reason why a solid foundation is necessary at this point is because of the highly likely confusion of “fearful” and “awesome,” which most people do make.5

Hugh Lynn Cayce The reason a solid foundation is necessary is because of the confusion between fear and awe to which we have already referred, and which so many people hold.6

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Almost half of the words in the original sentence have been changed, yet, at the same time, the meaning has not been altered. However, the editors have themselves inserted the phrase “to which we have already referred,” and this is a problem, because there has not been a recognizable reference to the confusion of fear and awe. Early on in the dictation, Bill was placed in charge of what material was included in the Course. In speaking of a piece of personal dictation, Jesus said: Ask him [Bill] later if this should be included in the written part of the course at all or whether you should keep these notes separately. He is in charge of these decisions.7 This has led many to believe that Bill was in charge of the editing of the HLC. Ken Wapnick, however, says that this instruction pertained only to that early time, and was not intended to place Bill in the subsequent role of editor. Instead, he says, Helen was the one in charge of the editing process: “You can perhaps think of Bill as her consultant.”8 Helen later wrote about the process of editing the Urtext into the HLC: I assumed the attitude of an editor whose role is to consider only form and disregard content as much as possible....Bill was adamant in opposing any changes at all, except for deleting the too personal early references and correcting actual typing errors….I wanted to change just about everything, but I knew that Bill was right. Any changes I made were always wrong in the long run, and had to be put back….[The material] had a way of knowing what it was doing, and was much better left exactly as it was.9 Two observations come to mind from this paragraph. First, Bill was probably placed in charge of decisions about what to include because Helen “wanted to change just about everything.” Second, Helen understated the actual level of change, which, as you can see, was much greater than simply “deleting the too personal early references and correcting actual typing errors.”

The standard Course (First and Second Edition)

In 1973, Ken Wapnick was shown the Course by Helen. During his second reading of the Text, he says: I commented to Helen and Bill that I thought the manuscript needed some additional editing. Some of the personal and professional material still remained, and seemed inappropriate for a published edition. The first four chapters did not read well at all, in large part because the deleted personal material left gaps in the remaining text, and thus required minor word additions to smooth the transition. Also, some of the divisions in the material appeared arbitrary to me, and many of the section and chapter titles did not really coincide with the material….Finally, the paragraphing, punctuation, and capitalization were not only idiosyncratic, but notoriously inconsistent. Helen and Bill agreed that it did need a final run-through. As Bill lacked the patience and attention to detail that was needed for such a task, we decided that Helen and I should go through it together….I earlier quoted Helen’s statement that she had come to think of A Course in Miracles as her life’s work, and she approached the editing project with a real dedication. She and I meticulously went over every word to be sure that the final manuscript was right.10

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When Helen and Ken finished the process, they had gone as far beyond the HLC as the HLC had gone beyond the Urtext: Chapter and section breaks have sometimes been changed, along with chapter and section titles. • Paragraphing, punctuation, and capitalization have been polished. The number of emphasized words has again been reduced. • More personal and professional material has been removed (half as much again as was removed in the HLC), resulting in a total of about 35,000 words removed from the Urtext. This is the equivalent of the current first five chapters of the Text. • There has been far more reordering of material. Over 6,000 words have been moved from their original context (compared to 1,000 in the HLC). • More line-by-line editing has been done, as much as or more than was done in the HLC. •

This edit resulted in the standard Course. It was first printed in 1975 as what is now called the Criswell Edition (this is the version that was recently released from copyright), and was then published in 1976 as the First Edition. In between these two printings, the Clarification of Terms, scribed in the fall of 1975, had been added in. The Second Edition In 1992, the Foundation for Inner Peace published the Second Edition. In the introduction to a pamphlet entitled Errata for the Second Edition of ‘A Course in Miracles,’ Ken Wapnick summarizes the process leading to the Second Edition. He explains that the evolving Course manuscript had gone through several retypings before it was finally printed. Helen herself had retyped the Text twice (the second retyping being the HLC) and “none of these retypings was ever proofread.” Then Helen and Ken’s edit of the Text was retyped twice before printing, and these retypings were “also not adequately proofread.” He then continues: As a result of this long process of retypings, some material was inadvertently omitted. Furthermore, a fair amount of typographical errors went unnoticed. Thus, when the Second Edition of A Course in Miracles was undertaken…it seemed to be an appropriate time to insert the deleted material and correct all prior mistakes. To ensure that this Second Edition be as free as possible from errors, the three books of the First Edition of A Course in Miracles were proofread against the urtext that Bill had originally typed from Helen’s notes. All retypings, as well as Helen’s original shorthand notebooks, were consulted to trace the errors and omissions that were found. The Second Edition, therefore, contains 97 sentences and six complete paragraphs that had inadvertently fallen out along the way. The Second Edition also contains a numbering system for sections, paragraphs, and sentences, which was not in the First Edition. The Second Edition also contains about 175 changes designed to remove the plural “you,” so that “you” often becomes “you and your brother.” This was meant to complete the process of having the Course address the individual reader instead of Helen and Bill. However, these 175 changes occur almost entirely in the Text’s discussions of the holy relationship, which speak of two people mutually joining and helping each other. Unfortunately, many of these changes (years ago, I counted about 30) strip out that sense of mutuality and thus alter the meaning. For instance:

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First Edition And you will help each other overcome mistakes by joyously releasing one another from the belief in sin.11 But first, lift up your eyes and look on one another in innocence born of complete forgiveness of each other’s illusions.13

Second Edition And you will help him overcome mistakes by joyously releasing him from the belief in sin.12 But first, lift up your eyes and look on your brother in innocence born of complete forgiveness of his illusions.14

THE EDITING The editing instructions Helen and Bill were given

Helen and Bill were given instructions by Jesus for the editing of the Course. A close study of these instructions reveals two kinds of changes he told them to make: 1. Remove material intended for you (Helen and Bill) alone Earlier, we saw Jesus saying to Helen, “This is a private point, just for you. It is not part of the course.” We also saw that he placed Bill in charge of what “should be included in the written part of the course”—implying there were gray areas that required a judgment call. In another place, Jesus said, “Nothing that relates to a specific relationship belongs in the notes.”15 But why remove these private points from the Course? The answer is simple: because they were of value only to Helen and Bill, not to the general reader. This important principle is mentioned in a couple of places. One time, Jesus told Helen that she was taking “much more personal than usual notes” and that these did not have “the more generalizable quality which this course is aimed at”16—meaning, generalizable to others. At another time, she wrote down a very personal experience, but in this case, he said, “What you wrote can be useful to miracle workers other than yourself.”17 So the principle was very simple: If what you write is so personal that it cannot benefit others, take it out. 2. Correct scribal errors In the early weeks of the dictation, Jesus would often tell Helen that she had heard him wrong, and then correct what she had written, sometimes more than once, as we see here: 20. Miracles are an industrial necessity. Industry depends on cooperation, and cooperation depends on miracles.18 Correction: And don’t lose sight of the emphasis on cooperation, or the not singular. That point about “industrial necessity” should read “corporate,” referring to the body of Christ which is a way of referring to the Church. But the Church of God is only the sum of the souls he created, which is the corporate body of Christ. Correct to read: “A Miracle makes souls one in God,” and leave in the next part about cooperation. Further Correction: “God” should read “Christ.” The Father and the Son are not identical, but you can say “Like Father, like Son.”19 This principle quite naturally extends to things Helen took down early on which are clearly in conflict with the message of the later Course. For instance, the Urtext says, “The Holy Spirit is the Bringer of Revelations, not miracles.”20 In contrast, the later Course consistently characterizes the

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Holy Spirit as “the Bringer of all miracles.”21 For this reason, the statement that the Holy Spirit is not the Bringer of miracles was quite rightfully deleted in the HLC. Several chapters into the process, Jesus told Helen that her hearing had dramatically improved,22 and after that, these kinds of inconsistencies gradually disappeared. Having seen the instructions for editing, let’s look now at what the editors actually did.

The removal of material

A huge amount of material has been removed from the notes that Helen originally took down. We know at least 6,000 words never made it out of her notebooks, and there may have been many more. And there are an additional 35,000 words that never made it from the Urtext into the standard Course. What was removed? Personal material As mentioned, personal material that commented on Helen and Bill’s personal lives, situations, relationships, and developmental issues was removed from the Urtext. This is fascinating material and deserves study in its own right. Much of it is only indirectly relevant to the reader—but not all of it. Some of it has been lightly edited and included in the standard Course. For instance, the section “Right Teaching and Right Learning” (T-4.I) was originally addressed to Bill, to help him with a class on abnormal psychology he was scheduled to teach. In my opinion, there is a large amount of additional personal material that could have been edited in the same way for inclusion in the Course. Psychological material There is also a great deal of psychological material that was removed. Ken Wapnick speaks of this: This personal material also included many references to psychologists and various psychological issues and subjects, which were also not meant for the public, but rather were to help Helen and Bill make the bridge between their psychological understanding and that of the Course.23 This psychological material is fascinating. It discusses various psychologists, such as Freud, Jung, Rank, and the neo-Freudians. It discusses therapy, statistics, behaviorism, the hierarchy of needs, defenses, psychic energy, mental retardation, the Oedipal complex, and fixation. Two running topics are notable. First, there are several lengthy discussions of Freud, pointing out the strengths and weaknesses of his system and, at times, of his character. Second, there is an ongoing presentation (running through the first four chapters) of the levels of the mind. In this model, the conscious mind is sandwiched between the superconscious (heavenly knowledge) and a two-layer subconscious, with an upper level dominated by fear, and a lower level filled with pure miracleworking ability. Impulses from all three nonconscious levels try to stream into the conscious mind, but are often blocked by the “censor” or distorted by the fear-filled upper subconscious. Some impulses make it in, though, and the conscious mind must choose between them. Miracles come from the subconscious (below conscious) level. Revelations come from the above conscious level. The conscious level is in between and reacts to either sub- or superconscious impulses in varying ratios.24

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If the rule is to remove material that is so personal that it cannot benefit others, then much of the psychological material should probably have stayed in. True, one lengthy discussion (on the pathology around possession—of people, things, and knowledge) was actually labeled as “less constructive for most people” and primarily constructive for psychologists.25 However, much of the psychological material seems useful for students in general. My experience, for instance, is that students find the material on the levels of the mind absolutely captivating. Indeed, some of that material remains in the Course, only with the words “superconscious” and “subconscious” removed. So why not include more of it? Life issues Under “life issues,” I am classing material on sex, homosexuality, selection of partners, the role of the teacher, and parents and children (one of the original miracle principles began with, “Miracles are a blessing from parents to children”26). Some of this material spoke to personal situations, but much of it discusses these issues in the abstract. So why was it taken out? The most notable of these life issues is sex, which is discussed repeatedly. By the HLC, however, all such discussions had been removed or reworded so as not to mention sex. Yet this is not personal material; it is abstract teaching. Indeed, Jesus says that this material is crucial for all miracle workers: “I want to finish the instructions about sex, because this is an area the miracle worker must understand.”27 What does Jesus say about sex? In essence, he says the sex drive itself must finally be uprooted, for our attraction to bodies essentially turns people into objects. Once the drive has been uprooted (which I consider a very advanced state), we see the only purpose of sex as to bring children into the world for learning opportunities. This may appear to be saying, “Control your behavior so that you only have sex for procreation.” However, Jesus says the answer is not simply controlling yourself.28 Instead, “the underlying mechanism must be uprooted.”29 We must reach a place where we just don’t find bodies attractive anymore. I personally see this as consistent with the later Course, which talks about “when the body ceases to attract you.”30 What happens to sex when you have zero attraction to someone’s body? Religious and theological material Material has been removed that discusses angels, fallen angels, Lucifer, reincarnation, karma, spirit possession, speaking in tongues, witchcraft, auras, and Christian Science. A number of clear theological statements have also been deleted, including two mentions of the soul’s three functions (knowing, loving, and creating) and theological statements about the Father and the Son (for example, “In the Divine psyche, the Father and the Holy Spirit are not incomplete at all. The Sonship has the unique faculty of believing in error, or incompleteness”31). All references to meditation and most of the references to prayer have been removed. Also removed are a number of pages of commentary on the teachings of Edgar Cayce, which came because Bill and Helen were reading the Cayce material at the time. Miscellaneous specifics There are a whole host of other things that have been deleted, which I will simply class under “miscellaneous specifics.” These include intellectual and literary references, including some brief discussions of mathematics and a bold interpretation of the real meaning of Don Quixote. There are many references to common expressions, such as “think big,” and “live and let live.” There are references to several individuals. I’ve mentioned most of these, but we can add Descartes and Jean Dixon (the astrologer) to the list. And finally, there is the following list of miscellaneous

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specifics: the Holocaust, daylight saving time, the CIA, sex crimes, kleptomania, bankruptcy, gambling, alcoholism, eyesight problems, alchemy, cryogenics, wars, money, voting, educational exams, ESP, and the psychological significance of names. As you can see, far more than personal material was taken out. The real target was specifics. Virtually anything that was specific, concrete, or down-to-earth was removed.

The reordering of material

As I said, over 6,000 words in the standard Course have been moved from their original location. This is largely because the miracle principles originally came interspersed with a great deal of related and unrelated discussion, and this interspersed material has all been deleted or moved elsewhere, reducing the section containing the miracle principles from 15,000 words to 1,400. Some of this reordering is definitely necessary, simply because the early dictation jumped around so much. However, I question the amount of it. Did so much material have to be moved?

Line-by-line editing

There is, as mentioned, copious line-by-line editing. The sheer volume of it takes one aback, as we are accustomed to thinking of the words of the Course as straight from Jesus. The following example will give you a sense of the line-by-line editing. I suggest you read it in two ways. First, read down each column. Then, read across—reading each line as it evolves through the different versions. Urtext

Hugh Lynn Cayce

You now share my inability As you share my inability to tolerate the lack of love to tolerate lack of love in yourself and in everyone else, in yourself and others, and must join you must join the Great Crusade to correct it. the Great Crusade to correct it. The slogan for this Crusade is The slogan for the Crusade is “Listen, Learn, and Do.” “Listen, learn, and do;”– This means Listen to My Voice, Listen to my voice, Learn to undo the error, learn to undo error, and do something to correct it. and do something to correct The first two are not enough. it.33 The real members of my party are active workers.32

Standard Course

As you share my unwillingness to accept error in yourself and others, you must join the great crusade to correct it; listen to my voice, learn to undo error and act to correct it.34

This brief example contains almost all of the important characteristics of the line-by-line editing: Lots of editing. The sheer volume of changes is striking. Out of 68 words, 45 words have been changed (removed, replaced, added, or unemphasized). Faithful. The editors have clearly tried very hard to be faithful to the meaning of the original. It is difficult to detect a significant change in meaning. Slight alterations in meaning. While there are no significant changes in the meaning of our passage, there are some slight alterations. In the standard version, you join the great crusade because you have become unwilling to accept error (or lack of love). In the original version, however, both your joining the Great Crusade and your unwillingness to accept lack of love come

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from the fact that you have “been restored to your original state” (from the line preceding our passage). That’s a very minor alteration. Slightly more significant is the downplaying of behavior in the editing of the final lines. This is a consistent pattern in the editing which I will discuss below. Less lively, more tame. After editing, the material is generally less lively and spirited. In the original, you become unable to tolerate lack of love. In the standard version, however, you become merely unwilling to accept error. There is an insistent, emphatic note in the original that is consistently softened by the editing. This makes the Course sound more remote, more tame. Set next to the original, it feels sanitized. Less specific. The removal of specifics takes place on a line-by-line basis. You can see that here. The Crusade no longer has a “slogan,” and there is no longer a “party” with “workers.” The familiar cultural image of a political party on a crusade, with busy workers chanting their slogan, has been taken out. More vague. Although the meaning of our passage has not been changed, it is somewhat less apparent. For instance, we now may wonder what “act to correct” error means. Does this mean physical action? The original, however, leaves no doubt: “do something to correct it….The real members of my party are active workers.” Yes, he is talking about physical action. Another reason for loss of clarity is the removal of emphasis. As our passage evolves, the emphasized words go from eight to zero. While the lessening of emphasized words (a trend throughout the editing) is stylistically practical, the emphasis definitely enhances clarity. I have found many passages where knowing a particular word was originally emphasized unlocks the whole meaning of the passage. Compressed. The editing results in fewer and fewer words. We go from 68 words (Urtext) to 47 (HLC) to 34 (standard Course). The same ideas get compressed into a smaller and smaller space. One unfortunate result of this is that, quite often, ideas which you originally had time to digest, now come too fast for you to adequately take in. More formal, less conversational and plainspoken. Overall, the editing seems designed to make the early Course sound less informal and conversational. If you read the first and last versions of our passage above, you can feel the difference. For another example, a line that originally read, “You and Bill have been afraid of God, of me, of yourselves, and of practically everyone you know at one time or another”35 becomes simply, “You have been fearful of everyone and everything.”36 The early Course now reads less like someone talking and more, in fact, like the loftiness of the later Course. The question is, which is better? There are times when I prefer the edited passages, but most of the time I prefer the plainspoken original. I like being spoken to in a clear, down-to-earth way in the early chapters, before the Course lifts off into the stratospheric tone of the later material. Mostly unnecessary. If you will, go back and read the first version of our passage. Then ask yourself, what is wrong with it? How much editing does it really need? Does it need any? I personally don’t think it needs much editing, if any. In fact, I prefer it to either of the edited versions. Now this is not true of all the Urtext passages. Many of them are very rough and obviously need cleaning up. However, my opinion is that most of the line-by-line editing was unnecessary. Think about Jesus’ instructions. He said remove personal material and correct scribal errors. Does the editing in our passage fit either of those rules? Editing to make content Course-consistent (in the opinion of the editors)

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There are three other aspects of the line-by-line editing which I’ll discuss. The first is editing to harmonize the meaning of passages with the later Course—part of the process of correcting scribal errors. The chief examples of this are the following: All (six) references to the celestial speedup have been removed. All (seven) references to the Record, which seems similar to the Akashic records, have been removed. • As mentioned above, behavior has been systematically downplayed. In the first five chapters, references to “behavior” and “behave” drop from 68 in the Urtext to 20 in the standard Course. All (five) references to the “doer” have been removed. In Chapter 9, the line “This course is a guide to behavior” has been removed. I assume all this was done to fit with the Course’s emphasis on thought rather than behavior. However, I think these changes are inappropriate, since behavior remains important throughout the Course, despite the word being rarely used. • Some of the very first references to the Holy Spirit (in Chapter 5) speak of Him as an “it” that is simply “your own right mind,” rather than as a “He” Who “abides in…your mind.”37 These references have been changed to read like the later Course. • In the early Urtext, the world is sometimes characterized as being made by the Divine in response to the separation, as a teaching device to lead us out of the separation. In the later Course, the world is the direct manifestation of the separation, although the Holy Spirit uses it as a teaching device. Because of this discrepancy (which may have come from the influence of the Edgar Cayce material, which Helen was reading at the time of the early dictation), four of these early references have been softened. For example: • •

Urtext God created time so that man could use it creatively…. Time is a teaching device, and a means to an end.38

Standard Course The purpose of time is to enable you to learn how to use time constructively. It is thus a teaching device and a means to an end.39

Terminology There have been a number of changes in the early terminology. References to “soul” have been changed to “spirit” or “mind.” The words “create,” “will,” and “know” have been changed in deference to their later, more technical meaning (though not entirely consistently). “The spiritual eye” has been changed to “spiritual sight” or “spiritual vision” (the Urtext defines the spiritual eye as “true vision”). However, in five places the spiritual eye has been changed to “the Holy Spirit” (e.g., see miracle principles 38 and 39); these changes are incorrect, in my opinion. The ego was sometimes referred to as “he” early on; those instances have been changed to the customary “it.” “Projection” was originally an umbrella term covering false projection and “true projection.” The references to true projection have been changed to “extension.” All occurrences of “foolish journey” have been replaced with “useless journey.” The word “human,” prevalent in the early chapters, has been removed. References to “the self” (lowercase “s”) have mostly been removed. “Man” has mostly been replaced with “you.” Editing errors

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It would be hard to do so much line-by-line editing and not make an occasional mistake. Indeed, a number of unambiguous errors—changes in the meaning of the original—have crept into the material (I count 27 in the first two chapters). Here are a few examples: Urtext Standard Course “Lead us not into “Lead us not into temptation” means “guide us temptation” means out of our own “Recognize your errors and errors”….”Take up thy cross choose to abandon them by and follow me” should be following my guidance.”41 interpreted to read “Recognize your errors and choose to abandon them by following My guidance.”40 Denial of the error results Denial of Self results in in projection. Correction of illusions, while correction of the error brings release. [“The the error brings release from error” is the error responsible it.43 for sexual pleasure.]42

All material means which man accepts as remedies for bodily ills are simply restatements of magic principles. It was the first level of error to believe that the body created its own illness. Thereafter, it is a second misstep to attempt to heal it through non-creative agents.44

Nature of error “Lead us not into temptation” has been assigned the interpretation originally given for “Take up thy cross and follow me.”

In the original, you refuse to face within yourself the error behind sexual pleasure, and so you project this error outward. In the edited version, however, you refuse to acknowledge your true Self and thereby fall into illusions. All material means that In the original, there are you accept as remedies for two missteps. First, you bodily ills are restatements of believe the body created its magic principles. This is the own illness. Second, you first step in believing that the attempt to heal it through body makes its own illness. It non-creative agents. In the is a second misstep to edited version, however, both steps are now the same. First attempt to heal it through step: trying to remedy bodily non-creative agents.45 ills by using “material means.” Second step: trying to heal the body through “noncreative agents.”

EVALUATION Now that we have looked at the editing, what do we make of it? Was it an ideal editing job? Or has it perhaps altered the Course’s message? Such questions seem inappropriate if you believe that Jesus specifically guided all the editing. However, the editors never really claimed that. In Absence from Felicity, Ken Wapnick claims simply, “We both felt [Jesus’] presence guiding us in this work.”46 He has clarified this further, saying, “Helen’s experience was that she was guided all the way through the editing. When she felt she was not clear about the guidance, she would ask specifically, and this specific asking was relatively infrequent.”47

The guiding rule behind the editing

We saw earlier that the instructions that Jesus gave for the editing were as follows:

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• •

If what you write is so personal that it cannot benefit others, take it out. If you take down scribal errors, correct them.

The problem is not that the editors didn’t carry out these instructions—I think they did. The problem is that they went way beyond these instructions. Jesus said the teachings on sex were something that “the miracle worker must understand,”48 but they were taken out. There was a prayer that he called “the door that leads out of the desert forever,” and which he specifically said “can be useful to miracle workers other than yourself,”49 but it was not included. A close review of the various kinds of changes reveals that there was a single guiding rule behind the editing: Make the early Course read as much as possible like the later Course. The later Course is notoriously abstract, and so, under this guiding rule, almost everything specific and concrete in the early Course was removed. The language of the later Course is more formal and lofty, and so, under this rule, the informal, down-to-earth tone of the early Course was stripped out. Now, there is nothing sinister about this guiding rule. When I review the changes made by the editors, I am left with the impression that the editing was a very sincere effort. It was tackled with a real dedication to doing it right and with a real honoring of the material on its own terms. It has not changed the message of the Course. The problem with this guiding rule is that it is not the instruction that Jesus gave them. And it led to way more editing than his instructions alone ever would have. There is simply too much editing in the early Course. Did they really need to take out the equivalent of the first five chapters? What difference does it make, you may ask? To be honest, it doesn’t make that much difference. The Course’s message, as I said, has remained intact. However, here is the difference it does make: When you encounter material that is very abstract, you immediately say, “Can you give me an example? Can you be more specific?” Well, the early dictation is full of specific examples. When you encounter unfamiliar ideas, you want someone to relate them to what is familiar. The early dictation relates the Course to the ideas of other thinkers and to ordinary life issues. When you encounter the different writing style of A Course in Miracles, you say, “Can you give me that in plain English?” The early dictation’s English is far more plain. This early material, then, contains an excellent bridge into the strange and unfamiliar world of the Course. And for good reason—because that is exactly what it was intended to be for Helen and Bill. They needed the Course’s lofty principles brought down to earth and related to their lives, their learning, and their world. They needed a bridge. Indeed, we saw Ken Wapnick above saying that the psychological material was just such a “bridge”50 for them. If Helen and Bill needed a bridge, surely the rest of us do, too. Yet for readers of the standard Course, this bridge has been burnt. The early chapters of the Course have been transformed from very specific and plainspoken into the cryptic material we find there now. And it is those cryptic early chapters that students face when they begin the Course. The bridge they could have walked across has been turned into a river they have to swim. And I’ve talked to a great many of them who never made it to the other side.

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How did the over-editing happen?

Many have accused Ken Wapnick of the over-editing of the early Course. However, all of the evidence that I can see points to someone else as being primarily responsible: Helen Schucman. I don’t at all mean to malign Helen; she has given all of us an incalculable gift. I’m merely trying to solve a historical puzzle. The over-editing was present from beginning to end, in the decisions about what not to type into the Urtext from the shorthand notebooks (Helen), in the editing of the HLC (Helen and Bill), and in the editing of the standard Course (Helen and Ken). And Helen was the only one involved in all three processes. Indeed, as we saw earlier, Ken Wapnick maintains that she was in charge of all the editing.51 And it is true that the same editing tendencies can be seen in all the versions. “Helen was a compulsive editor,”52 says Ken. In regard to editing the Course, she herself said, “I wanted to change just about everything.”53 This compulsive editing got worse under certain conditions. Ken reports that, when telling her story with the Course in her autobiography, “her discomfort directly led to an almost fierce over-editing.”54 He says that, for this reason, the new edit of her autobiography that they attempted “proved in many [ways] to be even worse than the original.”55 Ken Wapnick says that Helen was “very ashamed of” the early chapters of the Course and immensely preferred the later chapters: As the text moves on, the writing becomes more and more beautiful, and the last half of the text is filled with passage upon passage in wonderful blank verse. This is not the case in the first four chapters, however. And Helen was always very ashamed of them. In fact, when anyone in the early days would want to see the Course—and she would show the Course to very, very, very few people (and she wouldn’t show them the whole Course)—she would just show the really beautiful, rhapsodic, ecstatic passages. And she was always rather ashamed of this early part.56 Part of what grated against Helen in the early material was probably its specificity. Twice in the Urtext Jesus tells Helen that her “thinking is too abstract.”57 Given that Helen’s compulsive editing could become “fierce over-editing” when she was uncomfortable, how would we expect her to respond to her extreme discomfort over the early chapters? How could she completely resist the temptation to make them read like the later chapters that she so vastly preferred? And isn’t it odd that the very thing we would expect from her—the attempt to make the early Course read like the later Course—is the guiding rule that can be observed in all the editing? Ken Wapnick claims that Helen “was able to resist [her] compulsivity during the editing of the Course,”58 but, based on the evidence, I don’t think she was able to resist it completely.

What now?

Is there an ideal version of A Course in Miracles? I think the simple answer is: yes, any version that you actually use. In the end, of course, the important thing is actually doing the Course, not discussing its editing. For now, I myself will continue to teach from the standard Course, though supplemented by material from the Urtext. Ideally, though, I think there should be a new edit of the Course, one that does not overstep Jesus’ editing instructions, one whose editing is more minimal. This way, students could enter the

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unfamiliar world of the Course by walking across a more polished version of the same bridge that Helen and Bill crossed. My reasons for thinking a new edit is called for should be obvious by now, but there is one major reason I have not mentioned. Part of the need for the Second Edition, as we saw earlier, was that a kind of telephone game had occurred with the retypings of the Text. There were four retypings, two of which were not proofread and two of which were not adequately proofread. This meant that errors (typographical errors and inadvertent omissions of material), rather than being corrected, simply accumulated with each new retyping. Hence, for the Second Edition, proofreaders went back to the beginning to catch all the errors: “The three books of the First Edition of A Course in Miracles were proofread against the urtext that Bill had originally typed from Helen’s notes.”59 What I have not yet mentioned is that a similar telephone game occurred with the editing of the Course. A close comparison of the different versions reveals that each version was edited only by consulting the most recent version, a fact that Ken Wapnick has confirmed.60 This means that the second draft was edited only by consulting the Urtext, not the shorthand notebooks. The HLC was edited only by consulting the second draft, not the Urtext or the shorthand notebooks. The standard Course was edited only by consulting the HLC, not the second draft, the Urtext, or the shorthand notebooks. If you look at the “Great Crusade” passage above, you can see this. Notice how, once material drops out, it stays out; it is not put back in. Notice how, once even the most minor changes are made, they are not undone; they either remain or are changed further. And what you see in this one passage is true all the way through. So there was a kind of telephone game, which in this case means that imperfect editing decisions, rather than being corrected, simply compounded as the chain grew longer. Therefore, just as someone went back to the beginning to catch all the typos for the Second Edition, so someone needs to go back to the beginning (in this case, to the shorthand notebooks) and reexamine all the editing decisions. This new edit should receive the care befitting the scriptural status the Course has acquired for so many thousands of seekers, the kind of care you would associate with a new translation of the Bible. At the very least, there should be an authorized version of the shorthand notebooks, the Urtext, and the HLC. This would guarantee that we have complete and accurate versions of the Urtext and HLC, and would also make the shorthand notebooks publicly available. Given that the earlier versions are still under copyright (although the HLC’s copyright is uncertain), I have difficulty imagining that a new edit will be undertaken. Where does that leave us? Here, as with so many other places, we can turn to Jesus’ own words. Once, when Helen feared that she was hearing Jesus incorrectly, he said: Contradictions in my words mean lack of understanding, or scribal failures, which I make every effort to correct. But they are still not crucial. The Bible has the same problem, I assure you, and it’s still being edited. Consider the power of my Word, in that it has withstood all the attacks of error, and is the Source of Truth.61 Correcting the errors in the Course is important but “not crucial.” Because of the power of his Word, the truth will get through anyway. After all, his Word in the Bible is still “the Source of Truth,” despite its scribal errors, which are still being edited out.

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Jesus also discussed the editing of the Edgar Cayce readings. He claimed that “Cayce was a somewhat erratic listener,”62 and that therefore his readings needed to be edited and “purged of their essential errors.”63 Jesus concluded, “When the time comes that this can be corrected to the point of real safety, I assure you it will be accomplished”64—even though Cayce had by this point been dead for twenty years. Jesus later compared the editing of the Cayce readings to the editing of the Course: I told you I would edit the notes with you when it was helpful to do so….I have already told you in connection with Cayce that out of respect for his great efforts on My behalf I would not let his life-work lead to anything but truth in the end. These notes are part of your life-work, and I will treat them with equal respect.65 Jesus, therefore, likened the editing of two sets of teachings—the Bible and the Cayce readings—to the editing of A Course in Miracles. And with both, he spoke of them being edited long after their authors were gone. Clearly, he carries a very long-term perspective on such matters. If a few decades or even a few centuries pass before an ideal edit can be done, so be it. For now, then, the Course’s editing imperfections are not crucial, but at some point, Jesus will make sure the Course is placed in its ideal form. For we have his promise that he would not let Helen’s “life-work lead to anything but truth in the end.”

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